Viejas tensiones fronterizas siguen envenenando las relaciones entre Guinea Ecuatorial y Camerún

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Pese a los gestos oficiales de acercamiento y cooperación entre Malabo y Yaundé, las relaciones entre Guinea Ecuatorial y Camerún continúan marcadas por una desconfianza persistente. Así lo revela el medio especializado Africa Intelligence en una publicación del 17 de junio de 2025, que desentraña los orígenes y ramificaciones actuales de un contencioso fronterizo que, lejos de resolverse, sigue afectando gravemente a las poblaciones de ambos lados de la línea divisoria.

El artículo expone cómo, a pesar de los intentos diplomáticos, las disputas territoriales siguen latentes, particularmente en las zonas fronterizas donde Camerún limita con Guinea Ecuatorial: al sur, a través de la provincia guineoecuatoriana de Kie-Ntem y por Río Campo, en contacto directo con la provincia de Litoral. Es en estos puntos donde se han registrado numerosos incidentes y gestos de desconfianza que han deteriorado aún más la relación bilateral.

Uno de los episodios más graves en la memoria colectiva camerunesa fue el intento del régimen de Obiang de construir unilateralmente un muro fronterizo, sin acuerdo previo con Yaundé. Aunque el proyecto fue paralizado en 2020 tras protestas diplomáticas, sigue siendo un símbolo del desprecio de Malabo hacia la cooperación regional. Esta tensión histórica se ha reactivado con las recientes expulsiones masivas de ciudadanos cameruneses desde Guinea Ecuatorial, en muchos casos sin previo aviso ni posibilidad de recoger sus pertenencias. A esto se suman denuncias de alcaldes del sur de Camerún por confiscaciones de ganado y detenciones arbitrarias en la frontera, lo que refuerza la percepción de que el régimen guineoecuatoriano actúa como una potencia hostil y desleal.

En este contexto, la victoria reciente de Malabo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que reconoció su soberanía sobre la isla de Mbañe, no ha servido para calmar los ánimos. Al contrario, algunos sectores en Camerún la perciben como una humillación diplomática, y las tensiones se han desplazado ahora al ámbito terrestre, donde los límites siguen sin delimitarse claramente sobre el terreno.

Según Africa Intelligence, el entorno del presidente camerunés Paul Biya considera agotada la vía del silencio estratégico. Aunque Yaundé ha evitado escalar el conflicto de forma abierta, fuentes gubernamentales aseguran que crece la presión interna para responder con más firmeza ante lo que califican de provocaciones reiteradas por parte del régimen guineoecuatoriano. La situación es especialmente sensible en las zonas donde las comunidades fang, compartidas por ambos países, se ven directamente afectadas por los controles, las patrullas armadas y las decisiones unilaterales tomadas desde Malabo.

Además, Africa Intelligence revela un episodio reciente que ha contribuido a tensar aún más las relaciones entre ambos gobiernos: una persona cercana al círculo presidencial camerunés ha intentado en los últimos meses embargar bienes pertenecientes al Estado guineoecuatoriano en territorio camerunés. Entre los activos señalados figura un lujoso yate propiedad de «Teodorín». Esta maniobra se apoya en un antiguo litigio de hace más de quince años y ha sido percibida por Malabo como una provocación directa. El caso no solo añade una dimensión patrimonial al conflicto, sino que también evidencia las fracturas personales entre las élites gobernantes de Yaundé y Malabo

Por su parte, el régimen de Obiang sigue aplicando una política de hechos consumados, sin transparencia ni diálogo efectivo. Mientras se proyecta una imagen de integración regional a través de foros como la CEMAC o la UA, en la práctica Guinea Ecuatorial continúa acumulando roces bilaterales: desde la imposición de visados y peajes a ciudadanos de países vecinos hasta la militarización de sus fronteras.

La desconfianza mutua se traduce también en un freno al comercio transfronterizo y a la cooperación logística, en una región donde las rutas entre Bata, Ebibeyin, Kye-Ossi y Ambam son vitales para miles de personas. Para muchos observadores, la cerrazón de Malabo responde a un modelo autoritario que prioriza el control y la exclusión frente al desarrollo compartido.

El conflicto con Camerún, silencioso pero constante, es una muestra más de cómo el régimen guineoecuatoriano, bajo la apariencia de estabilidad institucional, continúa alimentando una política exterior basada en la desconfianza, el aislamiento y el desprecio hacia sus propios vecinos. Mientras tanto, las comunidades fang a ambos lados de la frontera siguen pagando el precio de una disputa heredada del colonialismo y agravada por la arbitrariedad de quienes gobiernan desde arriba.

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