El valor de la amistad y el compromiso
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Por José Eugenio Nsue
Aunque puede hasta parecer cansino y monótono hablar siempre del régimen abyecto, demencial y diabólico del rey Obiang y los suyos, sentarnos al borde del camino a lloriquear y lamentar las atrocidades, vejaciones y todo tipo de maltratos que somos objeto por su culpa; es más, muchos paisanos se escuden detrás de esta cruda realidad para justificar su inacción que roza la cobardía y el conformismo, hay que seguir denunciando sin tregua, pero conviene hablar también y denunciar al ser guineoecuatoriano hoy en día, reflexionar en qué nos hemos convertido, qué fue de lo que fuimos y qué nos ha llevado hasta donde estamos. Yo pienso que una de las claves de nuestros fracasos político, social, sentimental y existencial, es la falta de valor de la amistad y el compromiso que nos caracteriza.
En la película «El Cielo es real» (os la recomiendo) que pongo a mis alumnos para hablarles de la existencia del más allá, del cielo según nuestro credo, el pastor Todd Burpo durante la homilía cuenta a sus feligreses para hablarles del verdadero amor, amistad y compromiso, la fábula del León, el Oso y el Unicornio que enseña lo que es el amor, la fe y el coraje y dice así: «los enemigos del gran león han eliminado a todos los seguidores de este salvo el oso y el unicornio que están atrapados en una cueva los tres, y puesto que la entrada de la cueva es estrecha las hordas y más hordas que el rey malvado manda para matarles no pueden entrar; el león, el oso y el unicornio se defienden hasta que el rey envía un mensajero que les dice: ‘el único que nos interesa, el único al que queremos es el león. Entregadle, los demás viviréis; al unicornio le cortaremos el cuerno y deberá tirar del caro durante el resto de su vida; al oso le pondremos grilletes y cadenas y le haremos bailar en un circo, pero ambos viviréis. Lo único que debéis hacer es entregar al león’. Al final el león mira a sus seguidores como si preguntara qué van a hacer. El oso y el unicornio le sonríen y le dicen: ‘de todas las muertes que existen, morir ahora y aquí es lo que habríamos escogido«.
El oso y el unicornio no buscaron el camino fácil que era entregar al león para prolongar su agónica vida que les esperaba unos cuantos días, meses o añitos más malviviendo arrodillados y humillados faltos de personalidad y dignidad.
Podíamos decir aquí que a buen entendedor pocas palabras. Conviene que cada guineano, cada guineana, tras más de 52 años de existencia de Guinea Ecuatorial, hiciera un examen de conciencia, se posicionara y eligiera con qué personaje se identifica de los de la fábula; cuál ha sido y está siendo su actitud frente a sus familiares, amigos y frente a la sociedad en general. No estaremos equivocándonos si afirmáramos que uno de los gravísimos problemas que adolesce nuestra nación es la falta de verdaderas amistades, la falta de un amor puro y sincero y la falta de respeto a los compromisos adquiridos y la palabra dada, Hilarion Nguema diría: ‘quand on ne pas sûr de tenir ces angagements‘. El guineano se ha vuelto mentiroso, traidor, falso y arribista; no importa lo que dice, se ha vuelto más sanchista que el mismo Sánchez, es decir que se ha convertido en el campeón olímpico de decir una cosa y hacer exactamente la contraria; de ahí todas esas traiciones, engaños, rupturas matrimoniales, muertes. Encontrar una verdadera y sincera amistad entre los guineoecuatorianos cuesta más que me toque la quiniela; cada vez se entierra más gente que ha sido envenenada por sus ‘amigos‘, muchos están en las mazmorras del sanguinario régimen de Obiang traicionados por sus ‘amigos y compañeros‘; las esposas delatan a sus maridos y estos las engañan con sus propias ‘amigas‘ sin pudor; ¿qué decir de los políticos?; desde la autonomía la clase política guineana se ha caracterizado en apuñalarse por la espalda, destruirse y traicionar los unos a los otros; prácticas que siguen has hoy, cada vez se ve más; los que aparentaban como almas gemelas se convierten de la noche a la mañana en enemigos irreconciliables y libran brutales batallas encarnizadas a la mayor gloria de los amigos del chismorreo y de cuanto peor, mejor. La historia de los políticos guineanos está llena de capítulos interminables de engaños, traiciones y odios. La iglesia, los conventos y las órdenes religiosas no están exentos de traidores, chivatos, envidiosos, falsos y arribistas; esos hombres de «¿Dios?«que habiendo estudiado juntos, pertenecido a la misma congregación y convivido en una en una misma comunidad en cambio se odian a muerte, se zancadillan, se acusan y se humillan a más no poder; los que ostentan algún cargo institucional miran a los demás con desdén y les tratan como religiosos de segunda; los que han prosperado materialmente de forma cuando menos cuestionable, tratan a sus compañeros como escorias. Lo mismo pasa en el resto de la sociedad; las familias están divididas y se odian a muerte, se envidian; las prácticas brujeriles y satánicas han hecho que los hermanos, los padres con sus hijos, las esposas con sus esposos estén siempre a la greña, se lleven a matar. Guinea Ecuatorial es una ebullición, un país sin principios, sin valores, sin relaciones sinceras y sensatas y sin amistades fundamentadas e inquebrantables. Y una sociedad así es muy difícil para no decir imposible que prospere, se desarrolle, avance y esté cohesionada. Sin las amistades verdaderas, no puede haber vínculos sólidos; sin las personas que respeten la palabra dada, los compromisos adquiridos, no puede haber proyectos comunes ni políticos ni empresariales ni sociales; sin las personas de principios y fundamentadas convicciones, no puede haber patrones ni modelos a seguir; nunca se ha construido una sociedad ni una nación con tanta desconfianza, tantas divisiones, tantos recelos y tanta desconsideración entre paisanos.
Lamentablemente ya no se encuentran en la sociedad guineana el oso y el unicornio decididos a mantenerse firmes y fieles a sus amigos, coherentes con sus principios e inquebrantables en sus convicciones hasta dar sus vidas si así fuera el caso. Lo que tenemos hoy en el país son los que prefieren que les corten el cuerno y les manden tirar del carro de la humillación, la explotación y la servidumbre; los que están dispuestos a que les pongan los grilletes y las cadenas, les lleven a bailar en el circo que se ha convertido y han convertido el país como Pascual Bailón, explotados, avergonzados y sumisos con tal de comer las migajas que caen en las mesas pantagruélicas de la familia real de Akoakam. Una verdadera pena penoso.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?










