Miguel Ángel Nguema Bee, obispo de Bata y administrador apostólico de Malabo

El obispo de Bata alerta contra el negocio de la fe y reclama protección frente a los abusos

Miguel Ángel Nguema Bee denuncia la explotación económica, la manipulación de conciencias y el uso del miedo por determinados movimientos religiosos. También reclama la intervención del Estado cuando existan abusos, fraude o víctimas vulnerables.

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Miguel Ángel Nguema Bee Etete advierte contra la explotación económica, la manipulación de las conciencias y el uso del miedo por determinadas sectas y movimientos religiosos. En una carta pastoral fechada este 29 de septiembre, reclama también la intervención de las autoridades cuando existan indicios de fraude, violencia o abuso contra personas vulnerables.

El obispo de Bata y administrador apostólico de la Archidiócesis de Malabo, Miguel Ángel Nguema Bee Etete, ha lanzado una de las advertencias más directas de la Iglesia católica guineoecuatoriana frente a la proliferación de sectas y nuevos movimientos religiosos en el país.

En una extensa carta pastoral fechada en Bata este 29 de septiembre, el prelado coloca en el centro de su mensaje la manipulación de las conciencias, la explotación económica de los creyentes y el uso de la religión para sembrar miedo o dependencia.

«Guinea Ecuatorial pertenece a Dios, pero no a un dios barato», afirma el obispo al comienzo de un documento en el que rechaza que la fe pueda convertirse en mercancía o que la necesidad espiritual, la enfermedad y la pobreza sean utilizadas para obtener dinero o someter a las personas.

Nguema Bee es especialmente contundente contra quienes vinculan milagros, curaciones, bendiciones o prosperidad a aportaciones económicas. «Dios no es una mercancía. La fe no es un negocio. La gracia no está en venta. La salvación no se compra», sostiene.

La carta no identifica por su nombre a ninguna comunidad religiosa concreta y evita extender sus acusaciones al conjunto de las iglesias o movimientos no católicos. El obispo reconoce expresamente la libertad religiosa y admite que entre esas comunidades existen personas que buscan sinceramente a Dios. Su denuncia se dirige a prácticas determinadas que, según advierte, pueden derivar en engaño, sometimiento y explotación.

Entre ellas menciona a grupos que utilizan denominaciones, vestimentas, símbolos, asociaciones o elementos litúrgicos propios de la Iglesia católica de manera que pueden inducir a los ciudadanos a creer que se encuentran ante sacerdotes, celebraciones o instituciones católicas.

También cuestiona la mezcla de religión con superstición, magia, adivinación o supuestas revelaciones utilizadas para controlar la vida de los seguidores. La advertencia se extiende a quienes anuncian desgracias, aseguran conocer el futuro o convencen a sus fieles de que abandonar al líder religioso equivale a abandonar a Dios.

El documento da después un paso que trasciende el ámbito estrictamente pastoral. Nguema Bee recuerda que la Iglesia carece de potestad civil para prohibir una secta o suprimir una comunidad religiosa y sitúa esa responsabilidad en las instituciones del Estado.

El obispo reclama que las autoridades intervengan cuando la libertad religiosa sea utilizada como cobertura para posibles abusos, engaños, fraudes, violencia o explotación. Pone especial énfasis en los casos que puedan afectar a menores, enfermos, familias vulnerables o personas sometidas a manipulación.

«No se trata de perseguir las creencias. Se trata de proteger a las personas», afirma.

La carta invoca incluso la Ley Fundamental de Guinea Ecuatorial. El prelado recuerda que el texto reconoce la libertad de culto y de religión, pero argumenta que ese derecho no excluye la obligación de respetar el ordenamiento jurídico ni los derechos de terceros. Sobre esa base, solicita a los poderes públicos que examinen los casos en los que puedan existir confusión deliberada, suplantación, engaño o menoscabo de los derechos de otras personas o comunidades religiosas.

La apelación no queda únicamente dirigida al Estado ni a las nuevas confesiones. El obispo vuelve la mirada hacia la propia Iglesia católica y reconoce que el crecimiento de las sectas obliga a preguntarse qué está fallando dentro de sus parroquias.

Nguema Bee plantea si los católicos reciben suficiente formación, si conocen realmente las Escrituras y los fundamentos de su propia fe y si encuentran en sus comunidades religiosas acompañamiento cuando atraviesan dificultades. Su respuesta es clara: limitarse a denunciar a las sectas sería insuficiente.

Por ello exige a sacerdotes, religiosos, catequistas y agentes pastorales una formación bíblica más sólida, una catequesis efectiva y comunidades capaces de escuchar y acompañar a los creyentes. También pide a las familias que recuperen su papel en la educación religiosa de niños y jóvenes.

La carta toma como referencia la visita de León XIV a Guinea Ecuatorial y, en particular, la celebración del 22 de abril en Mongomo, donde el pontífice llamó a los católicos a renovar su compromiso de seguir a Jesucristo dentro de la Iglesia católica.

Pero el núcleo del documento está en otra advertencia que atraviesa prácticamente toda la carta: ninguna organización religiosa debería convertir el miedo, la enfermedad, la pobreza o la desesperación de una persona en fuente de poder o enriquecimiento.

El mensaje termina volviendo a la misma idea con la que comenzó. Para el obispo de Bata, el problema no es únicamente determinar quién predica una doctrina correcta o equivocada. La línea roja aparece cuando alguien utiliza el nombre de Dios para comprar conciencias, vender milagros, explotar necesidades o someter personas.

«Guinea Ecuatorial pertenece a Dios», concluye. A un Dios, añade, «que no se compra ni se vende» y «que libera y no esclaviza».

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