
Aun cuando África financia su propio petróleo, el pueblo sigue en la penumbra
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Según diversas fuentes especializadas en energía, el Banco Africano de Exportación-Importación (Afreximbank) ha dado un paso al frente para financiar con cientos de millones de dólares proyectos de hidrocarburos en el continente. Junto a la Organización Africana de Países Productores de Petróleo (APPO), prepara el lanzamiento de un Banco Africano de Energía (AEB) que pretende canalizar recursos para sostener el petróleo y el gas en medio de la presión internacional por la transición energética.
En teoría, esta es una apuesta por la soberanía africana: ya no depender de instituciones como el Banco Mundial o el FMI, sino contar con un financista propio. Pero en la práctica, ¿qué ocurre cuando el dinero aterriza en países donde la riqueza petrolera pertenece de facto a una sola familia?
El ejemplo de Guinea Ecuatorial es claro: el régimen de Teodoro Obiang ha convertido cada dólar proveniente del crudo en mansiones, coches de lujo y cuentas en paraísos fiscales, mientras la población sufre cortes eléctricos, falta de agua potable y hospitales sin medicinas. Mención aparte, la edcuación
Un financiamiento de Afreximbank, bajo estas condiciones, no significa desarrollo colectivo. Significa oxígeno financiero para una dictadura que, con nuevos fondos, puede prolongar el saqueo y legitimar su permanencia en el poder.
“Este tipo de iniciativas, si no van acompañadas de mecanismos de control ciudadano y auditoría pública, son cheques en blanco para los regímenes corruptos”, advertía un economista africano en declaraciones a Al Jazeera, alertando sobre el riesgo de que los préstamos se conviertan en activos varados, inútiles para la población pero rentables para quienes mandan.
Además, cualquier deuda contraída por el Estado no la pagará la familia Obiang, sino el pueblo entero. Cuando lleguen los vencimientos, será la población guineoecuatoriana quien cargue con la factura: más recortes, más pobreza, más dependencia.
El Afreximbank vende el discurso de independencia africana, pero en un país sin instituciones sólidas y sin transparencia, lo que se financia no es progreso sino la perpetuación de un modelo extractivo, injusto y represivo.
Porque mientras los burócratas africanos celebran “financiar su propio petróleo”, el guineoecuatoriano de a pie seguirá alumbrándose con velas, muriendo en hospitales sin medicamentos y pagando una deuda que nunca pidió. El verdadero negocio no es la energía, sino mantener a los pueblos en la oscuridad para que unos pocos sigan brillando con luz robada.







