Manifiesto de funcionarios que denuncia una purga en el INSESO dirigida desde la Primatura.

Remodelación en Malabo: la farsa trágica de un régimen agotado

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La remodelación en Malabo ha terminado como una burla al pueblo guineoecuatoriano. Después de exigir la dimisión colectiva de un Gobierno señalado por incompetente, el padre y el hijo Nguema devuelven a Manuel Osa Nsue Nsua al frente del Ejecutivo. Entre purgas de fachada y reciclaje de las mismas marionetas, la dictadura confirma que no busca cambiar nada, sino ganar tiempo.

Por OLBIF

La escena, digna de un teatro de bulevar, se representó en los pasillos oscuros del Palacio del Pueblo. Hace apenas unos días, en una puesta en escena diseñada para aparentar movimiento, Obiang Nguema Mbasogo y su heredero denunciaban, con falsa indignación, la falta de resultados y la corrupción de su propio equipo. La sanción parecía inevitable: el Gobierno debía presentar su dimisión.

La dimisión colectiva fue vendida como una supuesta toma de conciencia ante el abismo económico al que el propio clan ha empujado al país. Pero el decorado se vino abajo demasiado pronto. Apenas caídas las máscaras, el régimen mostró el vacío de su maniobra. En una pirueta que solo el sistema PDGE podía fabricar, Manuel Osa Nsue Nsua fue reconducido como primer ministro.

Ese retorno es una bofetada directa a la dignidad de los ciudadanos. ¿Cómo puede hablarse de “cambiar las cosas” mientras se reciclan los mismos actores que, hace solo 72 horas, eran señalados por su gestión catastrófica? ¿Qué clase de renovación consiste en devolver al mismo hombre al mismo puesto, bajo los mismos jefes y dentro del mismo sistema podrido?

La respuesta es sencilla. Este Gobierno no gobierna. Obedece. No es un órgano al servicio de la nación, sino una corte de valets sometida a los caprichos del sátrapa y de su hijo. Para estos hombres, el poder no es una responsabilidad pública. Es un juego de sillas musicales donde la incompetencia no se castiga si viene acompañada de lealtad al clan.

Mientras la economía agoniza, ellos se reparten culpas para ganar tiempo. Señalan a ministros, anuncian cambios, teatralizan enfados y vuelven al punto de partida. Todo sirve para ocultar lo esencial: quienes han hundido Guinea Ecuatorial no son simples funcionarios incapaces, sino el propio sistema familiar que ha saqueado el país hasta los huesos.

Este nuevo decreto no es una solución. Es una provocación. Los guineoecuatorianos no son ingenuos ante una puesta en escena tan burda. El país no necesita remodelaciones cosméticas ni purgas teatrales pensadas para distraer a la opinión pública. Lo que Guinea Ecuatorial necesita no es el regreso de los mismos títeres, sino una ruptura total con este sistema clánico.

Ya basta de fingir cambios para que nada cambie. Ya basta de Gobiernos usados como escudo de una familia que nunca asume responsabilidades. Ha llegado la hora de que este Gobierno de corruptos ceda el paso a una verdadera transición política, libre y transparente. La obra ha durado demasiado. Es hora de bajar el telón de esta dictadura.

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