Embajada de Guinea Ecuatorial en Lisboa se niega a reenviar carta dirigida a Teodoro Obiang

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Según un documento fechado y sellado por la Embajada de Guinea Ecuatorial en Portugal, la representación diplomática se negó a reenviar una carta que el ciudadano portugués Nuno Pimentel había dirigido personalmente a Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. En su escueta respuesta, la embajada informó que no podía encargarse del envío y que el remitente debía contactar directamente con las autoridades en Malabo.

La carta, según confirma el propio remitente, contenía denuncias sobre hechos graves vinculados a violaciones de derechos humanos sufridas durante su estancia en nuestro país . Sin embargo, la embajada optó por desentenderse de su contenido, limitándose a emitir un acuse de recepción en el que elude toda responsabilidad.

De acuerdo con las normas internacionales que rigen las relaciones diplomáticas, esta actuación contraviene varios principios jurídicos. La Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, ratificada tanto por Guinea Ecuatorial como por Portugal, establece que las funciones de una misión diplomática incluyen representar al Estado y transmitir información y comunicaciones al gobierno del país de origen. Lo mismo ocurre con la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares de 1963, cuyo artículo 5 obliga expresamente a las representaciones consulares a hacer llegar documentos y comunicaciones a sus autoridades nacionales.

La embajada tenía la obligación de reenviar esa carta. No hacerlo no solo incumple sus funciones, sino que puede constituir una omisión diplomática grave”, explica un jurista consultado por esta página. “Cuando se trata de denuncias vinculadas a derechos humanos, el deber de diligencia es aún mayor”.

Para Nuno Pimentel, la situación es incomprensible. “¿Cómo se supone que debo hacer llegar una carta a Malabo desde Portugal si no es por la embajada?”, se pregunta. “Esto solo demuestra que incluso en Europa las autoridades guineanas siguen actuando como si no tuvieran que rendir cuentas a nadie”, matiza.

El caso vuelve a poner en evidencia cómo el aparato diplomático guineoecuatoriano, en lugar de servir como puente entre ciudadanos y Estado, se ha convertido en una barrera más al servicio del poder. Lejos de cumplir su misión de representación y protección, la embajada en Lisboa ha optado por el silencio. Y en cuestiones de derechos humanos, ese silencio también pesa.

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