
Suiza devuelve lo confiscado a Teodorín con el sello de “ayuda al pueblo”
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La Confederación Helvética anunció que restituirá 22,8 millones de francos suizos a Guinea Ecuatorial, procedentes de la subasta de 25 automóviles de lujo incautados en 2016 al vicepresidente de su padre, Teodorín. Entre esos vehículos figuraban Ferrari, Lamborghini, Bentley y McLaren, confiscados en el marco de un proceso penal abierto en Ginebra por blanqueo de dinero y enriquecimiento ilícito.
Según el acuerdo, los fondos serán destinados a un programa de cooperación en salud primaria en cuatro provincias de la región continental del país. La supervisión contará con el apoyo del Instituto Suizo de Salud Tropical y Pública, que, en teoría, vigilará el destino del dinero y garantizará que se utilice en beneficio de la población.
Sobre el papel, parece un avance. Pero en la práctica, la contradicción es flagrante: los bienes incautados a Teodorín por corrupción regresan al mismo Estado que él controla, en un país donde la frontera entre lo público y lo privado desapareció hace 4 décadas.
Los comunicados oficiales hablan de fondos “para el pueblo”, pero conviene preguntarse de qué pueblo se trata. ¿Del que sufre colas interminables para conseguir una bombona, del que se atiende en hospitales sin medicinas, del que sobrevive en barrios olvidados? Ese pueblo real nunca ha sido prioridad del régimen. El único pueblo que la dictadura reconoce es el que aplaude.
La devolución se reviste de condiciones y mecanismos de control. Sin embargo, en Guinea Ecuatorial los controles se manipulan, los contratos se inflan y las auditorías terminan en propaganda. No hay prensa libre, ni instituciones independientes, ni rendición de cuentas que permitan creer que esos millones llegarán a quien realmente los necesita.
Al final, Suiza confisca bienes de lujo a un dictador para sancionar la corrupción y después, con la mejor de las intenciones, se los devuelve envueltos en un programa social. Lo que se presenta como reparación puede acabar siendo otra manera de legitimar al saqueador.
Porque en Guinea Ecuatorial, devolver dinero “al Estado” equivale a devolverlo a Teodorín y al clan Obiang, los mismos responsables de haberlo robado. Y mientras los suizos hablan de salud pública, el régimen sigue hablando de un pueblo que, en realidad, solo quiere muerto, preso o en el exilio.







