Los africanos nos iremos irremediablemente al infierno

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Por José Eugenio Nsue

Este pasado fin de semana, hablando con un amigo mientras tomábamos unas guinness en la tienda del ‘primo’ ghanés y veíamos imágenes de los países de Oriente Medio (Israel, Jordania, Kuwait, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Baréin…), noticia últimamente por los bombardeos de los Estados Unidos e Israel contra Irán y este contra todos, y viendo lo desarrollados que están y cómo viven sus ciudadanos gracias a sus recursos naturales, principalmente el petróleo, el gas y el oro de máxima calidad (Arabia Saudita); el amigo (Guinea Bissau), hizo un comentario que ha dado origen al presente título de las presentes reflexiones porque me parecieron reveladoras y pertinentes sus apreciaciones: «los africanos iremos al infierno irremediablemente. Todo lo que hace rico al resto del mundo, lo tenemos, pero, aun así, somos los que peor vivimos»; yo añadí a dicho comentario con una pregunta retórica: ¿qué más Dios, al que decimos casi todos los africanos que creemos y adoramos, podía haber hecho por nosotros?

En efecto, si no todos, la inmensa mayoría de los países africanos, posee inmensos recursos naturales, una naturaleza envidiable, paradisíaca y una climatología que todo humano desearía disfrutar: la República Democrática del Congo (RDC), posee la mayor riqueza mineral, crucial en cobalto y coltán para la tecnología; Nigeria, líder en producción de petróleo y posee las mayores reservas de gas natural; Sudáfrica, destaca por su alto PIB minero, incluyendo oro, platino y diamantes; Angola, segundo mayor productor de petróleo de África subsahariana y gran productor de diamantes; Argelia, gigante energético, principal exportador de gas natural y petróleo del norte de África; Zimbabue, posee grandes reservas de oro, platino y cromo; Libia cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del continente; Botsuana, líder mundial en producción de diamantes de alta calidad; Sudán, rico en oro, petróleo y recursos Agrícolas; Ghana, importante productor de oro, petróleo y cacao. Otros países con recursos significativos incluyen a Guinea Ecuatorial y Gabón (petróleo, gas, madera, oro, cobre, pesca…), Tanzania (minerales y parques naturales como Serengeti), y Zambia (cobre y esmeraldas). De los 54 países del continente africano, podemos afirmar categóricamente que en todos, hay recursos más que suficientes para que los ciudadanos de cada uno de ellos puedan y deban vivir con dignidad, no pasar hambre; sin embargo, es el continente más pobre y más empobrecido de todo el planeta; ¿por qué? ¿Los africanos tenemos motivos, podemos culpar a Dios de nuestra situación de pobreza y nuestras desgracias? ¿Dios es el culpable de nuestros fracasos y miseria tanto moral como material y espiritual?

En África, hay más iglesias, templos y mezquitas que en cualquier otro continente; hay más lugares de culto que centros escolares, universidades y hospitales, y en cada día sagrado, oficios religiosos, todas esas iglesias, mezquitas y templos están abarrotados, llenísimos de «fieles» o feligreses que se citan para alabar a Dios, rogarle, invocar el Espíritu Santo, suplicar su Misericordia y Clemencia. Los africanos no hacen más que hablar de Dios, de Jesús o de Alá. Dios por aquí, Dios por allá; Dios por la mañana, a mediodía y por la noche lo que nadie entiende es lo que le pedimos cuando nos ha dado todo lo necesario por lo menos para vivir como personas. ¿Qué tienen Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita que no tienen Guinea Ecuatorial, Sudáfrica o Nigeria?

Lo que pasa en África, con los africanos, no es culpa de los dioses ni del más allá; tiene que ver con la mentalidad de los propios africanos, de los gobernantes africanos que, lejos de ocuparse y preocuparse de su población, repartir equitativamente los recursos que la Madre Naturaleza nos ha regalado como se hace en Oriente Medio, Europa, América o en Oceanía, se dedican a robar a sus propios pueblos, matar de hambre y miseria a su propia población, a la que esclavizan y asesinan, a parte de perperuarse en el poder y convertirlo en monarquías hereditarias. Los pocos dirigentes africanos con un corazón de carne: Nelson Mandela (Sudáfrica), Kwame Nkrumah (Ghana), Julius Nyerere (Tanzania), Patrice Lumumba (RDC), Haile Selassie (Etiopía), Thomas Ankara (Burkina Faso) y poco más; viendo lo valiosos y humanos que eran para África, fueron perseguidos, encarcelados si no asesinados con la complicidad de sus propios conciudadanos que después se convirtieron en dictadores y criminales para con sus pueblos; estos son la excepción. Lo cierto es que los dirigentes son lobos y un cáncer para África.

La clase intelectual africana, tampoco se libra del desangrado del continente. Muchos de los intelectuales han mirado hacia otro lado, son cómplices de las dictaduras africanas; los hay que hasta son sus ideólogos y colaboradores. Incapaces de influir en la sociedad, ser referentes morales e intelectuales y beligerantes contra la opresión, la apología y la exaltación de la ignorancia con críticas, apostar por la educación de calidad porque solo un pueblo culto es capaz de defenderse contra todo tipo de tiranías (el conocimiento es poder). Igual que los políticos, los intelectuales comprometidos e íntegros se cuentan con los dedos, y así nos se salva todo un continente.

¿Y el pueblo llano, se salva? Tampoco. No se puede vivir arrodillados permanentemente mirando al cielo por si obra el milagro. Los africanos en general, hemos relegado nuestras responsabilidades, renunciado nuestro ser para convertirnos en objetos manejables y manipulables por eso, algunos nos escapamos para buscar fuera lo que no tenemos en casa, otros se rinden y han decidido sobrevivir, todos insensibles y antipáticos. El lema generalizado de muchos africanos es: «sauve qui peut» (sálvase quien puede y como puede).

Así que, ni con todas las visitas papales, ni con esloganes como: «Cristo es nuestra luz y nuestra esperanza«; «Allahu Akbar» (Dios es grande); «In sha’Allah» (Si Dios quiere), etc, etc; hasta que los africanos no cambiemos nuestros corazones de piedra en corazones de carne, no prioricemos el saber, la ciencia, los principios y la cultura antes que la brujería, prácticas religiosas absurdas y sincretistas, el odio, el egoísmo, el primitivismo y la envidia; África seguirá donde está, y estamos llamados derechitos al infierno porque, el Dios que nos ha hecho sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Así de claro.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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Un comentario

  1. La historia del continente es tan viejo como Matusalén. El odio, la pobreza moral, intelectual y personal es ley de vida. Si analizamos el concepto de la vida en África acabaremos odiando nuestro propio color de piel.
    Quien creo la esclavitud? Quien vendió a sus hermanos por una botella o una silla?
    Estoy convencido que este continente es maldito porque todos hemos contribuido a la generalización de todo tipo de pobreza. Lideres? Asistimos a la diatriba de unos locos paternalistas que ni siquiera son conscientes, ni tampoco saben de que hablan. Si analizamos concretamente sus estructuras mentales nos daríamos cuenta de los disturbios que les acompaña.
    Le di la espalda al continente africano porque no hay otra cosa que hacer. Siempre digo a mis amigos que el discurso de Dakar de 2007 lo dice todo.
    Los mandatarios africanos y sus séquitos practican rituales raros y mantienen viejas costumbre o tradiciones que frenan todo tipo de desarrollo.
    Y el colmo , es que se creen ser únicos, irreemplazables en la estupidez. Vaya vida que tienen los africanos!

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