
Malabo, el corazón de la obscenidad: El cumpleaños de Teodorín, una farsa divina en el Palacio La Colina
Share your love
“El régimen pide a Dios sabiduría para el verdugo, mientras el pueblo reza por el fin de la tiranía.”
Por OLBIF
Mientras el pueblo guineoecuatoriano sigue doblegado bajo el peso de una dictadura familiar interminable, las escenas grotescas continúan sucediéndose en la cúspide del poder. Este 25 de junio de 2025, la celebración del cumpleaños de Teodorín Nguema Obiang Mangue, “vicepresidente de la República encargado de Defensa y Seguridad del Estado”, no fue una simple fiesta privada. Fue un espectáculo obsceno de devoción servil y autoidolatría, montado por un régimen que gestiona el país como su finca personal.
El llamado “Gabinete de Prensa e Información de Guinea Ecuatorial”, aparato de propaganda del régimen, tuvo el descaro de relatar con cinismo la mascarada. Teodorín, el hijo dilapidador cuyas excentricidades son conocidas en medio mundo y cuya fortuna malhabida humilla la miseria de todo un país, se presentó en la Catedral de Malabo. No como acto de fe genuina, sino para “agradecer a Dios por su cumpleaños”, como si el Todopoderoso fuese cómplice de esta gobernanza mafiosa.
La escena, propia de una corte de opereta tropical, describe a un Teodorín “acompañado de sus padres, el matrimonio presidencial, Sus Excelencias Obiang Nguema Mbasogo y doña Constancia Mangue de Obiang”. La epicería familiar al completo: el dictador mayor, su esposa, y el “hijo” designado para heredar el trono, rodeados por una cohorte de “eminentes personalidades sociopolíticas del país”, léase, cortesanos y estómagos agradecidos que viven de las migajas de la kleptocracia.
La homilía del cura de la catedral, Manuel Bechiro Nchaso, alcanzó cotas de sumisión casi blasfema. El sacerdote se permitió invitar a Teodorín a “rezar para tener la fuerza de aprender a perdonar de corazón a quienes nos han ofendido”. ¿Qué ofensas, padre Nchaso? ¿Las de un pueblo que apenas susurra su desesperación ante la pobreza, la falta de libertades y el expolio de sus recursos? ¿Las de los periodistas silenciados, los opositores encarcelados, los ciudadanos despojados? ¿Es acaso al verdugo a quien corresponde perdonar a sus víctimas?
Pero el sacerdote fue más allá en su genuflexión, animando al “vicepresidente” a “rezar y pedir el don de la sabiduría para que Dios le conceda éxito en la resolución de los problemas que surgen cada día en nuestra sociedad”. Padre, los problemas no “surgen”, son creados y alimentados por la avaricia insaciable de poder y riqueza de una sola familia. La sabiduría no se consigue rezando cuando el alma está corrompida por la tiranía; se cultiva con humildad y con servicio desinteresado al pueblo.
El artículo de propaganda culmina esta fiesta de la obscenidad mencionando que “el homenajeado recibió muestras de afecto y felicitaciones por parte de los jóvenes de la Asociación Hijos de Obiang”. Una estructura que, lejos de ser un movimiento juvenil autónomo, funciona como herramienta de adoctrinamiento de la dinastía, reclutando mentes jóvenes para el culto a la personalidad.
Este cumpleaños no es una simple anécdota. Es el símbolo desgarrador de la impunidad, la arrogancia y la desconexión total de un régimen que se envuelve en la piedad mientras pisotea los derechos humanos y saquea los recursos nacionales. Mientras Teodorín parte su pastel en el llamado Palacio del Pueblo, nombre cínico para un lugar que ha visto más intrigas que justicia, millón y pico de guineoecuatorianos luchan cada día por sobrevivir, sin agua potable, sin electricidad, sin futuro.
La verdadera oración del pueblo guineoecuatoriano no es para pedir “sabiduría” a un aprendiz de tirano, sino para que termine esta dictadura que ha convertido el país en una epicería familiar, donde los cumpleaños de los verdugos se celebran con el dinero del pueblo y bajo la mirada cómplice de una Iglesia domesticada y una administración sumisa.







