¿Por qué a la Iglesia Católica le cuesta tanto aceptar sus errores, actuar y cambiar?

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Porque hace mucho que se convirtió en un sistema de poder, y todo sistema de poder lucha con todos los medios a su alcance para mantenerlo. Hace mucho que dejó de ser la Iglesia humilde y servidora que fundó Jesús de Nazaret.

El celibato sacerdotal es una de las piezas fundamentales de esta gran estructura y sistema de poder. Es el que le ha permitido emplear durante muchos siglos a un ejército de miles de hombres sin cargas familiares y ha hecho que estos hombres se sientan superiores a los demás, incluidos los sacerdotes y pastores de otras iglesias. El negocio no le ha ido mal a nivel económico, pero el precio a nivel moral está siendo muy alto.

Hasta los sacerdotes católicos europeos despreciaban a los sacerdotes católicos africanos porque muchos tenían mujeres en secreto, pero ellos no, eran unos santitos, mientras que en privado cometían el peor crimen, abusar sexualmente a un niño. Es un crimen horrible porque no se supera nunca, y afecta al resto de las vidas de estas personas.

El descubrimiento de los abusos sexuales a miles de niños en todo el mundo es una profunda herida en el corazón mismo del sistema. Viene a demostrar que esta supuesta superioridad moral y clerical era una mentira. Por eso a muchos Obispos, sacerdotes y fieles, les sigue costando admitir este pecado, escándalo y crimen.

Además, saben muy bien que sí lo admiten, vendrán más denuncias, reclamaciones e indemnizaciones en todo el mundo; y esto supone mucho dinero. Luego hay que tener en cuenta que la mayor parte de las autoridades que dirigen y toman decisiones importantes en la Iglesia son hombres de más de 60 años; y no le es fácil a un hombre de esta edad admitir que todo aquello que le ha hecho sentirse especial y superior a los demás era una gran mentira.

Evidentemente no incluimos a todos. A lo largo de la historia siempre ha habido y hay sacerdotes católicos santos y entregados en todo el mundo; pero esto no justifica el crimen de muchos de sus hermanos. Tampoco vale aquí el argumento de que estas cosas ocurren también en las familias y otras instituciones, porque la esencia de la Iglesia es la moral, y desde ella ha juzgado y condenado a los demás a lo largo de la historia. Ahora le toca asumir su responsabilidad, cambiar su estructura de poder y aprender a ser un poco más humilde.

Un fiel católico

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