Un brindis este 2022

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Por José Eugenio Nsue

Estos días de final de año y el comienzo del nuevo donde se confluyen sensaciones y emociones encontradas, penas y glorias, tristezas y alegrías por todo lo que hemos pasado y vivido durante el año que despedimos, por todo lo bueno y lo malo, por lo mucho que hemos amado y hemos sido amados; por aquellos con los que recibimos el año viejo que acaba de irse pero que tuvieron que bajarse o los hicieron bajar de ese tren que es la vida; por los retos cumplidos, los momentos inolvidables, las satisfacciones y disgustos vividos; muchas personas creen que vivimos en una suerte de dictadura de la felicidad impuesta por la actual sociedad que nos dice cuándo sentirnos felices como esos días navideños en los que todo el mundo tiene que mostrar la alegría, desearla a todos aunque no tengan motivos para ello; otros dicen que con solo la esperanza no se va a ninguna parte, la esperanza no hace milagros, no materializa los sueños.

En cambio, es de naturaleza humana y de las personas positivas creer que mientras haya vida, siempre habrá esperanza; si no fuera así, no habría razón para seguir luchando, soñar ni preocuparse por nada ya que nada va a cambiar, nada ha cambiado y, para muchos como el pueblo guineano, todo se ha empeorado; ha pasado un año más y todos los anhelos de libertades, justicia, democracia y el bienestar social para todos se han truncado; el 2021 terminó con restricciones de las libertades individuales de la población, confinamiento de todo el país y con el toque de queda; los guineanos recibieron las navidades presos en sus propias chozas y cabañas, y han recibido el Año Nuevo exactamente igual: arrestos domiciliarios, privados de la circulación salvo los miembros del sindicato del crimen organizado, el PDGE; sin espectativas de contar con un empleo digno, una ayuda con la que mirar el futuro con optimismo. El año se les vuelve a presentar más negro como nuestra propia piel. Ante eso, como que no hay esperanzas que valgan, no hay nada que hacer, todo va a seguir igual; en Guinea y con los guineanos seguirá cumpliéndose la Ley de Murphy: ‘si algo puede salir mal, saldrá mal’; de ahí la mentalidad murphiana, pesimista, negativa de los guineanos.

Pues yo vengo a deciros que nada de pesimismo, arriba esos ánimos; la vida sí merece la pena porque en primer lugar da muchas vueltas; lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro; en segundo lugar nada es eterno, todo pasa; la cuestión es creerse en uno mismo, luchar por los sueños y objetivos; darse cuenta de que los sueños no se realizan por sį solos; nada se obtiene sin el esfuerzo; los logros se consiguen a base de tenacidad y firmeza, además de la autodisciplina.

Quizás esta sea la clave de nuestros fracasos, desánimos y desilusiones; ¿realmente los guineanos sabemos lo que queremos? ¿Luchamos con tenacidad por los objetivos propuestos o más bien somos de los que, como Timón y Pumba, nos tumbamos panza arriba y empezamos a soñar despiertos esperando que Dios obre milagros para que se materialicen nuestros sueños y se cumplan nuestras voluntades y por eso estamos con Dios arriba y abajo, noche y día, y con las religiones de todos los colores?

En este nuevo año 2022, espero que los guineanos y las guineanas se conviertan todos en activistas, luchadores por sus propias causas, por sus propios derechos, objetivos y por sus sueños; se den cuenta de que para cambiar las cosas que no nos gustan, nadie lo va a hacer por nosotros; venzan el miedo a reaccionar, actuar y a enfrentarse con la realidad que viven a diario. Plantarse ante tantas injusticias y abusos de poder; empezar a decir que NO, de aquí no pasamos; no pasará nada si todo el pueblo se pone en rebeldía. Cuando hayamos roto, derrumbado esas cadenas de miedo y del inmovilismo, y nos hayamos unido; ahí empezará nuestra verdadera reconquista de nuestra dignidad, las libertades y una verdadera democracia en nuestro país y nos habremos liberado.

Entonces propongo un brindis para este 2022 a todos los paisanos que sirva de conjuro para que definitivamente gane el sentido común, una sana convivencia entre las etnias que conforman nuestra bella nación y se vaya de una p. vez la maligna familia esa de Akoakam de nuestras vidas y para siempre. Pueden ir a celebrar el fin de año a Maldivas o a Punta Cana derrochando el dinero del Estado guineano mientras que más del 80% de la población no ha tenido con qué celebrar las fiestas ni nada que llevarse a la boca; pueden invitar a artistas internacionales para amenizar sus veladas palaciegas exhibiendo y ostentando riquezas por doquier; saben que su tiempo ha acabado. Que vaya despidiéndose de ese mundo idílico que han mantenido durante más de 42 años; a Dios no se puede sobornar tanto tiempo; Él es insobornable y es un Juez impenitente.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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