
Juan Tomás Ávila Laurel ridiculiza la cultura de mendicidad institucionalizada por el PDGE
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El escritor guineoecuatoriano Juan Tomás Ávila Laurel ha vuelto a alzar la voz, desde su blog personal, para desmontar, con fina ironía, el funcionamiento estructural de lo que denomina la “mendicidad” promovida y sostenida por el régimen del PDGE. Bajo el título “Mendicidad, supervivencia, PDGE, Oyee y…”, Ávila Laurel retrata un sistema político que, lejos de emancipar a sus ciudadanos, los ha convertido en clientes desesperados del favor estatal, mientras quienes gobiernan administran la limosna como si de política se tratase.
En su texto, el autor reflexiona sobre cómo el aparato dictatorial de Guinea Ecuatorial ha degenerado hasta consolidarse en un mecanismo donde la “supervivencia” no es una etapa transitoria sino una forma permanente de existencia política y social. Un régimen que ofrece migajas con una mano mientras entona el “Oyee” con la otra.
“No hay un solo guineano que no haya pedido algo a alguien”, señala el escritor, evidenciando que el régimen ha logrado instalar una lógica de dependencia que alcanza desde los altos funcionarios hasta los militantes de base y los civiles más vulnerables. Todo está condicionado por el ruego: becas, favores, cargos, contratos, incluso justicia. Y quien no mendiga, simplemente no existe.
El artículo no menciona a nadie de manera especial, pero apunta con claridad. A través del sarcasmo, Ávila Laurel describe una clase dirigente que no gobierna ni administra: reparte, premia y castiga según las reglas del clientelismo. La gente no trabaja por sus derechos, sino que compite por ser vista, escuchada o recibida en audiencia, como única forma de asegurarse una ración de lo que se saquea en la cima.
Lejos de limitarse a la crítica, el autor alerta del daño antropológico que esta lógica produce. La cultura de la mendicidad ya no es sólo una herramienta del poder, sino una forma de identidad que erosiona la dignidad colectiva y refuerza el miedo, la sumisión y el silencio.
Desde el exilio, Juan Tomás Ávila Laurel mantiene una producción constante y afilada, y esta última publicación confirma que, mientras el régimen impone un modelo de «supervivencia como mérito«, todavía existen voces que insisten en llamar las cosas por su nombre. La mendicidad, nos recuerda, no es ni folklórica ni cultural, sino política.







