
Millones en contratos de gas, pero en Malabo falta la bombona
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Según una nota de Reuters difundida por hoy TradingView, la filial de Chevron, Noble Energy, alcanzó un acuerdo con Guinea Ecuatorial para explotar el yacimiento de gas Aseng, situado en el bloque I de la cuenca de Douala. El proyecto tiene como objetivo mantener el suministro de gas natural licuado (GNL) desde el país hacia los mercados internacionales.
Las autoridades lo presentan como un paso fundamental para el desarrollo energético de Guinea Ecuatorial. Noble Energy y el propio Chevron lo califican de “estratégico” y aseguran que permitirá reforzar la posición del país en la industria del gas.
Sin embargo, la realidad es que este tipo de acuerdos rara vez significan desarrollo para la mayoría. En un Estado controlado por una sola familia, los ingresos derivados del gas no se convierten en hospitales equipados ni en electricidad estable, sino en cuentas privadas y lujos que nada tienen que ver con las necesidades de la población.
El reparto del pastel energético sigue siendo desigual: las multinacionales aportan la tecnología y el control de la exportación, mientras que el país cede el recurso. Y en ausencia de auditorías independientes o de prensa libre que supervise los contratos, los beneficios se concentran en quienes ya detentan el poder absoluto.
Los riesgos de este tipo de operaciones tampoco son menores. Las inversiones millonarias, la volatilidad de los precios globales del gas y la dependencia de un solo sector hacen que, si el proyecto no cumple con lo esperado, la carga final recaiga sobre la población guineoecuatoriana.
El gas de Aseng, al igual que el petróleo antes, no se traduce en bienestar colectivo. Más bien se convierte en otro instrumento para consolidar el poder del clan gobernante, mientras la riqueza nacional viaja en barcos metaneros hacia el extranjero.
Chevron vende promesas de futuro, pero el gas de Aseng no apagará las colas interminables para conseguir una bombona en Malabo, ni hará que las familias de Bata dejen de cocinar con carbón. El contrato engorda titulares internacionales, mientras la vida cotidiana de los guineanos sigue marcada por la escasez y la resignación.







