
La diplomacia de la picardía al rescate de la tiranía
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Conforme se releva en una anterior tribuna (Radio Macuto, 03 de diciembre de 2024, «Tras 12 años de ensayo, se estanca el plan de sucesión dinástica«), el proyecto de continuidad de la dictadura suscita, a día de hoy, el rechazo generalizado de todos los guineoecuatorianos (sin distinción de credo político). Ante todo porque tiende a legitimar una patrimonialización del Estado por parte de la familia Obiang (como la que impuso, otrora, la familia Bongo en la vecina república gabonesa) incompatible con la noción misma de Estado, y en la medida en que el balance económico y socio-político del País es, tras 46 años de férrea dictadura, rotundamente desastroso.
En el escenario internacional, a pesar de la intensa campaña de imagen urdida por el régimen, los recientes pronunciamientos de la Corte Internacional de Justicia y del Tribunal Supremo español testimonian (de manera apodíctica) de la naturaleza ultra represiva y cleptocrática del régimen. En efecto, a través del proceso seguido por la Audiencia Nacional española contra Carmelo Ovono Obiang (alias Didi) y sus colaboradores, por los delitos de secuestro, tortura y asesinato de disidentes, se vislumbra la implacable persecución de la disidencia, al fin de confortar el unanimismo de fachada sostenido por la pseudo coalición PDGE – Oposición democrática (de todos los partidos legalizados). Por su parte, el proceso seguido contra Teodorin por malversación y blanqueo de fondos públicos (anudado a causas análogas seguidas en varios países como los Estados Unidos, Suiza, España, Brasil, Suráfrica, etc) rinde cuenta del inconmensurable daño económico irrogado al Estado guineoecuatoriano desde hace 46 años, y que redunda literalmente en el acaparamiento de todos los recursos financieros del Estado por la oligarquía gobernante.
En el descrito contexto de desacreditación internacional, tras ser compelido a suspender el proyecto de base militar china de Bata, el régimen arguyó inicialmente la excepción de soberanía, antes de verse obligado a alinearse a todas las exigencias formuladas por la administración Trump (suspender el referido proyecto de base militar, acoger a los inmigrantes ilegales expulsados de los Estados Unidos, etc). Al propio tiempo, la tiranía más longeva del mundo reforzó simultáneamente el vínculo con sus tradicionales aliados internacionales del llamado «eje del mal» (Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, etc), con los que comparte un larvado pero visceral anti-americanismo primario. Un equilibrismo diplomático con el que el régimen pretende garantizar su propia supervivencia a través del plan de sucesión dinástica.
En efecto, bajo la anterior administración del demócrata Joe Biden, el régimen recurrió al inesperado apoyo de su antiguo lobby Cassidy and Associates para templar la protesta contra el proyecto de base naval china (cuya existencia fue confirmada por los mismos servicios de inteligencia norteamericanos). Si bien no pudo reconducir dicha tregua diplomática frente a la administración conservadora de Donald Trump (visceralmente opuesta al expansionismo militar chino), si no fuera con el inestimable apoyo del Vaticano (socio histórico de la dictadura Obiang), dirigido desde el fallecimiento del Papa Francisco por el cardenal norteamericano Robert Francis Prevost (Papa León XIV). Cuya designación supone una convergencia ideológica con la administración Trump, la cual se desmarca de la oposición de su predecesor a la política migratoria del presidente Trump (llego a afirmar a tal efecto que «una persona que quería construir muros en lugar de puentes no era cristiana»).
Las relaciones turbias entre el prelado católico y el régimen Obiang rozan la indecencia y no requieren ilustrarse (véase la abyecta nominación del tirano al premio nobel de la paz por el diacono Anacleto Olo Mibuy, la presencia de ese último y de Fernando Ignacio Ondo Ndjeng en todas las instancias del PDGE y organizaciones afines, la omnipresencia del arzobispo Juan Nsue Edjang, asesor espiritual del tirano Obiang y primo del ideólogo extremista Lucas Nguema Esono Mbang alias Luquito), etc. Desde el blanqueo de fondos públicos a través del Banco Vaticano (investigado por blanqueo de montos astronómicos, véase las más de 20.000 cuentas opacas reveladas por vatileaks, véase asimismo los depósitos realizados en JP Morgan por valor de 1.800 millones de euros), pasando por la financiación opaca de la construcción de la basílica de Mongomo, de iglesias e inmuebles laicos, la rehabilitación de la catedral de Malabo, gastos de funcionamiento, donaciones, etc. Todo ello a cambio de la implicacion del prelado en las bajas labores de vigilancia política de los feligreses (en claro, de chivatos de la llamada seguridad nacional).
Desde dicha confianza, el Papa León XIV recibió en audiencia al tirano Obiang el 28 de junio de 2025, quien se reunió también con Paul Richard Gallagher, Secretario para las relaciones con los Estados y las organizaciones internacionales, y con Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano. Cuya finalidad oficial fue la evaluación de la relación bilateral (contribución de la Iglesia Católica en los ámbitos socio-cultural y sanitarios, así como en el desarrollo humano) enmarcada en el concordato entre la Santa Sede y la República de Guinea Ecuatorial. En realidad, los referidos encuentros sirvieron de marco preparativo de la campaña diplomática desplegada posteriormente por Teodoro Nguema Obiang en los EE.UU con motivo de su participación en las reuniones de la Asamblea General de la ONU. Una gira que llevó al heredero putativo de la dictadura a mantener breves reuniones con el secretario de Estado adjunto y con representantes de la Cámara de Comercio y del sector privado. Tras lo cual el régimen hizo alarde del consabido triunfalismo, al lograr que el delincuente Teodorin fuera rehabilitado por las autoridades judiciales norteamericanas y fuera autorizado nuevamente a viajar libremente en dicho país (eso así, al amparo de su inmunidad de función!).
Continuará.







