Guinea Ecuatorial queda por detrás de todos sus vecinos de la CEMAC en libertad en Internet

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La libertad en Internet vuelve a dejar a Guinea Ecuatorial en el último puesto de la CEMAC, según el índice internacional 2026 elaborado por Cloudwards y difundido por We Are Tech Africa.

El ranking 2026 difundido por We Are Tech Africa, a partir del índice de Cloudwards, otorga a nuestro país apenas 36 puntos sobre 100. En la CEMAC, ningún otro Estado cae tan bajo; Gabón y Congo alcanzan 68 puntos, República Centroafricana 64, y Camerún y Chad 56. La distancia no es menor. Guinea Ecuatorial queda a 32 puntos de Gabón y Congo, casi al doble de diferencia en una escala que mide el margen real de libertad de los usuarios en la red.

Ese es el dato que desmonta la propaganda tecnológica de Malabo. Durante años, Obiang y los suyos han vendido modernización, administración digital, telecomunicaciones, fibra óptica y proyectos de innovación. Pero el índice no premia los discursos ni las ceremonias con empresas extranjeras. Mide otra cosa: si una persona puede acceder a información política, usar redes sociales, recurrir a VPN, evitar bloqueos y expresarse sin exponerse a castigos.

Libertad en Internet en la CEMAC

Ahí Guinea Ecuatorial suspende. Y suspende incluso frente a vecinos gobernados por aparatos de poder duros, militarizados o profundamente cerrados. Cuando hasta Chad, Camerún, Congo o República Centroafricana aparecen por encima, el problema ya no puede esconderse detrás de excusas técnicas. No es la velocidad de Internet. Es el miedo que acompaña a quien lo usa.

Para muchos ciudadanos, el teléfono no es una herramienta de lujo. Es la oficina, el aula, el mercado, el contacto con la familia emigrada y, muchas veces, el único espacio donde se puede contar lo que la televisión oficial jamás dirá. Por eso el control digital pesa tanto. No se vigila solo una pantalla. Se vigila la posibilidad de que un país hable consigo mismo sin permiso del poder.

El informe también sitúa a Guinea Ecuatorial en la parte baja del continente, empatada con Etiopía y solo por encima de países como Libia, Tanzania, Uganda, Egipto o Sudán. No es una anécdota regional; es una señal internacional de deterioro, justo en el terreno donde el régimen intenta vender una imagen de modernidad.

Malabo quiere ciudadanos conectados, pero no libres; quiere tecnología, pero sin opinión; quiere Internet, pero como escaparate, no como espacio público. En esa diferencia entre conexión y libertad se entiende el último puesto de nuestro país en la CEMAC.

El mismo artículo recuerda además que las restricciones digitales no solo dañan derechos. También cuestan dinero. Según los datos citados por We Are Tech Africa, los cortes de Internet provocaron en África subsahariana pérdidas estimadas en 1.110 millones de dólares en 2025, con más de 24.000 horas de interrupciones y unos 116 millones de usuarios afectados.

Guinea Ecuatorial necesita que conectarse no sea un acto de prudencia, que opinar no parezca una confesión de riesgo y que navegar por Internet no dependa del humor político de quienes llevan décadas confundiendo el país con una finca privada.

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