Golpes de Estado… Judicial

Share your love


Según ha trascendido en los círculos de la rumorología nacional, esa fuente no oficial pero extrañamente precisa que ha sustituido a los boletines oficiales, el vicepresidente de la República, hijo del presidente de la República, habría abofeteado al presidente de la Corte Suprema de Justicia. Afortunadamente, la paz institucional fue restaurada gracias a la intervención de la presidenta del Senado, Teresa Efua Asangono, quien, en un acto de equilibrio entre poderes, habría ejercido funciones de árbitro sin silbato.

Que en Guinea Ecuatorial el Estado de derecho se tambalee no sorprende a nadie; lo que sí sorprende es que ahora también tiemblen las mejillas de sus magistrados.

No estamos, por supuesto, ante un hecho aislado. En el sistema político guineoecuatoriano, donde la separación de poderes se reduce a quién golpea primero y quién recibe después, este altercado no representa una crisis, sino un lenguaje interno de funcionamiento. Un método de trabajo. Una forma de interpretación constitucional que podríamos llamar «jurisprudencia kinética».

Hay quienes dirán que se trata de un simple altercado personal. Pero conviene recordar que, en este país, lo personal es político… sobre todo cuando el que golpea es el único sucesor posible, el administrador general del país, el fiscal sin toga, el juez sin oposición y el verdugo sin expediente disciplinario. Porque en Guinea Ecuatorial, el verdadero tribunal supremo no está en un edificio; está en una persona.

La escena, aunque grotesca, ayuda a comprender la deriva institucional en la que viven los guineanos de Guinea Ecuatorial. Aquí la autoridad no se ejerce con argumentos, sino con gestos viscerales. La ley no se interpreta; se impone. Y el poder no se debate: se reparte a bofetadas si hace falta.

Lo preocupante no es el hecho en sí ,al fin y al cabo, la Corte Suprema de Justicia no ha sido jamás un órgano independiente, sino la naturalidad con que semejante situación puede ocurrir sin que tiemble un solo despacho, sin que haya una nota de condena, una renuncia, una mínima muestra de escándalo. Porque cuando todo el poder está concentrado en una familia, la violencia deja de ser una anomalía; se convierte en método de gobierno.

Mientras tanto, la ciudadanía espera, no ya justicia, sino al menos que las bofetadas no retrasen aún más la validación de sus pagos eléctricos o la resolución de sus reclamaciones laborales. Qué mínimo.

De confirmarse este episodio, estaríamos ante el enésimo retrato de una dictadura tan longeva que ya no necesita máscaras: puede permitirse impartir justicia a mano limpia, en horario de oficina y sin necesidad de levantar acta.

Y si no se confirma… tampoco pasa nada. En Ecualandia, los hechos no necesitan pruebas, solo contexto. Y el contexto habla por sí solo.

Comparte tu aprecio
RadioMacuto
RadioMacuto
Artículos: 1408

Actualizaciones del boletín

Introduce tu dirección de correo electrónico para suscribirte a nuestro boletín

Un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *