
789 euros que retratan el abandono educativo en Guinea Ecuatorial
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El CRA Cabu Peñes, en Asturias, ha logrado financiar una beca escolar para un alumno de Guinea Ecuatorial gracias a la recaudación obtenida en su I Cross Solidario. La iniciativa honra a la comunidad educativa que la ha hecho posible, pero también deja al descubierto una realidad incómoda; en un país marcado durante décadas por la riqueza petrolera y la propaganda oficial, la continuidad escolar de un niño puede depender todavía de la solidaridad organizada a miles de kilómetros.
Según ha informado Europa Press Asturias, el Colegio Rural Agrupado Cabu Peñes consiguió reunir 789 euros con la celebración de su primera carrera solidaria. La cantidad será entregada este verano a EducaGuinea y se destinará íntegramente a cubrir los gastos de un alumno guineoecuatoriano durante el próximo año escolar.
La actividad contó con la participación del alumnado, las familias y el profesorado del centro, además de la colaboración de los colegios La Vallina y La Canal. También se sumó la Asociación de Familias del Alumnado del CRA Cabu Peñes, que apoyó la organización del puesto de avituallamiento.
La noticia, vista desde Asturias, habla de deporte, convivencia y solidaridad. Vista desde Guinea Ecuatorial, obliga a formular una pregunta mucho más dura: ¿cómo puede un país que ha vendido al mundo una imagen de prosperidad permitir que la educación de sus hijos dependa de una beca sufragada desde fuera?
No se trata de restar valor al gesto del CRA Cabu Peñes. Al contrario. Iniciativas así merecen reconocimiento porque demuestran que la solidaridad sigue encontrando caminos donde los gobiernos fallan. Lo que resulta inadmisible es que esa solidaridad termine cubriendo huecos que debería cubrir un dicente Estado soberano.
Guinea Ecuatorial no carece de discursos sobre educación. Tampoco le faltan actos oficiales, fotos de ministros, promesas de modernización ni propaganda sobre el supuesto desarrollo nacional. Lo que falta, una vez más, es una política pública capaz de garantizar que ningún alumno quede fuera del aula por falta de recursos básicos.
Esa cifra, pequeña para cualquier presupuesto público serio, se convierte en una acusación moral contra quienes llevan décadas administrando el país como una finca familiar.
La educación no debería depender de campañas solidarias, carreras escolares ni colectas externas. Debería ser una obligación garantizada por el Estado. Cuando un niño necesita que una comunidad educativa extranjera le abra el camino para seguir estudiando, el problema no está en la falta de generosidad de la sociedad, sino en el abandono institucional de quienes gobiernan.
El CRA Cabu Peñes ha hecho su parte. Ha movilizado a alumnos, familias y docentes por una causa justa. La vergüenza no está en Asturias. La vergüenza está en Malabo, donde quienes más hablan de progreso siguen dejando que la educación de muchos niños guineoecuatorianos dependa de la solidaridad ajena.









