Un caso de extrema corrupción en el Centro Cultural Español de Bata
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REMES, la empresa ficticia que opera en el Centro Cultural Español de Bata no existe, ni pasó por licitación.

Por Pergentino AYONG MONVOLA
Todavía muchos guineanos, o casi todos, creíamos o seguimos creyendo que España y muchos españoles representan el saber hacer, lo ideal; o representa esto que nos falta a los guineanos, para ser considerados como gente seria. En definitiva, muchos pensábamos, algunos lo seguimos pensando que España es nuestra mejor referencia para alcanzar la perfección, un mundo sociocultural digno de su mención. Así nos lo han hecho creer los españoles siempre, desde la colonización (o “pacificación”, como se referían eufemísticamente a la colonización) hasta nuestros días. (también es cierto que muchos guardan esta honestidad, a excepción de unos pocos, como el que, en adelante, haremos mención en este artículo.
Desde que se produjo el primer contacto entre los primeros españoles que llegaron aquí y los “pobres negritos de África”, nunca los primeros han dejado de hacer creer que la salvación de los segundos pasa por imitar, adoptar, asimilar y desarrollar comportamientos que gustan al europeo, al español. Tanto es así, que hasta cuando ha venido un español de la calidad de Andrés Pérez, el recién Exdirector del centro Cultural de España en Bata, terminamos haciéndole un homenaje, como el que le hizo la señorita Montserrat Elena Nzó y el grupillo de españoles del CCEB (todos ellos traídos por el aludido Andrés Pérez). En todo caso, hay mucha lógica, mucha razón, en todo este comportamiento de la quizá única beneficiaria de estas andreadas (actuaciones de Andrés), si se tiene en cuenta todo esto:
Desde la inauguración del Centro Cultural de España en Bata, hace cerca de veinte años, ha estado colaborando en él D. José Maviá, un hombre al que los diferentes directores del CCEB han utilizado como ayudante de biblioteca, al mismo tiempo que le han venido diciendo que no se preocupe, llegaría su contrato en cualquier momento.
El señor Maviá, conocedor de la ley laboral de Guinea Ecuatorial y, por supuesto, la ley de España, dejó de preocuparse una vez que superó los tres meses de prueba que contempla la ley laboral guineoecuatoriana. Además, se le pagaba cada mes, sin dificultades, aunque nunca le daban las pagas extras.
En esta situación ilegal han estado utilizando al pobre Maviá todos los directores que la cooperación española ha destinado en su centro de Bata, pero él siempre pensó que lo más lógico era esperar el contrato prometido, antes que hacer reclamaciones que fueran a crear tensiones entre él y una administración que siempre se ha presentado como perfecta.
Las cosas cambian drásticamente con la llegada a la dirección del CCEB del tal Andrés Pérez, en 2014. Un señor que, según se comentaba, había dado una vuelta por el mundo, trabajando en varios proyectos de cooperación y que, por lo tanto, disponía de una “experiencia envidiable” en asuntos como el que le afectaba el señor Maviá.
Una de las primeras actuaciones de don Andrés al frente del Centro fue el reclutamiento de la señorita Montserrat Elena Nzó Madjá, como la nueva contable del CCEB. Un reclutamiento plagado de actuaciones sospechosas, como ésta: la señorita Montserrat Elena Nzó presentaba en su expediente un documento que justificaba que había trabajado en Aldeas Infantiles SOS de Bata, donde era director otro español, Francisco Javier Muñoz de Unamuno, y actuaba de jefe de recursos humanos don José Abesó Asumu, cuñado de la aludida Montserrat. Todo el mundo seguía sin saber por qué los dirigentes de la Aldeas Infantiles SOS de Bata, en aquel entonces, firmaron un documento a favor de una persona que nunca trabajó en Aldeas Infantiles SOS. Se sabe que desde que vino ella de España solamente había trabajado en GELeassing, una empresa que alquila o alquilaba vehículos.
En 2018, cuando don Andrés trae la idea de externalizar algunos de los servicios que ofrece el CCEB, la señorita Montserrat Elena Nzó, y su cuñado José Abesó Asumu (no sabemos muy bien si don Andrés estaba asociado), crean una empresa de mantenimiento; una empresa ficticia que no tiene ni sede, ni está legalizada, ni ofrece sus servicios en otro sitio que no sea el CCEB: La empresa se llama REMES, un nombre que solo suena a los dueñosde la empresa ya las mozas del CCEB.
Una vez que nació la supuesta empresa, don Andrés Pérez, haciendo uso de “su acumulada experiencia” en países tercermundistas, convenció al pobre Maviá para que pasara a pertenecer al personal de dicha empresa, actuando siempre de ayudante de biblioteca. Lo primero que le sorprendió a Maviá fue que todas las reuniones con su jefe José Abesó, cuñado de la contable del CCEB, se desarrollaban dentro del coche de éste. Es allí mismo donde firmaba su nómina y donde entraban en asuntos varios.
Cuando supo el señor Maviá que don Andrés Pérez dejaría la dirección del centro en meses y, además, sospechando que su inclusión en la nómina de la empresa REMES no era más que una estrategia del señor director y su contable y el cuñado de ésta, para poder desembarazarse del conflicto laboral en el que, durante diecisiete años, se había metido la Cooperación Española, se acercó al director del centro, para que le aclarara su verdadera situación laboral, a lo que respondió don Andrés con insultos e intimidaciones. Incluso prohibió la entrada de José Maviá en la ceremonia de su despedida.
A día de hoy, don Andrés ya se ha ido a España, a disfrutar de su jubilación, dejando a José Maviá en los juzgados, lo que suscita muchas preguntas:
¿La Cooperación Española, a través de su director, Andrés Pérz, cree que ha actuado dentro de la legalidad que siempre ha defendido?
¿Debe crear una empresa una persona que trabaja en la cooperación española, para realizar sus servicios dentro de la misma cooperación?
¿No es esto el tráfico de influencia o de conflicto de interés del que los españoles han acusado siempre a los guineanos?
¿Podría decir don Andrés Pérez que no sabía que hay relación familiar entre Montserrat (la contable) y José Abesó, el otro cofundador de REMES? (otra situación clara de conflicto de intereses) Montserrat Elena Nzó Madjá es hermana menor de Lorenza Nzó Madjá, esposa de José Abesó.
¿Podrá la Cooperación Española rehacer la vida de una persona que llevaba 17 años trabajando en el CCEB, sin siquiera seguro social?
Quedamos todos a la expectativa, el partido no hace más que empezar.










