Réquiem por las victimas inocentes de la explosion balística de Nkuantoma
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Si bien constituye un secreto a voces la adicción del dictador obiang y de su familia a la practica de los sacrificios humanos (en aras, presuntamente, de la perpetuación de su poder), el sacrificio masivo de vidas humanas, esencialmente de militares y de sus familias, a consecuencia de la explosión accidental del deposito de municiones del cuartel de Nkuantoma de Bata, y el reciente asesinato del jefe de estado mayor, el general Vicente Mba Asumu, obligan a volver sobre la evolución reciente de la administración castrense, desde que su dirección fuera confiada al autonombrado general de pacotilla Teodoro Nguema Obiang (y a su fulana de madre). Decimos explosión accidental, por cuanto de momento, y a pesar de las reivindicaciones anónimas difundidas por las redes sociales, no existen evidencias que permitan sostener la hipótesis de un acto premeditado.
A tal efecto y conforme afirmábamos en una precedente publicacion (“Nuestras congratulaciones con ocasión de la 41 efemérides del 3 de agosto”), desde que contribuyeron a deponer a la anterior dictadura, las fuerzas armadas nacionales se han desmarcado de la función que les asigna la Ley Fundamental, cual es secundar y auxiliar a la legitima autoridad política en la defensa de la soberanía nacional y la integridad territorial, de la unidad nacional, del normal funcionamiento de las instituciones y de los valores sagrados de la Nación. Valores que habían sido quebrantados por la precedente dictadura, legitimando así la acción restauradora del 03 de agosto de 1979. Desde entonces, y pese a la persistencia de conflictos fronterizos, nuestro Pais no ha sido objeto de agresión exterior, ni se prevé que vaya a serlo a corto o mediano plazo.
En tal sentido, la configuración de las fuerzas armadas no esta tendida a la finalidad que le asigna la Ley Fundamental sino a la confiscación de la potestad soberana a favor del regimen dictatorial de obiang, en menoscabo por tanto del vigente orden constitucional.
Las fuerzas armadas y de seguridad del Estado (en tanto que en nuestro Pais existe una confusion entre ambas) constituyen en efecto la herramienta de perpetuación de la dictadura mediante la represión y el sometimiento del pueblo, y la erradicación del pluralismo politico. Su función no es la defensa de la patria sino la obstrucción a la virtualidad del orden constitucional que legitima nominalmente la existencia de nuestro pais en tanto que Estado soberano reconocido por la ONU. Tales lineamientos fueron acuñados en el marco de la refundación de las fuerzas armadas, a partir de la irrupción del dictador obiang en la escena publica.
En efecto, el mediocre de Akoakam, ultimo de su promoción en la academia de Zaragoza, ascendió de grado de manera fulgurante merced a las acusaciones falsas que proferia contra sus compañeros de armas y contra todas las autoridades civiles que le hubieran podido hacer sombra (es decir todas, vista su extrema mediocridad). Alcanzo el grado de teniente coronel mientras sus compañeros (pese a ser mas merecedores) se estancaron en el de teniente. En tanto que máxima autoridad militar (aupada como decimos mediante engaños, delaciones, asesinatos), fue solicitado para abanderar el levantamiento de jóvenes oficiales contra la dictadura de su tío, desde su confortable despacho de Malabo, en el que esperaría el resultado de los combates mientras fumaba banga y fornicaba con todas las fulanas que se le aparecieran. El general de opereta Obiang nunca ha pisado un escenario de combate en su vida, sino que usurpó méritos, suplantó a sus compañeros, y los acallo definitivamente, mediante intimidación, tortura, asesinatos.
Al concluir exitosamente la campaña militar que depuso al dictador Macias, en vez de acoger a sus protagonistas con los debidos honores, obiang ordenaría que fueran desarmados a su regreso a Malabo, lo cual se llevo a cabo mientras desembarcaban del buque «Acacio Mañe«. Desde entonces y merced a una lenta pero meticulosa criba (condenas por supuesta implicación en golpes de estado imaginarios, ostracismo diplomático, confinamientos, reconversión administrativa, etc), los héroes serán expulsados de las fuerzas armadas, suplantados por oficiales escogidos por su docilidad y sumisión al amo, y su ferocidad hacia los enemigos de éste (de lo contrario son tildados de mujeres).
La misión asignada a las fuerzas armadas y de seguridad es por tanto el control político y la vigilancia de la población y, en su caso, la eliminación física de los disidentes políticos. El elenco de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, las violaciones, las torturas y asesinatos, constituyen la seña de identidad del régimen sanguinario de obiang desde hace 42 años. Lo cual se refleja invariablemente en todos los informes independientes publicados por las organizaciones internacionales. La lista de personas asesinadas por el régimen es proporcional a su ferocidad y se alarga dia a dia, año tras año. Asimismo, los autores de tales atrocidades son conocidos de todos, cuando no perecen de la mano de su propio amo (el crimen no es perfecto mientras quedan huellas), gozan de total impunidad mientras perdure el régimen dictatorial. Mientras tanto, la victima, el Pueblo sacrificado, implora la clemencia del Hacedor para que al fin la Justicia exija responsabilidad a los ogros.
Desafortunadamente, con la repentina bonanza petrolera, la necesidad de perpetuar la confiscación del poder político se afirmara con una revigorizada ferocidad, asignándose obiang y su familia como misión sagrada el acaparamiento de toda la riqueza del país hasta la regresión a las vacas flacas (una profecía que dia a dia se cumple fielmente). En dicho contexto, el reforzamiento del sistema represivo se erige en prioridad absoluta, y consecuentemente el país se militarizara a ultranza, cuarteles militares por doquier, personal pletórico, 8 de cada 10 funcionarios públicos son militares o de seguridad (incluyendo numerosos mercenarios extranjeros, zimbabuenses, ucranianos, etc), ingentes gastos de equipamientos, el gasto militar es proporcionalmente el mas alto de la CEMAC y uno de los mas altos del continente. Destacándose el equipamiento tecnológico de vigilancia de la población merced a la asistencia del ejercito israelí, ucraniano, y a los modulos formativos dispensados por la cooperación militar francesa.
En fe de ello, la apocalíptica explosión balística de Nkuantoma simboliza la descrita militarización a ultranza de nuestro País, la cual se llevo a efecto sin mas consideración que el animo de perpetuación de la dictadura. En efecto, concurren a la materialización del trágico suceso la insuficiente o inexistente formación del personal castrense a cargo del almacenamiento del material balístico (toda persona formada, por tanto capaz de razonamiento critico, es percibida como enemiga del sistema), y la inadecuación de las correspondientes instalaciones en las que se configura el deposito escenario de los hechos (“infraestructuras” realizadas por empresas fantasmas al margen de todo criterio técnico internacionalmente estandarizado).
El imperio del mal propugnado por obiang (que se esconde tras el lema paradójico de “hacer el bien y evitar el mal”) ha vuelto a truncar la vida de los mismos soldados que lo sostienen, y ha arrebatado la de numerosas vidas inocentes, cuya salvación imploramos a Dios. A los soldados supervivientes, valga este recordatorio de la reprobación generalizada del Pueblo, como todos vuestros compañeros antes de vosotros, pereceréis a mano de vuestro propio amo, o por designio divino mientras le defendáis. Contrariamente a las predicaciones de vuestro satánico amo, en el teatro de la vida, no gana el mal sino que sucumbe siempre ante el bien y ante Dios. No importa cuan larga sea la noche, el sol siempre acaba levantándose.
Ha llegado la hora de la penitencia y de la absolución.










