¿Desde cuándo los guineoecuatorianos han defendido a sus paisanos?

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Por José Eugenio Nsue

Estos días he escuchado un par de audios y visto una foto de un joven de origen guineano que según los audios, habría sido asesinado por otro joven senegalés después de una discusión por una chica guineana que ambos compartían, pero cada uno creía que era el único porque la chica le decía que había terminado con el otro; por un ataque de celos, el guineano fue quien agredió primero al senegalés con un puñetazo y, al reaccionar ese, le dio un botellazo en la cabeza que le provocó la muerte.

Hasta aquí se trataría de un hecho lamentable con un final fatal y una familia destrozada; vaya por delante nuestro pésame a la familia afligida y pidamos a Dios que se apiada del finado, perdone sus pecados y lo acoja en su reino. La razón de estas reflexiones es el hecho de que durante la pelea en la que perdía la vida el joven guineano, estaban presentes dos de sus paisanos, uno bubi y otro fang, viendo cómo se peleaban los rivales sin que hicieran nada ni siquiera llamar a la policía o pedir auxilio cometiendo así además un grave delito de omisión de socorro. Llama poderosamente la atención que los guineoecuatorianos pongamos el grito en el cielo y nos rasguemos las vestiduras de la desidia, la falta de empatía y solidaridad que nos caracterizan con los que sufren, son agredidos, torturados y asesinados en nuestro entorno.

Un adagio latino dice: «nemo dat quod non habet» (nadie da lo que no tiene). Desde que accedimos a la independencia, los guineoecuatorianos nacidos en esos 57 años sobre todo, dejaron de sentir, compadecer o sufrir por los demás, tampoco por los suyos. A medida que la barbarie fue subiendo de voltajes, la crueldad y la criminalidad se adueñaban de la sociedad, sus habitantes volvían insensibles, indiferentes y colaboradores necesarios con los dos regímenes de triste y alegre memoria, de ahí su amor al chivatismo y a la traición, por otra parte, dicho comportamiento y dicha actitud les salen muy rentables para muchos, no les cuesta delatar, traicionar o vender al prójimo por un mendrugo de pan, los dos regímenes por su parte les premian por eso porque han sido los beneficiarios.

Quejarse y escandalizarse ahora porque dos guineanos ven cómo asesinan a su compatriota en Zaragoza sin moverse un dedo para defenderle, me parece un ejercicio de cinismo, demagogia, o desesperación. ¿Cuántas veces se ha visto en Guinea escenas similares sin que nadie haga nada ni conmoverse, todos mirando por otro lado? ¿No vieron cómo un soldado enajenado disparaba a bocajarro a un paisano dentro de su coche en Malabo delante de todo el mundo y entró en el bar a tomar tragos para celebrar su hazaña mientras el conductor quedaba con la cabeza reventada dentro del coche, o cómo maltratan a las mujeres delante de sus hijos, en los mercados o en las comisarías, son pateadas, golpeadas a culetazos, otras son arrastradas y tiradas en furgones militares como bultos; los mercenarios rusos atropellan a un joven, tenerle tirado agonizando en la calle delante de todo el mundo; cómo linchan literalmente a muchos en los barrios y mercados por haber o intentar robar, ‘violar’… o los extranjeros que sufren todo tipo de vejaciones públicamente, los abofetean, extorsionan y son transportados hacinados como cerdos en presencia de la muchedumbre sin que nadie haga o diga nada? Porque uno haya viajado a Europa, América o Asia, ¿por eso tiene que volverse por arte de magia educado, humano, solidario y empático?

A mis hijos y alumnos, les digo siempre que había que diferenciar, distinguir entre la educación y la formación. La educación: proceso integral y continuo de formar a las personas, mediante la enseñanza y la experiencia, para adquirir conocimientos, desarrollar habilidades, cultivar valores y perfeccionar el carácter, con el objetivo de facilitar su desarrollo intelectual, ético y social para la vida adulta y la contribución a la sociedad (IA); ese proceso se adquiere en casa, en las familias, la iglesia o por el Estado como hace el Presidente Bukele de El Salvador; ahí es donde se enseña y se aprende la urbanidad o civismo y la cortesía. Los padres son los primeros y principales educadores, después el Estado, la iglesia verdadera y los medios de comunicación; ellos son los que inculcan o deberían inculcar a los hijos y jóvenes valores, modales como el respeto, el orden y la disciplina, la solidaridad, la empatía, la honestidad, el esfuerzo, la meritocracia, la justicia, la tolerancia, etc, etc; mientras que la formación, proceso de adquirir conocimientos, desarrollar habilidades y competencias para mejorar el crecimiento personal, profesional y la empleabilidad a lo largo de la vida; se adquiere en la escuela, institutos y universidades, y la dan los profesionales del sector, profesores, técnicos, expertos o científicos.

Entonces, si los guineanos, sobre todo de las generaciones de los regímenes criminales y sanguinarios de los parientes NGUEMA: Macías Nguema, Obiang Nguema y Nguema Obiang en su inmensa mayoría, no han sido educados en valores, ¿cómo pretendemos que de repente se comporten educadamente, tengan valores? Imposible.

Seguro que muchos habrán visto u oído hablar de la película de Tarzán. Un personaje ficticio creado por el novelista Edgar Rice Burroughs en 1912. Se trata de un niño que supuestamente sobrevivió en una jungla africana con una familia de monos tras el naufragio de un barco, así cogió los hábitos y conductas de esos, llegó a saber trepar como los monos a pesar de tener aspecto humano.

Algo parecido ocurre en la Guinea de los Obiang; los que nacieron lamentablemente en esta jungla, han crecido y convivido entre esos simios consecuentemente han adquirido los hábitos y costumbres de simios. Hablarles de valores, derechos, defender y luchar por la justicia y contra las injusticias o mediar en caso de una reyerta, dar la vida por los demás tal y como nos enseña la Doctrina Social de la iglesia, es una pérdida de tiempo, es como si se predicara en el desierto o hablar con los sordos.

Los que lo venimos denunciando, lamentando la crueldad, la insensibilidad, la indiferencia y la falta de empatía del guineano y de los gobernantes de ese infierno de país, exigir educar a la ciudadanía para que esta sociedad deja de languidecer y puede parecerse a una sociedad de humanos, nos tildan de reiterativos, discos rayados o aguafiestas; pero como la verdad y la realidad son tozudas, ahí lo tenéis. Otro ejemplo de cómo no se debe comportarse las personas y en la sociedad civilizada. Si no podemos auxiliar, socorrer a una persona con la que vamos de copas cuando está en peligro o a nuestras familias, ¿qué personas humanas vamos a considerarnos?
Hasta muchos animales salvajes se portan más como personas que muchos de los guineanos, las manadas de elefantes y las jaurías de muchos felinos, se defienden entre ellos ante el peligro o un ataque.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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