
Manuales escolares: cuando el nepotismo condena a la juventud al oscurantismo
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Mientras el régimen de Malabo se vanagloria de sus construcciones ostentosas, el sistema educativo agoniza. Desde hace una década, los alumnos guineoecuatorianos carecen de manuales escolares actualizados. Una deficiencia escandalosa que el poder intenta ahora disimular invocando disputas jurídicas, dejando al descubierto la profunda incuria de una administración incapaz de formar a la juventud a la que, sin embargo, afirma servir.
Por OLBIF
El diagnóstico es demoledor e incuestionable, nuestros hijos estudian con manuales escolares obsoletos. Este jueves, en la sede de la Presidencia, la reunión encabezada por el hijo del dictador confirmó oficialmente lo que todo el país sabía desde hace años; mientras el clan gobernante acumula riquezas, los contenidos educativos del país permanecen congelados desde hace una década. Toda una generación ha sido sacrificada en el altar de la negligencia, condenada a aprender con herramientas obsoletas.
Ante semejante desastre, no podía faltar la habitual puesta en escena. Para justificar este vacío abismal, el Gobierno señala un supuesto litigio sobre los derechos de propiedad intelectual con una editorial española. Es la estrategia clásica de quienes no saben gobernar, buscar un chivo expiatorio exterior para ocultar su propio fracaso. Resulta más cómodo culpar a antiguos acuerdos con España que reconocer que la educación nunca ha sido una prioridad para una élite más preocupada por administrar sus intereses privados que por el futuro intelectual de la nación.
El «número dos» del régimen ha ordenado iniciar gestiones diplomáticas y exigido una propuesta técnica en el plazo de ocho días. Una nueva orden que se parece sospechosamente a otra cortina de humo. ¿Cómo creer en una voluntad seria de reforma por parte de quienes llevan décadas manteniendo al país en el oscurantismo?
La verdad es sencilla, no se trata de un problema jurídico, sino de un problema de gobernanza. En Guinea Ecuatorial, como en otros países vecinos sometidos a dictaduras semejantes, se prefiere levantar edificios costosos antes que invertir en conocimiento. El régimen lo ha construido todo, salvo la inteligencia de su pueblo. Mientras llegan las «nuevas soluciones» prometidas, nuestros alumnos seguirán aprendiendo en el pasado, prisioneros de la incompetencia de unos dirigentes que, por su parte, disponen de recursos más que suficientes para escolarizar a sus hijos en los mejores centros educativos del mundo.







