
Bendiciones urgentes para la pareja dictatorial
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La pareja dictatorial de Guinea Ecuatorial ha despegado rumbo al Vaticano, acompañada de obispos de confianza y cámaras de propaganda, para ser recibida por el Papa León XIV. El comunicado oficial habla de “excelentes relaciones” entre el Estado y la Santa Sede, pero la realidad es menos celestial: se trata de una visita estratégica en busca de legitimidad, bendición… o bula preventiva.
Porque si la visita no es pagada, y todo indica que sí lo es, como tantas otras en este régimen de autofinanciación de la imagen, resulta más desconcertante aún que el Vaticano abra sus puertas al dictador más longevo del mundo, un especialista en rituales de fe según convenga el momento político.
La pregunta es inevitable:
¿Qué espera encontrar Obiang en el Vaticano que no ha podido fabricar en Mongomo? ¿Una absolución papal, un certificado de santidad política, o una indulgencia para sus crímenes en vida antes del juicio final?
No sería la primera vez que una dictadura recurre a los símbolos religiosos para maquillar el desastre. Pero en este caso, la contradicción es tan obscena como evidente: quien lleva 45 años gobernando a base de represión, tortura, robo y culto a la personalidad, busca hoy bendiciones entre vitrales.
Tal vez es que la pareja dictatorial ya huele el desgaste histórico y necesita una foto con el Papa para archivar junto a las de Pekín, Ankara, Doha o Brazzaville. Una imagen no da de comer, pero ayuda a seguir vendiendo estabilidad… mientras todo el país se cae a pedazos.
Y es que en Guinea Ecuatorial ya no hay sector que no esté en crisis: sanidad colapsada, educación hundida, energía inexistente, administración corrupta. Pero el régimen siempre tiene para sus viajes, sus coches, sus rosarios y sus rituales. Siempre hay espacio para la fe, aunque sea a golpe de liturgia geopolítica.
Con esta visita, Teodoro Obiang confirma una vez más su vieja costumbre: comulgar con todo y con todos, sin arrepentirse de nada. Un día adora a los ancestros, al siguiente invoca al Altísimo, y mientras tanto mantiene a su pueblo bajo una cruz que ni el propio Cristo soportaría.
La religión puede ser consuelo para el oprimido, sí. Pero usada por el opresor, solo es otro bastón para apuntalar la tiranía.







