
Malabo descubre Starlink cuando viene el Papa
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El régimen de Malabo no ha descubierto Starlink por amor al progreso ni por preocupación por los ciudadanos. Lo ha desempolvado ahora, con prisas y cámaras, porque necesita que la visita del Papa no deje en evidencia años de abandono, censura tecnológica e incapacidad ministerial.
Según una publicación de AhoraEG fechada el 5 de marzo, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Honorato Evita Oma, recorrió junto a un equipo técnico de Starlink varios puntos “estratégicos” con el objetivo de reforzar la conectividad y “garantizar una cobertura mediática adecuada” durante la visita del papa León XIV a Guinea Ecuatorial. La misma nota remacha, sin querer, la verdadera dimensión del asunto, no habla de un despliegue nacional ni de una política pública de acceso, sino de reuniones para “explorar las condiciones” de una “posible llegada” de los servicios de la empresa al país.
Es decir, el régimen no ha descubierto de pronto el derecho de los guineoecuatorianos a una mejor conexión. Lo que ha descubierto es su viejo pánico a que una visita de alto perfil internacional quede mal retransmitida. Cuando se trata del ciudadano de a pie, la conectividad puede esperar; cuando se trata de la escenografía del poder, entonces sí aparece la urgencia, la comitiva, la inspección y, por supuesto, la propaganda.
Un experto en telecomunicaciones consultado por Radio Macuto lo resume con crudeza, «Starlink no es ninguna epifanía caída del cielo esta semana. La tecnología satelital lleva años siendo una opción real para ampliar cobertura en zonas remotas, marítimas o mal servidas por la infraestructura terrestre. Lo escandaloso no es que el Gobierno mire ahora hacia Starlink; lo escandaloso es que solo lo haga cuando necesita que las cámaras funcionen y que el decorado no falle ante los ojos del Vaticano y de la prensa extranjera.«
La propia trayectoria pública de ORTEL deja al descubierto esa farsa. En la web oficial del regulador aparece una entrada del 7 de agosto de 2024 anunciando una entrevista de su director general precisamente “para hablar sobre el uso de Starlink en la República de Guinea Ecuatorial”. O sea, no estamos ante una novedad repentina nacida por inspiración ministerial, sino ante un asunto del que ya se hablaba al menos desde 2024. Lo que faltó no fue información, sino voluntad política.
Más aún, el propio ORTEL se presenta como “supervisor del desarrollo del mercado y garante de los derechos de los ciudadanos”, y afirma que busca hacer las comunicaciones “accesibles, asequibles y de buena calidad para todos los usuarios”. Sin embargo, en esa misma página oficial exhibe, bajo el apartado “Datos de interés (año 2023)”, una escena digna del museo del absurdo; cero abonados de telefonía fija, cero tarjetas SIM activas, cero abonados de banda ancha fija, cero abonados de banda ancha móvil y cero usuarios de Internet. Si eso no es una metáfora involuntaria del sector, se le parece demasiado.
El problema de fondo, además, no es técnico sino político. El Banco Mundial advirtió en su actualización económica de 2024 que la penetración de internet en Guinea Ecuatorial está por debajo de la de países con ingresos comparables debido a la escasa asequibilidad del servicio, las carencias de infraestructura y capacidades digitales, y la falta de regulaciones y políticas de competencia que faciliten el desarrollo del sector. En otras palabras, el atraso digital del país no se explica por falta de milagros, sino por una gobernanza que ha preferido el control al acceso.
Por eso el artículo de AhoraEG termina siendo una pequeña joya de la caja de Pandora del régimen. Lo que pretendía vender como avance deja al descubierto una confesión; Guinea Ecuatorial no activa soluciones tecnológicas pensando en la vida cotidiana de su población, sino en las necesidades protocolarias del poder. El mismo Estado que se apresura a blindar la señal para una visita papal ha sido denunciado por mantener a Annobón prácticamente desconectada de internet durante alrededor de un año tras las protestas contra una empresa constructora. Allí no hubo prisa ministerial, ni inspección estratégica, ni cobertura mediática que garantizar.
La pregunta, por tanto, no es si Starlink puede ayudar a mejorar la conectividad del país. Claro que puede. La pregunta es por qué el régimen solo se acuerda del progreso cuando necesita una buena imagen. Y la respuesta está escrita en la propia nota oficialista, no están conectando Guinea Ecuatorial; están maquillando el escenario para que el huésped no vea el apagón.








Si Guinea Ecuatorial fuera un pais sus dirigentes tendrían un pelín de vergüenza, y dimitirían de sus responsabilidades incluyendo el estupidito matón de Transportes y Telecomunicaciones.