Guinea Ecuatorial sigue en la lista negra de la UE mientras sueña con turistas que nunca aterrizan

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En un artículo reciente Javier Ortega Figueiral en Forbes España recuerda que, Guinea Ecuatorial sigue figurando desde 2006 en la lista negra de la Unión Europea en materia de seguridad aérea. Esto implica la prohibición total para que sus aerolíneas operen en cielos europeos, debido a graves deficiencias en la supervisión técnica de su aviación civil. Lo más alarmante no es que esa sanción siga vigente casi dos décadas después, sino que el país continúa vendiéndose como si fuese un destino turístico emergente.

Con claridad y sin necesidad de adjetivos, Ortega Figueiral deja al descubierto la contradicción entre la propaganda institucional, que sueña con transformar islas como Corisco en “referentes internacionales del turismo”, y una realidad que impide, literalmente, despegar. No se puede atraer visitantes cuando los cielos están cerrados por falta de garantías básicas de seguridad aérea. La UE lo dejó claro y el tiempo no ha cambiado nada.

Ni los anuncios de reestructuración lanzados en 2022 por Carmelo Nvono-Ncá, entonces embajador ante la Unión Europea, ni los comunicados del Ministerio de Aviación Civil han surtido efecto. Guinea Ecuatorial sigue en la lista negra, sin perspectivas claras de salir de ella. Y no se trata únicamente de un asunto técnico: es la radiografía de un Estado que no logra, o no quiere, cumplir con los estándares más elementales del sistema internacional.

Este aislamiento aéreo forma parte de un patrón más amplio: aislamiento diplomático, desconfianza financiera y descrédito político. Pero el régimen intenta proyectar modernidad: ferias que nadie visita, inaugura oficinas de información turística en aeropuertos vacíos y difunde vídeos con drones sobrevolando selvas donde ningún turista puede moverse sin autorización estatal. En Guinea Ecuatorial, el turismo es un decorado, no una política.

Y como si la realidad quisiera reforzar la ironía, Carmelo Nvono-Ncá fue cesado el mismo día en que la justicia francesa procedía a precintar el inmueble del número 42 de la Avenue Foch en París, un lujoso edificio que el régimen intentó hacer pasar por sede diplomática. La coincidencia es tan simbólica como reveladora: mientras Francia pone el candado a una simulación diplomática, Malabo remueve a su representante más visible ante la UE. Otro vuelo frustrado.

La llamada “marca Guinea Ecuatorial” no despega porque no puede. Sigue asociada al autoritarismo, la represión y la falta de transparencia. Y en estas condiciones, no hay plan turístico que vuele ni avión que aterrice. Porque los cielos están cerrados, pero la desconfianza internacional está más abierta que nunca.

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