
Teodoro Obiang financia Africa24 mientras bloquea Radio Macuto en Guinea Ecuatorial
Share your love
Según un artículo publicado el 19 de noviembre de 2025 por el portal económico africano Financial Afrik, Teodoro Obiang recibió en Malabo al fundador de Africa24, Constant Nemale, para “renovar” su alianza con la cadena y compartir su supuesta “visión panafricana”. El texto presenta el encuentro como un “reencuentro simbólico” entre dos figuras que estuvieron en el origen del lanzamiento del canal en 2008, concebido como herramienta de proyección continental y de difusión de la visión de Obiang sobre África.
El propio artículo recuerda que, “por decisión del presidente Obiang”, Guinea Ecuatorial apoyó el proyecto desde sus inicios bajo el eslogan de un “panafricanismo endógeno”, con la idea de que Africa24 debía llevar “la voz de África” y reflejar “la unidad de los pueblos del continente”. Nemale reconoce públicamente que la cadena se había apartado de la línea deseada desde Malabo, presenta sus excusas al jefe de Estado y alaba el “papel determinante” de Guinea Ecuatorial en la historia del canal. El texto llega a afirmar que Africa24 es “el único grupo mediático 100% africano en su financiación y capital” y agradece el “apoyo constante” del vicepresidente de su padre desde la creación de la cadena.
No es la primera vez que se documenta este vínculo financiero. Distintas publicaciones especializadas han recordado que Africa24 fue lanzada con el apoyo económico de Guinea Ecuatorial y Camerún como Estados accionistas del proyecto, y que existió un protocolo firmado entre la República de Guinea Ecuatorial y otros socios para la creación de la cadena. Más allá de los porcentajes exactos, la constante es la misma: Africa24 nace y se sostiene como un canal moldeado por gobiernos que lo utilizan como altavoz político, más que como medio independiente.
Mientras Financial Afrik dibuja esta escena de reconciliación y discurso grandilocuente sobre “la unidad africana”, la realidad para los ciudadanos dentro de Guinea Ecuatorial es muy distinta. Informes de organizaciones como Freedom House sitúan al país entre los regímenes más cerrados del planeta, con el poder y la riqueza concentrados en la familia presidencial, represión de la oposición, ausencia de independencia judicial y censura sistemática contra periodistas y activistas.
EG Justice, organización fundada por el jurista annobonés Tutu Alicante León, lleva años documentando la falta de libertad de prensa y el control absoluto de los medios por parte del régimen. Prácticamente todas las emisoras de radio y televisión son estatales, salvo RTV-Asonga, propiedad de Teodorín. La radiotelevisión pública (RTVGE) funciona como aparato de propaganda del Estado y, en paralelo, se mantiene un bloqueo selectivo contra webs de oposición y voces críticas en el exilio: Diario Rombe, Radio Macuto, ASODEGUE Segunda Etapa, Tiempos Canallas ,EG Justice y otras páginas han sido objeto de censura recurrente. En diversos momentos también se han bloqueado redes sociales como Facebook o Twitter cuando han servido de canal de denuncia.
En el caso concreto de Radio Macuto, los usuarios dentro del país denuncian desde hace años que al intentar entrar en la web se encuentran con bloqueos sistemáticos y, en muchos casos, con redirecciones automáticas hacia la página oficial del Gobierno. Es una maniobra típica de censura digital basada en el bloqueo por dirección IP o en la manipulación del sistema de nombres de dominio (DNS); el régimen no solo impide el acceso, sino que secuestra el tráfico y lo conduce al altavoz oficial. Mientras Teodoro financia canales “panafricanos” en el exterior, trata de borrar a los medios no afines dentro de casa.
Annobón, la isla que el régimen ha convertido en laboratorio de castigo colectivo, es quizá el ejemplo más brutal de esta política. El 20 de julio de 2024, el Gobierno cortó los servicios de telefonía móvil e internet en toda la isla, sumiendo a su población en un apagón digital que se ha prolongado durante meses. La medida fue una represalia directa contra los habitantes que protestaban por el uso de dinamita por parte de una empresa constructora marroquí, Somagec, cuyas explosiones dañaban casas y tierras. Tras las protestas, al menos 38 residentes fueron detenidos arbitrariamente en operaciones de “barrido casa por casa”, y muchos de ellos sufrieron condiciones inhumanas de reclusión.
El impacto del apagón digital en Annobón ha sido devastador: servicios bancarios paralizados, emergencias sanitarias sin posibilidad de coordinarse, familias incomunicadas con sus parientes en el continente y una población obligada a endeudarse con facturas telefónicas porque las llamadas de voz se convirtieron en la única salida para comunicarse. Mientras tanto, el discurso oficial se limita a hablar de “seguridad” y “orden público”, sin asumir el daño causado a una provincia entera.
Con eso, la escena del Palacio de Malabo donde el dictador recibe al fundador de Africa24, entre sillones de cuero y alfombras gruesas, no es un simple acto protocolario: simboliza el retorno a la obediencia de un canal que se había permitido, tímidamente, alejarse de la línea dictada desde Guinea Ecuatorial. Africa24 entra así en una “nueva etapa” basada en el retorno al diálogo con Malabo, la “clarificación de posiciones” y la reafirmación de las bases panafricanas proclamadas en su origen. Un panafricanismo que, en la práctica, excluye a los propios ciudadanos guineoecuatorianos del derecho básico a la información.
Fuera de los despachos alfombrados, Guinea Ecuatorial sigue siendo un país donde la ley se proclama con solemnidad, pero casi nunca se aplica para proteger derechos fundamentales. Los pocos espacios críticos que existen están en el exilio y se enfrentan a bloqueos, amenazas y campañas de difamación. Dentro del país, la información que no controla el régimen es tratada como un enemigo a eliminar, no como un derecho de la ciudadanía.
No es casualidad que, mientras se celebra el “panafricanismo endógeno” de Obiang en los medios que él mismo financia, los guineoecuatorianos dependan de VPN, webs espejo, enlaces alternativos y cadenas de WhatsApp para acceder a informaciones críticas sobre su propio país. La censura convierte el simple acto de informarse en un gesto de resistencia diaria.
Quizá algún día Africa24 cuente también esta parte de la historia: la del gobernante que compra altavoces en París y Bruselas mientras mantiene a su propio pueblo entre apagones eléctricos, apagones informativos y apagones digitales. Hasta entonces, la contradicción seguirá siendo evidente para cualquiera que mire de frente la realidad.







