Lo perdido

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Por Francisco Javier Elá Abeme

De todo lo perdido, de todo lo robado –tiempo, dinero, riquezas, oportunidades, paz, libertad, democracia, convivencia, tranquilidad, salud, estudios, cohesión nacional y desarrollo– lo imperdonable son las vidas humanas, con las que estos personajillos han jugado como si estuvieran en la almoneda, como si se pudieran reponer.

Todo, menos como digo las vidas humanas, se puede recuperar, se puede reponer. El tiempo, aunque, una vez pasado no vuelve, pero viene otro de nuevo, nuevos tiempos, en los que, trabajando con inteligencia y ahínco, podemos recuperar los perdidos.

Es posible que podamos recuperar el dinero robado, parte de él, pero existe siempre la posibilidad de ganar dinero. Posibilidades, nunca le faltarán a nuestro pequeño país. Lo importante es saber explotarlas para el bien común. El robado se recuperará en dinero o en especies.

Las riquezas, pese al saqueo, quedan. Han cortado mucho jamón, pero aún no han llegado al hueso.

Las oportunidades, si tenemos en cuenta que hemos sido un pueblo distraído y ahora la tiranía nos ha convertido en un pueblo retraído, o sea, además de distraído, retraído, habrá que cazarlas al vuelo, si queremos aprovecharlas.

Es de simple deducción lógica: necesitamos la paz para articular nuestra convivencia y nuestra cohesión nacional. Fomentar el diálogo permanente y el respeto mutuo.

Sólo el poder que nace de la libre voluntad del pueblo y que trabaja para el pueblo con el pueblo puede garantizar el desarrollo. La democracia, pues, no es una simple opción, es la esencia del progreso de los pueblos.

En consecuencia, debe ser el credo de los pueblos que quieren avanzar, a partir de la postración neocolonial de nuestras actuales tiranías. La salud, una buena salud pública, es la consecuencia del trabajo anterior. Todo gobierno democrático ha de garantizar una buena salud pública a su pueblo.

Los estudios, finalmente, sin ánimos de ser exhaustivo, son la caldera en la que se cuece todo lo anterior. Sin una buena preparación, nunca nos maduraremos como pueblo.

Ayer se hablaba de que los árabes ya estaban en el espacio. Si me apuran, hasta me parece tarde. Los árabes llevan coqueteando con el saber de la humanidad, siendo vectores, desde que trajeron la filosofía griega a Occidente. Son los que no sólo trajeron los cultivos sino que enseñaron las técnicas de cultivo a los occidentales. Por lo que, con sus abundantes medios, tienen el derecho a estar, mejor que nadie, en el espacio, antes de que, unos y otros, empiecen a subastar parcelas en la luna.

Bien, concluyendo, lo que quiero decir, y he dicho siempre, es que, el único daño irreparable y, consecuentemente imperdonable, ha sido las muchas vidas guineanas cobradas por la tiranía, por mantener un absurdo poder. Por ellas responderán hasta las moscas que, con tanta alegría, se posaron sobre la carroña de la tiranía, o sea, sobre el Pueblo guineano.

Y, con esto, por hoy,

¡He dicho!

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