Morirse lejos de los tuyos, la otra cara amarga del exilio.

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Por José Eugenio Nsue

Esta semana, nos ha dejado uno de los primeros catedráticos guineoecuatorianos en España, el Doctor en Filosofía y Letras, don Florentino ADYABA NVE MBANG, en Santa Cruz de Tenerife, España, donde había enseñado hasta su jubilación en la Universidad de La Laguna, después del también finado, el Doctor y Arzobispo, Rafael Mª. NZE ABUY que enseñó en la Universidad de Salamanca. Junto él, se nos han ido otros muchos paisanos desde el exilio como el prof. don Esteban ESONO NDEMZOA, el abogado don Francisco ELA ABEME, los escritores: Francisco ZAMORA LOBOCH y Juan BALBOA BONEKE, el ATS, don Patricio NSUE ALENE, el gestor, don Mario EDJO MAEÑE… Todos ellos, al igual que los que seguimos con vida, salimos de nuestro país ilusionados y con la esperanza y el propósito de regresar una vez formados humana, espiritual y académicamente para contribuir en el desarrollo de nuestro país, ocuparnos de nuestros progenitores, formar familias y conservar nuestros pueblos donde nacimos porque todo africano que no reconoce sus orígenes ni se ocupa del pueblo de sus ancestros, es un africano desubicado, desarraigado, por lo tanto olvidado; sin embargo, 4 meses después de la independencia (1968), el país, la naciente República de Guinea Ecuatorial, cayó en las fauces de la familia de psicópatas, criminales, dictadores y asesinos, la familia NGUEMA ( Macías Nguema, Obiang Nguema y, ahora, Nguema Obiang), hasta hoy 2026, obligándonos a quedarnos en el exilio forzoso. Otros que se arriesgaron en regresar después del golpe de Estado trampa del 3 de agosto de 1979 creyendo que la razón de aquel golpe era para devolver al pueblo guineoecuatoriano la dignidad, los derechos y las libertades que le fueron conculcados, al darse cuenta que todo era un engaño, tuvieron que retomar el exilio, otros tantos no pudieron escaparse de nuevo a tiempo, murieron en extrañas circunstancias, si no envenenados: Leandro MBOMIO NSUE, Felipe HINESTROSA IKAKA, Daniel MBA NDEMSOGO, Constantino OCHA’A NVE, Amalio BUAKI, Fernando NVE NGÚ, Cristóbal MAÑANA, etc, etc; la lista es interminable. Todas las ilusiones se fueron al traste.

Hay que estar en la piel de un exiliado para saber lo que se siente cuando ve pasar los días, meses y años sin que llegue la esperada y ansiada noticia de que ya se puede volver al país. Los que hablan por hablar, afirman a menudo y a la ligera que vivir en Europa o en América, es un privilegio, se goza de buena salud y se tiene todas las comodidades como si por el hecho de llegar hasta aquí todo se llueve del cielo o algún organismo, institución, alguien se encargase de proveer.

La vida en el exilio forzoso, es como la travesía del Señor en el desierto durante 40 días (Mt. 4: 1-11), según las Sagradas Escrituras; todo son tentaciones y sufrimientos como las 3 que tuvo Jesús, tentado por el demonio (material, la vanidad y el poder o la idolatría). Cuando salimos de nuestro país, jamás pensamos en venir a hacernos ricos, famosos o poderosos; venimos con un único propósito: formarnos para luego volver a nuestro país, establecernos, producir y hacer desarrollar nuestra nación, por eso, a muchos de nosotros, a pesar de que hemos sido afortunados en lo profesional ya que una vez formados con muchísimas dificultades y mucho sacrificio, hemos conseguido empleos dignos según nuestra preparación como el que nos viene de dejar, Florentino ADYABA, y otros tantísimos paisanos que ejercieron y ejercen las carreras o profesiones que estudiaron: catedráticos universitarios e institutos, médicos y enfermeros, abogados y gestores, religiosos y curas, economistas y periodistas, ingenieros e informáticos, militares y futbolistas…, materialmente no nos ha ido mal, gozamos de una salud aceptable y podemos concluir que en este punto de vista, hemos sido afortunados por méritos propios, pero esto no importa porque nuestro máximo anhelo era y es estar entre los nuestros, contribuir al desarrollo y progreso de nuestro pueblo y para que los nuestros estén orgullosos por habernos parido.. Tanto los que han muerto en el exilio como los que quedamos, queríamos y queremos volver a casa.

Las vueltas que da la vida. Resulta que aquellos que están haciendo que nos muramos y permanezcamos en el exilio, mantienen el actual régimen abyecto y criminal de los Obiang igual que mantuvieron el anterior, muchos de ellos; tras arruinar el país, eliminar a todos los hijos e hijas valientes y válidos que ha conocido la República de Guinea Ecuatorial, echado al exilio a otros tantos; cuando se han enfermado, son evacuados a España para beneficiarse de la Sanidad pública que pagamos con nuestros impuestos precisamente las víctimas de su odio, persecución y hostigamiento, aquellos que habían sido obligados a irse del país; seguramente son atendidos en Madrid, Barcelona, Bilbao, Pamplona, Valencia o Canarias por exiliados o los hijos de esos que han estudiado medicina y ejercen con absoluta profesionalidad, hasta el extremo de desvivir por salvar la vida de los que asesinaron, secuestraron o torturaron a sus familiares, amigos o conocidos solo por humanidad, principios y por su deontología profesional que faltan en el país; lo mismo está pasando con la Selección Nacional de fútbol donde los hijos de esos mismos exiliados y refugiados forzosos defienden con orgullo el nombre y la reputación del país de sus progenitores.

No hay consuelo que valga cuando se pierde a un ser querido, insigne e ilustre lejos y en soledad, ni justificación para prohibir que uno pueda volver a su país y tener que envejecer y morir lejos de los suyos donde había nacido.

Esperemos que a los que la muerte les ha sorprendido en el exilio, descansen en paz. Como me dijo mi cuñado, al enterarse del fallecimiento de su amigo y primo: «Mi Presente; se están yendo todos los que venimos para regresar algún día; ahora nos toca. ¡¡No quiero morir en el exilio, jolines!!
Esperemos que Dios, si existe, no lo permita. Por favor.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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Un comentario

  1. El exilio, un dilema. Ya dije en su día que todos sino muchos de nosotros moriremos en el exilio y cierta gente incrédula sostuvo que no.
    Con amargura tengo que reconocer una vez mas que yo tenia razón.
    La felicidad no la he encontrado simplemente que he aprendido a vivir domesticando mi ira y dolor que me llevo a las puertas de une facetas que los psiquiatras llaman bipolaridad. El tiempo, los anos, la madurez me han aportado: sabiduría, juicio, sentido, razón, equilibrio, etc. Me considero un animal racional y por consecuente, mis estados mentales son positivos, sin titubeos ni pensamientos negativos, cosa que el tiempo y los anos me ha ensenado.
    Nos venimos con la idea que un día regresaremos y sin darme cuenta, hoy estoy jubilado, mirando y educando a mis hijos y nietos que la santa naturaleza me ha concedido.
    Que cada uno de nosotros viva con felicidad y sin amargura puesto que la sociedad que nos han impuesto, tiene varias facetas que poca gente dispone de la capacidad mental para superar el dolor que nos causa.

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