
Malabo: se derrumba el gran farol de las obras presidenciales
Las grandes obras del régimen vuelven a exhibir retrasos, contratos incumplidos y miles de millones comprometidos. De Luba a Corisco, los propios datos presentados en Malabo retratan una política de infraestructuras incapaz de cumplir sus promesas.
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Reunido en conciliábulo en el Palacio del Pueblo, el clan en el poder intentó a finales de la semana pasada ocultar el fracaso estrepitoso de su política de grandes obras. Entre retrasos vergonzosos, sobrecostes y empresas incumplidoras, la gestión patrimonial del Estado deja al descubierto la incompetencia crónica de un régimen agotado.
Por OLBIF
En una puesta en escena teatral, fiel a sus costumbres, el vástago del dictador se esforzó por guardar las apariencias durante una nueva gran reunión multisectorial en Malabo. El objetivo declarado era sacudir a las empresas con bajo rendimiento y exigir explicaciones sobre unas obras que se eternizan. Pero detrás de los ultimátums de fachada y las amenazas de rigor, lo que queda al descubierto es el fracaso de todo un sistema corrupto, nepotista y completamente desconectado de la realidad del país.
Las cifras de la vergüenza se acumulan sin que nadie rinda realmente cuentas. En el delicado expediente de la canalización de los ríos de Luba, la empresa responsable reconoce penosamente un exiguo 10 % de ejecución. ¿La seguridad de la población ante el riesgo de inundaciones? Un asunto secundario para unos dirigentes obsesionados con el clientelismo. El mismo panorama desolador presenta la autopista Malabo-Luba, aplazada hasta el próximo año después de años de promesas incumplidas. Los distintos tramos adjudicados a grandes constructoras —China Road, Ecocsa, Arab Contractors y Somagec— avanzan a trompicones, con porcentajes de ejecución que oscilan entre el 24 % y el 45 %, mientras los contratistas alegan excusas de poca monta como la «falta de herramientas».
El despilfarro financiero no termina ahí. Un demoledor informe técnico cuestiona los trabajos realizados por Solidecsa en Corisco, Bata y otros lugares: de una dotación inicial descomunal de 132.000 millones de francos CFA, nada menos que 20.000 millones corresponden a obras que quedaron sin terminar. Mientras tanto, el interminable episodio de las viviendas sociales roza la farsa trágica. Ante la retirada pura y simple de China Dalian, el poder se ve obligado a improvisar nuevos concursos a toda prisa, repartiendo proyectos de bloques de hormigón a siete millones la unidad para intentar tapar las grietas de una política social inexistente.
A fuerza de multiplicar reuniones interminables, redibujar mapas de obras y repartir reprimendas de poca monta, el régimen de Malabo confirma lo que cada ecuatoguineano padece a diario: bajo el dominio de una oligarquía voraz, las infraestructuras públicas sirven como pretexto para marear la perdiz y dilapidar los recursos nacionales.






