Guinea Ecuatorial nada en agua pero sigue negándola como derecho

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Según un artículo publicado por Naciones Unidas en Guinea Ecuatorial y firmado por el periodista Virgilio Ela Motu, el país mantiene serias carencias en acceso a agua potable segura y saneamiento, pese a su enorme riqueza hídrica. La denuncia resulta demoledora, en un territorio atravesado por ríos y lluvias abundantes, el agua sigue sin llegar en condiciones dignas a toda la población.

Guinea Ecuatorial no necesita que nadie le descubra el valor del agua. Lo que necesita es dejar de convivir con la obscena contradicción de ser un país exuberante en recursos hídricos y, al mismo tiempo, incapaz de garantizar ese recurso como un derecho efectivo para sus ciudadanos. Ahí está el verdadero escándalo, no falla la naturaleza, falla el poder.

El texto de Naciones Unidas en Guinea Ecuatorial, deja claro que el problema no es la falta de agua, sino la incapacidad de transformar esa abundancia en acceso seguro, asequible y sostenible. La pieza recuerda que, según los últimos informes de la ONU y el Segundo Informe Nacional Voluntario de 2024 del Gobierno, el acceso al agua potable y al saneamiento seguro sigue siendo una asignatura pendiente que afecta al desarrollo y a la salud pública.

La propia publicación sitúa el drama allí donde más duele, en la vida cotidiana de la población, especialmente en las zonas rurales. Allí, la falta de infraestructuras adecuadas sigue poniendo en riesgo la salud de miles de personas y agravando enfermedades relacionadas con el agua. Y cuando el problema golpea, lo hace con una carga aún más cruel sobre mujeres y niñas, que deben acarrear agua, cuidar a familiares enfermos y sacrificar horas de escuela o de trabajo por una carencia que nunca debió existir en un país con esta riqueza natural.

No se trata, por tanto, de una simple deficiencia técnica ni de una molestia doméstica. Se trata de una forma cotidiana de exclusión. Porque cuando una familia no puede confiar en el agua que consume, cuando la higiene depende de improvisaciones y cuando el saneamiento sigue siendo precario, lo que queda al desnudo no es solo la debilidad de un servicio público, sino la jerarquía real de prioridades del Estado.

El artículo de la ONU enumera con lenguaje diplomático lo que en la práctica equivale a años de abandono, insuficiencia de infraestructuras, necesidad de sistemas modernos de potabilización, carencias en la red de distribución, problemas en la gestión de cuencas y deficiencias en el tratamiento de aguas residuales. También señala que el propio informe voluntario del Gobierno reconoce que la inversión debe priorizar una red de distribución eficiente y un sistema de saneamiento funcional. Cuando hasta los documentos oficiales admiten semejante evidencia, la propaganda ya no puede esconder el fracaso bajo la alfombra.

Lo más hiriente de esta historia es que Guinea Ecuatorial no ha carecido de dinero para otras cosas. Nunca faltan recursos para la pompa del régimen, para la ostentación del clan gobernante, para los convoyes, los edificios grandilocuentes y las liturgias del poder. Pero cuando se trata de garantizar agua segura, saneamiento digno y salud pública, siempre aparece la misma escasez selectiva. No es una fatalidad. Es una decisión política disfrazada de incapacidad.

El texto recuerda además que el acceso al agua potable y al saneamiento forma parte del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, la meta que busca garantizar agua limpia y saneamiento para todos antes de 2030. Pero en Guinea Ecuatorial, hablar de metas globales suena casi a sarcasmo cuando todavía hay comunidades que siguen esperando lo más básico. El país no necesita más declaraciones solemnes. Necesita tuberías que funcionen, plantas de tratamiento que operen y una administración que deje de tratar la dignidad ciudadana como un asunto secundario.

Durante años, la riqueza natural ha sido utilizada como coartada para vender una imagen de abundancia que no se corresponde con la experiencia real de buena parte de la población. Ocurrió con el petróleo, convertido en privilegio para unos pocos y en frustración para la mayoría. Y ocurre también con el agua: sobra en el paisaje, pero falta en la garantía. Esa es la tragedia de fondo de Guinea Ecuatorial, un país donde los recursos existen, pero los derechos siguen secuestrados por un poder incapaz de convertirlos en bienestar compartido.

Cuando un Estado rodeado de ríos, lluvias y manantiales no logra garantizar un suministro seguro y digno a su población, el problema ya no puede maquillarse con tecnicismos ni discursos institucionales. Lo que queda es una verdad incómoda, la abundancia natural no sirve de nada cuando gobiernan quienes han hecho del abandono una forma de administración.

Fuente : https://guineaecuatorial.un.org/es/312245-el-reto-del-agua-en-guinea-ecuatorial-transformar-la-abundancia-natural-en-un-derecho

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