Los bienes mal adquiridos de Jammeh, a la venta: ¿una advertencia tácita para Malabo?

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Prosigue en Gambia la venta de los bienes mal adquiridos del ex líder gambiano Yahya Jammeh, exiliado en Guinea Ecuatorial, pese a las críticas de transparencia. Éste puede ser un episodio que sirva de advertencia sobre las posibles consecuencias de la corrupción. Los dirigentes del régimen de Malabo, obsesionados por el enriquecimiento «salvaje e ilícito», harían bien en reflexionar sobre el destino de quienes han confundido las arcas del Estado con sus propios bolsillos.

Por OLBIF

Con el seguimiento de esta página, la venta de los bienes confiscados al ex dictador gambiano Yahya Jammeh, actualmente exiliado en Guinea Ecuatorial, sigue causando revuelo. Aunque el planteamiento del gobierno gambiano está encaminado a recuperar los fondos supuestamente malversados durante su régimen, la falta de transparencia denunciada por la oposición y la sociedad civil de Banjul plantea interrogantes. Para los observadores de la escena política africana, este asunto podría repercutir más allá de las fronteras gambianas, en particular en Malabo, donde las prácticas de gobierno del Presidente Obiang Nguema Mbasogo y su entorno son regularmente objeto de críticas.

Las últimas informaciones sobre Gambia transmitidas por RFI hacen referencia a la venta de bienes considerables – vehículos de lujo, villas, tierras, ganado – valorados en cientos de millones de euros, tras las conclusiones de la comisión de investigación sobre los delitos económicos cometidos bajo el régimen de Yahya Jammeh. También se incautaron activos financieros y participaciones en empresas. Aunque la intención declarada es recuperar los fondos sustraídos al pueblo gambiano, las críticas al proceso de venta, considerado opaco y potencialmente favorable a los afines al gobierno, ensombrecen esta iniciativa.

Para los conocedores de la política de Guinea Ecuatorial, esta situación puede servir de reflejo. El régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que ha permanecido incontestado durante décadas, es regularmente criticado por su gestión opaca de los recursos nacionales y por las acusaciones de enriquecimiento ilícito que pesan sobre sus allegados. Su hijo, Teodoro Nguema Obiang Mangue, vicepresidente y heredero designado, se ha visto salpicado por escándalos de enriquecimiento ilícito en Francia. Ante esta situación, el destino de Yahya Jammeh, que disfruta de una aparente vida pacífica en Guinea Ecuatorial tras abandonar el poder bajo presión, podría parecer una ironía de la historia.

Sin embargo, la venta de los bienes de Jammeh en Gambia, por muy controvertida que sea, es un recordatorio de la realidad de que los líderes que se enriquecen a costa de su pueblo pueden algún día tener que rendir cuentas. Para los de Malabo, que a menudo parecen preferir la acumulación de riqueza personal al servicio del pueblo de Guinea Ecuatorial, el ejemplo de Gambia, aunque se trate de un antiguo dirigente exiliado en su propio país, debería hacer reflexionar.

En lugar de trabajar por un reparto equitativo de la riqueza y una gobernanza transparente, el gobierno de Malabo es acusado regularmente de nepotismo y corrupción. La concentración de poder en manos de padre e hijo, este último implicado en casos de malversación de fondos públicos, está alimentando un profundo resentimiento entre la población de Guinea Ecuatorial.

La historia de Yahya Jammeh y la venta de sus bienes, a pesar de las imperfecciones del proceso, son un recordatorio de que la impunidad no es eterna. Los dirigentes de Guinea Ecuatorial, obsesionados con el enriquecimiento «salvaje e ilícito», harían bien en reflexionar sobre el destino de quienes han confundido las arcas del Estado con sus propios bolsillos.

¿No ha llegado el momento de que Malabo sitúe por fin los intereses del pueblo de Guinea Ecuatorial por encima de las ambiciones personales, y emprenda el camino hacia una gobernanza más justa y transparente?

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Un comentario

  1. Bueno, para ser un buen dirigente que le preocupe su pueblo hay que disponer de un mínimo nivel de sabiduría que le permita discurrir con buen sentido.
    Para ello hay que haber cursado estudios mínimos que le permitan ajustar su política con un buen sentido. Tal vez, rodearse de gente culta.
    Resulta que los dirigentes africanos se acaparan el poder con despotismo, incluso llegan a medirse a gente como: nkruma, lumumba, etc.
    Sin embargo asistimos a un despilfarro de la cosa publica, por gente que no dispone de los requisitos mínimos para dirigir un país.
    Hay quienes van vociferando a diestra y siniestra de un pan-africanismo que ellos ignoran el sentido. Simplemente, una diatriba cercana a la locura y que no es otra cosa que logorrea.
    África es un continente maldito porque los colonos de turno nunca han sabido como gestionar ni como ocuparse de su pueblo.
    Este continente dispone de tierras fértiles y de un subsuelo rico de minerales que solo sirven para sanar el orgullo de una plebe dirigente que sufren del síndrome d’hubris y sus patologías asociadas.
    ASÍ LO PIENSO.

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