¿Guinea Ecuatorial tiene medios para ayudar a Venezuela y allá donde se produce una catástrofe?

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Por José Eugenio Nsue

Es hasta cansino seguir hablando y lamentando las atrocidades y barbaridades que sistemáticamente comete este régimen incalificable y vomitivo en parte porque sus componentes además de tarados, están obcecados, obstinados, cerrados de mente; hablar con ellos es una pérdida de tiempo, y de ellos más bien es para que el pueblo, los ciudadanos nos demos cuenta de la calaña de individuos que nos han sometido durante medio siglo.

Me dirijo a los conciudadanos porque estoy convencido de que entre nosotros, sigue habiendo personas, pocos o muchos, equilibradas y responsables, sensatas y dispuestas a reaccionar, actuar o luchar por la dignidad y contra las injusticias, por si no son conscientes de lo que el régimen está haciendo contra el país y contra sus pobladores.

En esa política de fachada, propaganda continuada de los Obiang hacia el exterior para llamar la atención y lavar su imagen, nos han salido esta semana con otra propaganda barata de un envío de un avión de ayuda a Venezuela con 42 toneladas por los terribles terremotos sufridos recientemente.

No es un caso aislado; Obiang y su familia son solidarios, están atentos y dispuestos a ayudar a todos los que sufren en todo el mundo por una catástrofe natural, una pandemia o un accidente siempre y cuando que no ocurra en el país, que sea lejos, muy lejos de Guinea Ecuatorial. Obiang y su familia solo tienen ojos para ver las desgracias de los otros países, oídos para escuchar los llantos y lamentos de los damnificados extranjeros y tienen sentimientos solo para su dolor.

En el 2012, ellos donaron una importante cantidad de alimentos, medicamentos y ropa tras una catástrofe ocurrida en el barrio Mpila de Brazaville (Congo); en el 2020, enviaron en forma de ayuda a China por el Coronavirus, 1,8 millones de euros; en el 2024, enviaron 1 millón de euros a España para mitigar los estragos ocasionados por la DANA; en el 2025, mandaron para los niños damnificados de Gaza (Palestina) durante los bombardeos israelíes; y en este mismo año 2026, acaban de dar a la RDC, 1 millón de dólares para combatir el EBOLA, la semana pasada, un avión con 42 toneladas de ayuda a Venezuela; no se sabe lo que la Guinea de los Obiang puede mandar como ayuda si no produce ni fabrica absolutamente nada, en fin. Estos son solo una muestra de cómo reparten los dineros del Estado fingiendo hacerlo por generosidad y altruismo.

Como cristianos, ayudar y amar son los pilares fundamentales de nuestra fe, la señal de todo buen cristiano; es más, hacerlo con el prójimo sin esperar nada a cambio, tiene mayor mérito y está bien visto por Dios, según las Sagradas Escrituras; en cambio la caridad y la solidaridad de los Obiang suscitan algunos dilemas cuando menos morales:

  1. Cuando uno ayuda, se ofrece y ofrece lo que tiene, le pertenece y considera suyo porque lo ha ganado con el sudor de su frente. Obiang no heredó nada de sus padres, no le ha tocado la lotería, tampoco se les conoce negocios como Donald Trump ni a él, ni a su familia, o actividades lucrativas como para amasar tanta fortuna e ir repartiéndola a su guiso; entonces, ¿de dónde sacan el dinero con el que van ayudando a todo el mundo? ¿Qué criterios siguen y con quiénes a la hora de decidir a quiénes ayudar y a quiénes no?

  2. El Mandamiento supremo del cristianismo que el Señor nos manda es: ‘Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo’, lo mismo que decir: ‘amemos a los demás como a nosotros mismos’; de ahí el dicho: «la caridad bien entendida empieza por uno mismo». Resulta que los recursos que los Obiang disponen como les plazca no son suyos, los han apropiado, pertenecen a los guineoecuatorianos, los legítimos habitantes de Guinea Ecuatorial; sin embargo, los guineanos la están pasando las de Caín en su propio país; a diario se escuchan historias desgarradoras de madres solteras o viudas, padres, ancianos y jóvenes pidiendo desesperadamente ayuda, auxilio, socorro porque tienen a hijos, esposas y familiares enfermos y no saben qué hacer ni adónde ir, no pueden matricularlos, comprarles el material escolar, ni poder alimentar; se ven a las personas buscando entre la basura alimentos o peleándose con hacerse con las cajas de comida caducadas que los supermercados tiran, hombres en edad de trabajar deambulando por las calles como zombis en busca de trabajos que no encuentran; otros que trabajan, pero no cobran meses y meses, y si cobran, les pagan una miseria que no les llega para mantener a sus familias, mujeres que pasan días enteros sin poder vender en los mercados por falta de liquidez entre la población y todo el mundo embuido en los vacíos (alcohol, drogas, prostitución, por la desesperación). El nivel de pobreza en el país está por debajo del umbral fijado por los Organismos competentes, desde Annobón hasta Mbalangun (Nsok Nsomo) pasando por Baney, Batete, Riaba, Malabo, Corisco, Kogo, Mbini, Bata, Niefang o Akonibe. En Guinea Ecuatorial, no hay ni presente ni futuro; no hay esperanza, ni hay vida. Los guineoecuatorianos no viven, sobreviven, tras más de medio siglo que gobierna la familia satánica de los Nguema: el tío Macías Nguema, el padre Obiang Nguema, y ahora el hijo impostor Nguema Obiang.

Mientras ellos van despilfarrando los recursos que pertenecen a esos guineoecuatorianos que agonizan, en lugar de empezar por ellos a repartir e invertir en el desarrollo, progreso y bienestar del pueblo; no se puede llamar a eso solidaridad ni generosidad porque uno no puede ser generoso ni solidario con lo que no es suyo, con lo robado; tampoco se puede ser caritativo con el otro primero mientras matas de hambre y miseria a los suyos.

Obiang Nguema ha llegado a su ocaso odiando y ha enseñado a su familia a odiar y tener inquina injustificada al pueblo de Guinea Ecuatorial y a su población que les ha dado tanto y les ha servido, cantado, enaltecido, glorificado y hasta les ha endiosado y beatificado. Si Guinea Ecuatorial tiene medios para ayudar a todos los países que sufren, eso quiere decir que tiene recursos y medios más que suficientes, y los tiene, para que sus hijos e hijas podamos y debamos en primer lugar disfrutar de ellos, vivir con dignidad y con autosuficiencia hasta ser la envidia de la subregión por lo menos. Si no lo somos y vivimos con estrecheces y con las necesidades básicas sin cubrir, es por culpa de esa maligna y diabólica familia de los Obiang que como cantaba el Gran Maestro Maele en su canción «VE MA VE MA» (Solo yo y nadie más que yo): «MOAN MBOT ADJING NÀ ABELÉ ETAM. N’GUÈ MA MEYEBELE OYOM ODJOJOM; A’ZÈ MACUD ÉPÀ» (algo así: el género humano le gusta tener solo para él; si me encuentra con algo en mano, me lo arranca/quita).

Obiang y los suyos son unos carroñeros y alacranes; son tan malos que ni aun despilfarrando los dineros que no son suyos y los reparten con causas nobles como la desgracia de Venezuela, van a salvarse. No tienen perdón de Dios; no puede ser demonios con tu pueblo y angelitos a distancia, eso no funciona así. Los que seguís colaborando, apoyando y defendiéndoles; todos, tenéis un mismo destino: la Gehena (la destrucción total, el infierno); no lo dudéis.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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