
Liberados varios annoboneses tras semanas de secuestros y torturas denunciadas desde Annobón
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Esta página ya venía alertando a sus lectores sobre lo que estaba ocurriendo en Annobón. La confirmación llegó este 20 de marzo de 2026, cuando Ambô Legadu informó de la liberación de varios ciudadanos annoboneses que habían sido detenidos por fuerzas del régimen de Malabo. Según esa publicación, la excarcelación se produjo el 19 de marzo y se ejecutó sin explicaciones, sin documentos y sin reparación, un detalle que por sí solo retrata el tipo de poder que opera sobre la isla.
La noticia no cae del cielo ni sorprende a nadie que haya seguido lo que se viene publicando en los últimos días. El 13 de marzo, Radio Macuto informó de una nueva ola de detenciones arbitrarias en Annobón, a partir de una denuncia difundida por Ambô Legadu. Aquella publicación ya advertía que la isla volvía a quedar bajo la presión de una operación represiva lanzada contra su población.
Dos días después, el 15 de marzo, Radio Macuto volvió a poner cifras y rostro al atropello, once encarcelados y denuncias de tortura por unos rituales que el régimen no tolera. La propia referencia indexada de esa pieza señalaba además que entre los presos había ancianos, adultos y varios jóvenes de apenas 19 años, lo que desmonta cualquier intento de presentar la operación como una actuación selectiva o ajustada a derecho.
La liberación ahora confirmada no corrige nada. Más bien prueba que las denuncias publicadas por esta página tenían base y que la arbitrariedad fue el verdadero hilo conductor de todo el operativo. Porque cuando un régimen encierra durante días, golpea, aterroriza y luego libera sin dar una sola explicación pública, lo que queda al descubierto no es la fuerza del Estado, sino su podredumbre. Todo apunta a que en Annobón se volvió a aplicar la vieja ley de la dictadura, detener primero y callar después.
La nota difundida por Ambô Legadu encuadra estas liberaciones dentro de una escalada represiva más amplia. Allí se habla de personas secuestradas, torturadas y encarceladas bajo amenaza de muerte, y se sitúa lo ocurrido junto a otras denuncias recientes de represión contra la comunidad, persecución de prácticas tradicionales, agresiones a menores y aislamiento informativo de la isla. No se trata, por tanto, de un episodio aislado, sino de un patrón que vuelve a colocar a Annobón en el lugar que el régimen le reserva cada vez que la isla intenta respirar, castigo, miedo y silencio.
Malabo y sus secuaces, por ahora, no han dado la cara. No han explicado quién ordenó las detenciones, con qué base legal se practicaron ni en qué condiciones estuvieron retenidos los ahora liberados. Y mientras el poder calla, Annobón vuelve a recordar a los guineoecuatorianos una verdad demasiado conocida; en este país, cuando el régimen no puede justificar sus abusos, simplemente cambia de página y espera que el miedo haga el resto.







