
España desahucia a Donato Ndongo, pero calla ante Teodoro Obiang
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No es su casa lo que desahucian, es el archivo vivo de una lucha que muchos prefieren olvidar.
Según una columna publicada este 13 de julio en El Inconformista Digital por el periodista Francesc Sánchez, Donato Ndongo-Bidyogo ,escritor, historiador y figura emblemática del exilio guineoecuatoriano, se ha convertido, a su pesar, en “noticia”. El motivo: una orden de desahucio tras décadas viviendo en Murcia, donde llegó como refugiado político huyendo de la dictadura de Teodoro Obiang.
Donato Ndongo no ha pedido un homenaje. Ni siquiera una medalla. Pero sí exige lo mínimo que se le debe a una vida entera de lucha, letras y dignidad: RESPETO. Lo que ha recibido a cambio es una orden judicial para abandonarlo todo el próximo 23 de julio. Ni las bibliotecas que ha levantado con sus obras, ni los cientos de artículos donde denunció las atrocidades de un régimen criminal, ni su contribución al pensamiento afrohispano parecen pesar más que el trámite brutal de una ejecución hipotecaria.
La columna de Francesc Sánchez, a la que esta página se adhiere en su totalidad, plantea una verdad incómoda: en una sociedad adormecida por lo inmediato, quien lleva décadas defendiendo la verdad termina estorbando. Estorba a las instituciones, a los “gestores” de lo políticamente correcto, a quienes nunca han entendido que Ndongo es, para muchos guineoecuatorianos, lo más parecido a un archivo vivo de nuestra historia en resistencia.
¿Cómo se llega a este punto? ¿Cómo puede una figura de este calibre quedar a merced de un desahucio, mientras los testaferros del régimen guineano siguen comprando pisos de lujo en Madrid sin que nadie les pregunte de dónde sale el dinero? ¿Cómo se tolera que se expulse a un intelectual africano que lleva media vida construyendo pensamiento en lengua española, pero se abra alfombra roja a los diplomáticos del dictador que lo forzó al exilio?
Ndongo ha avisado que no se irá voluntariamente. No porque se crea por encima de la ley, sino porque la ley que lo arrincona hoy no es ciega: es selectiva, cómoda con los fuertes, cruel con los que incomodan. Y Donato Ndongo, en efecto, incomoda. Porque nunca ha fingido. Porque no ha pactado ni vendido su voz. Porque sigue denunciando. Porque no escribe desde el despecho, sino desde la conciencia.
No es solo su casa lo que está en juego. Es la memoria, el valor de una trayectoria, el reconocimiento a quienes desde el exilio siguen dando la cara cuando la mayoría se conforma con mirar hacia otro lado.
Nosotros, no solo hacemos eco de la denuncia de Francesc Sánchez. Reclamamos a las instituciones españolas que hagan algo más que “lamentar” este episodio. Reclamamos justicia. Reclamamos coherencia. Y exigimos que se deje de tratar a los resistentes como trastos viejos, mientras se abraza a los verdugos con sonrisa diplomática.
Donato Ndongo no debería estar empaquetando libros. Debería estar ocupando un sillón en la RAE, dando clases magistrales sobre la colonización, o siendo homenajeado por la democracia que dice acogerlo. Pero no. Lo quieren fuera. Lo quieren en silencio. Como a todos los que no se dejan domesticar.







