
A propósito de la Unidad de la oposición
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Por Guillermo NGUEMA ELÁ, Coordinador Nacional de FDR.
El tema de la unidad de la oposición guineo-ecuatoriana se ha vuelto recurrente, en los últimos meses, en las intervenciones de activistas políticos del interior y de la diáspora. Para aproximarnos a una solución de dicho problema, es necesario tener claro algunos conceptos.
En Guinea Ecuatorial, no existe libertad de expresión ni de expresión, en una palabra, no existe pluralismo y es imposible una alternancia por medio del sufragio.
Lo esbozado arriba nos lleva a concluir que vivimos en un Estado totalitario, donde la oposición formal es combatida sistemáticamente para su desaparición definitiva y se ha establecido un régimen de partido único de facto. Lógicamente, la democracia no es factible ni se puede concebir sin oposición.
La oposición política formal o sistémica se refiere a la actividad que realizan los partidos políticos de la oposición dentro de un sistema democrático y republicano, en un estado de derecho. En Guinea Ecuatorial dicha oposición (que se resume actualmente en un solo partido político) está tan debilitada que puede considerarse prácticamente desaparecida del escenario político de Guinea Ecuatorial, habida cuenta de que, a falta de representación parlamentaria, no puede cumplir su función esencial de fiscalizador del poder ejecutivo, ni se le permite realizar normalmente su proselitismo político. Aunque, sin embargo y, en un acto de insulto a la inteligencia de todos los guineanos, el partido en poder y los coaligados con él, pretenden presentar a éstos últimos como oposición (con la denominación de “oposición democrática”), tratando de hacernos admitir que se puede ser y no ser al mismo tiempo, es decir, formar parte de un gobierno y a la vez oponerse a él.
A falta de una oposición formal fuerte y de un espacio pluralista, lo que más ha proliferado en nuestro país es lo que podríamos llamar oposición antisistémica, que no tiene formalmente cabida legal y que esencialmente no comparte las reglas institucionales y formales de acceso y distribución del poder político.
Llegados aquí, es necesario tratar de ver cómo se configura la aludida oposición informal guineo-ecuatoriana. Dicha oposición es muy variopinta y ello es una de las razones que dificultan la deseada unidad de acción.
Unos han pasado a la oposición porque tienen como objetivo primordial ocupar la silla, otros por haber sufrido alguna injusticia y tienen como meta suprema la venganza, otros están guiados únicamente por una lucha de poder regional, los hay que militan por la autodeterminación de algunos territorios y, por último, están aquellos que desean hacer de Guinea Ecuatorial un país donde tengan cabida todos sus hijos y en una convivencia en armonía.
La mayor parte de los grupos señalados dirigen sus mensajes al llamado pueblo de Guinea, otros los dirigen a determinados pueblos dentro de Guinea Ecuatorial y, como es lógico los mensajes son distintos y difícilmente pueden conducir a la unidad de acción del pueblo, que se supone debe ser el actor principal del cambio. Es lógico que aquellos grupos que sólo aspiran a ocupar la silla, sin más, no pueden entenderse, todo lo contrario, es normal que se estén zancadilleando mutuamente; igualmente sucede con los grupos que plantean la lucha con el objetivo de conseguir el poder para su región; y así sucesivamente.
A mi juicio, la idea en torno a la cual se puede articular fácilmente la deseada unidad de acción de la oposición es la que aboga por la necesidad de cambiar un régimen dictatorial por otro que propicie el establecimiento de un estado democrático de derecho, donde quepan todos los hijos de nuestro país.
Los grupos políticos que se presentan como partidos, deben comprender que, mientras subsiste el régimen actual, no tienen la posibilidad de actuar como tales en Guinea Ecuatorial y que, por lo tanto, tienen muy pocas posibilidades de influir sobre el rumbo político en el terreno, si actúan en solitario.
Debemos ser capaces de aparcar, momentáneamente, los particulares intereses, que no las ideologías, superar viejos odios del pasado y encarar con valentía y desprendimiento los retos actuales. Discrepar, pero no a un nivel que nos incapacite poder encontrar juntos las bases que nos garanticen un sólido Estado democrático y social de Derecho, para una futura Guinea Ecuatorial que muchos anhelan.
Mientras el debate político gire en torno a una visión radicalmente sectaria de las propuestas, es imposible prestar atención a lo que realmente debe preocuparnos.
El éxito, en efecto, sólo es posible si todos los actores que desean el cambio unen sus fuerzas en poner en marcha una iniciativa concreta de un proceso político que, en acción unitaria de la oposición sea capaz de generar la máxima capacidad de convocatoria posible y adquirir así luna mayor legitimidad política, exija y obligue al régimen a propiciar un marco nacional inclusivo que haga posible abordar los dos grandes retos políticos actuales de nuestro País: la Reconciliación Nacional y la Transición política.
Un proceso político que tenga como actores a todos aquellos que, desde todos los ámbitos y realidades de nuestra sociedad, sienten y anhelan la necesidad de cambiar el régimen dictatorial actual por un sistema democrático, porque una oposición antisistémica débil no representa un problema para el estatus quo de un sistema político.







