Actitud
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Por Francisco Javier Elá Abeme
Siempre albergo la esperanza de que, en el futuro, los estudiosos se ocupen de examinar a fondo la actitud de nuestro Pueblo ante su propia tragedia.
Ningún pueblo ha adoptado una posición tan fría frente al tirano y su tiranía. Es como decir, el miedo a morir me impide alzarme, no sea que nos mate a todos de golpe… Mejor es que nos vaya matando uno a uno, así duraremos lo que aguante su esfuerzo.
Me consta que confluyen muchos factores: y, de éstos, no es menos importante la vehemencia con la que nosotros mismos llevamos a Macías al poder. El entusiasmo era suicida. Sabían que Macías ni sabía ni podía. Pero el afán de escarmentar a los «gacelas» y las «palmeras», cuando no exterminarlos, era tan grande, que se mataban por aúparle al poder.
Claro, así, cuando las cañas se tornaron lanzas, cogidos con el paso cambiado, ya no supieron reaccionar. Hubo quienes se acercaron a sus víctimas de antaño, pero éstas les dijeron: «mi no comprendo». Y se quedaron sin asideros.
Esta misma actitud suicida es la que atenazó a los militares guineanos que, después de acertar en la opción de echar a Macías, cometieron, acto seguido, el fallo garrafal de poner, para sucederle, a su «otro yo». Según esto, el ejército guineano engañó y traicionó al Pueblo, con el añadido de que las nuevas purgas empezaron con ellos mismos. No aprendemos.
También está la educación recibida. El remate fue de la España de los cuarenta años de paz.
Nuestra profunda fe cristiana, que predica la resignación cristiana como un gran valor para merecer el cielo.
Nuestro tamaño, en número y espacio. Nuestra vida sin claros horizontes, sin proyecto común, sin plena convicción en nuestra convivencia.
La falta de un liderazgo aglutinador. La falta de fe en nosotros mismos…
Todos estos factores y otros explican la actitud de nuestro Pueblo ante la actuación de una tiranía caníbalesca que, posiblemente, otro pueblo ya habría combatido a machetazos limpio.
Nuestro Pueblo, aunque quisiera dar un salto al vacío, siempre se pregunta por un liderazgo. Algo a lo que agarrarse si se decidiera liarse la manta a la cabeza. Alguien, con un mínimo conocimiento de causa, que le guíe en el proceloso mundo actual, después de las siniestras bufonadas de los Ngema.
El próximo cambio, déjenlo en manos del Pueblo. Es el que conoce a los abusadores y sus escondites: dónde se esconden y esconden. Que nadie vuelva a burlarse del Pueblo prometiendo una justicia que no se ejerce. Que nadie vuelva a prometer un cambio que no se opera. Hay que pasar página, nada de simulacros.
Sólo los pueblos pueden corregir sus errores. La tiranía ha sido y es un error del propio Pueblo guineano. Y sólo este lo puede corregir, desde su aparente resignación. El Pueblo no está resignado, está emboscado…
Y, con esto, por hoy,
¡He dicho!










