Obiang convierte la vacante en el Obispado de Bata en un asunto de Estado

Share your love


Según informó el portal de la dictadura AHORAEG, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo recibió el pasado lunes al arzobispo de Malabo, monseñor Juan Nsue Edjang Meye, para “repasar los vínculos Estado-Iglesia” con especial atención a la vacante en el Obispado de Bata tras la jubilación de monseñor Juan Matogo Oyana.

El simple hecho de que el dictador convoque al arzobispo para discutir la sucesión episcopal en Bata confirma lo que ya es vox pópuli en Guinea Ecuatorial: los nombramientos eclesiásticos pasan antes por el despacho del PDGE que por las oficinas de la Santa Sede. Lo que debería ser una decisión guiada únicamente por el derecho canónico se convierte en un expediente político, donde el régimen busca garantizar la docilidad de quienes ocupan los púlpitos.

La historia reciente muestra que la Iglesia católica en Guinea Ecuatorial ha estado atrapada entre su misión pastoral y la cooptación por el poder. Las visitas del dictador a catedrales, su presencia en las grandes celebraciones religiosas y las homilías cuidadosamente vigiladas forman parte de un ritual donde lo espiritual sirve de barniz al autoritarismo. En más de una ocasión, los altares han sido utilizados como plataformas de propaganda, y los obispos han evitado confrontar abiertamente los abusos, priorizando una relación cordial con el régimen por encima de la defensa de la verdad y la justicia.

Esta página ya ha documentado cómo la dictadura se apoya en la Iglesia para reforzar su imagen internacional. Basta recordar las veces en que Obiang ha recurrido a misas solemnes para blanquear episodios de represión, o la manera en que la jerarquía ha guardado silencio frente a violaciones de derechos humanos, despidos masivos y persecuciones políticas. En un país donde casi toda la población se declara católica, controlar los púlpitos significa controlar conciencias.

No se trata únicamente de Bata. Cada vacante, cada traslado o nombramiento eclesiástico se convierte en una oportunidad para asegurar que ninguna voz clerical incomode al poder. Así, la Iglesia católica en Guinea Ecuatorial corre el riesgo de ser percibida no como un refugio espiritual para los fieles, sino como una institución subordinada al clan gobernante.

Y mientras en Roma se habla de evangelización y de pastores al servicio del pueblo, en Malabo el rebaño solo recibe la bendición si antes ha pasado por el filtro del dictador.

En definitiva, aquí hasta los obispos terminan esperando turno en la oficina del PDGE, como si la gracia divina necesitara el visto bueno del régimen para poder descender sobre los altares.

Comparte tu aprecio
RadioMacuto
RadioMacuto
Artículos: 1408

Actualizaciones del boletín

Introduce tu dirección de correo electrónico para suscribirte a nuestro boletín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *