
El régimen Obiang entrega los puertos de Malabo y Bata al grupo turco Albayrak
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La propaganda dictatorial confirmó que la empresa Alport, ligada al grupo turco Albayrak, asumió plenamente la gestión de los puertos de Malabo y Bata tras el fin del período de transición. El régimen vende la operación como modernización, pero lo que vuelve a quedar al descubierto es la cesión de infraestructuras estratégicas a intereses ajenos mientras la mayoría de los guineoecuatorianos sigue atrapada en la pobreza.
Por OLBIF
Es una escena que ya se ha vuelto banal en la dictadura de los Obiang: oficiales obedientes inclinándose ante intereses exteriores para llenar mejor los cofres de una oligarquía en apuros. El 14 de abril, en el decorado acolchado de la presidencia, Manuel Osa Nsue, simple ejecutor administrativo del palacio, recibió a Ahmed Albayrak, vicepresidente del grupo del mismo nombre. ¿El orden del día? Consumarse el fin del “período de transición” y dejar plenos poderes a la sociedad Alport sobre nuestros puertos de Malabo y Bata.
Detrás del nombre de Alport se esconde una alianza incestuosa entre la sociedad estatal Holding Guinea Ecuatorial y el grupo Albayrak. Oficialmente, el aparato de propaganda del régimen afirma que aquella reunión permitió sentar “las bases de un sistema portuario más eficiente, competitivo y abierto”. Oficiosamente, lo que se consagra es el abandono de la soberanía económica nacional.
Desde el 16 de marzo de 2026, la transición ha terminado. Albayrak lo gestiona todo. ¿Para qué beneficio real del ciudadano de a pie? Ninguno. Mientras el régimen presume de “optimización de la gestión” y de “dinamización del empleo”, la realidad sigue siendo brutal. En un país saqueado durante décadas por la corrupción y el nepotismo, no serán las grúas turcas en el puerto de Bata las que den de comer a los niños de Ebibeyin.
La retórica oficial está bien engrasada. Ahora nos hablan de un puerto seco en Ebibeyin para enlazar Bata con Chad o la República Centroafricana. Una “infraestructura logística fundamental”, repiten. Pero la pregunta sigue intacta: ¿quién va a pagar y quién va a cobrar? El régimen se felicita por la “reducción de los costes del flete”, pero los precios de los productos básicos siguen asfixiando a la población.
La verdad es más sombría. Esa apertura hacia los mercados de África central sirve sobre todo para facilitar la exportación de las riquezas expoliadas por el clan, lejos de miradas indiscretas. El ministro de Transportes y los demás figurantes presentes en la reunión no persiguen otra cosa que “aumentar el tráfico marítimo” para engordar las comisiones que orbitan alrededor del poder.
Para dar una apariencia de respetabilidad a este saqueo organizado, el gobierno de Obiang multiplica los gestos diplomáticos y los decorados institucionales. El comunicado menciona con orgullo la ratificación reciente de siete convenciones internacionales y la participación en mecanismos regionales para exhibir una voluntad de alinearse con las normas mundiales.
Qué ironía. El régimen invoca “normas mundiales” para sus puertos, pero las pisotea sin pudor cuando se trata de los derechos humanos. La libertad de expresión sigue siendo una ficción administrada desde arriba, y la represión política continúa marcando la vida nacional. La supuesta modernidad de los muelles no logra ocultar la podredumbre del sistema.
El comunicado oficial remata su entusiasmo con el habitual lirismo empalagoso, asegurando que, bajo el impulso del jefe del Estado y del vicepresidente, Guinea Ecuatorial considera ahora el mar como una “oportunidad”.
Para los Obiang y sus amigos turcos, en efecto, es una oportunidad, la de seguir succionando los últimos ingresos de un Estado en bancarrota moral. Para el pueblo, en cambio, es una barrera más. Esta “nueva etapa” no es otra cosa que la prolongación de un sistema en el que el patrimonio nacional se administra como una tienda familiar. En Radio Macuto no dejaremos de decirlo: una nación no se construye vendiendo sus puertos a mercenarios de las finanzas, sino levantando la dignidad y la libertad de sus ciudadanos.







