Vista de la Catedral de Malabo

El caso de la Catedral de Malabo retrata la incompetencia de la Policía de Obiang

La Policía tardó un mes en detener a un sospechoso al que ya acusaba de atacar la misma catedral en 2024. El régimen lo exhibió en TVGE sin aclarar nada.

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La Policía tardó un mes en detener a un sospechoso al que ya acusaba de atacar la misma catedral en 2024.

Según la versión del régimen, difundida por TVGE el 2 de noviembre, la Policía Nacional ha detenido a Severo Oburu Ekong Afang, de 54 años. Lo acusa del intento de incendio del 1 de octubre en la Catedral de Malabo con un tanque, un neumático y un mechero. Además, asegura que los fieles y el personal de seguridad frenaron las llamas y que el detenido actuó por «rabia».

En cambio, Radio Macuto publicó ese mismo día que, a las 6.37, un hombre bajó de un taxi y prendió fuego en la puerta de la Secretaría Parroquial. Los agentes de la Seguridad Presidencial apagaron el fuego en segundos, pero el autor volvió a subir al taxi y huyó. La nota oficial borra a esos agentes del relato.

La propia Policía sostiene que el detenido ya rompió los cristales de la catedral en 2024 por «el mismo pretexto» y que pasó por el Juzgado de Instrucción número 3 de Malabo. Sin embargo, nadie explica qué decidió el juez. Dos años después, volvió al mismo templo con el mismo motivo.

Además, la catedral está frente al Palacio Presidencial, en la zona más vigilada del país. Por eso los agentes de la Seguridad Presidencial llegaron en segundos. Aun así, el autor llegó y se marchó en taxi delante de ellos.

Con un sospechoso fichado y testigos del taxi, la Policía tardó un mes en dar con él. Incluso atribuye parte del hallazgo a la colaboración ciudadana.

La imagen que difundió el régimen tampoco ayuda. El detenido posa sonriente ante el cartel de la Policía Nacional, con un móvil en la mano. Las supuestas pruebas son una bolsa verde, un objeto rojo y un trozo de goma negra junto a una maceta. Sin embargo, no se ve ningún tanque ni rastro de fuego.

Un régimen que vigila cada palabra de sus críticos no supo proteger la puerta de una catedral junto al palacio.

El régimen necesitaba una cara para su televisión y ya la tiene. Lo que no tiene son respuestas.

La Policía de Obiang sabe perseguir a los críticos, no proteger a los fieles.

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