
La CEEAC pide consolidar los “avances democráticos” en Gabón desde una cumbre organizada en Malabo
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Según informa el digital gabonés Agence Équateur, el presidente de Gabón, Brice Clotaire Oligui Nguema, participó el lunes 1 de diciembre de 2025 por videoconferencia en la 8ª sesión extraordinaria de la Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC), celebrada en Malabo bajo la presidencia del dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.
De acuerdo con esta versión oficial, los trabajos de la cumbre se centraron en la situación política y de seguridad en África Central. Los jefes de Estado presentes felicitaron “los avances en materia de estabilidad”, citando expresamente a Gabón, donde la transición posterior al golpe de agosto de 2023 desembocó en la elección de Oligui Nguema en abril de 2025 con más del 90 % de los votos, y a Camerún, tras su reciente proceso electoral. La declaración final exhorta a “consolidar los logros democráticos” y promete acompañar los procesos electorales de la subregión.
La puesta en escena tiene una fuerte carga simbólica. La CEEAC fue la organización que suspendió a Gabón tras el golpe de Estado que derrocó a Ali Bongo el 30 de agosto de 2023, antes de rehabilitar al país en marzo de 2024 una vez iniciado el calendario de transición. Ahora, con Gabón reintegrado y Oligui ya instalado como presidente electo, los mismos jefes de Estado que avalan el nuevo orden político presentan esa transición como un ejemplo de “retorno al constitucionalismo”, pese a la concentración de poder en manos de los militares reciclados en civiles y a unas elecciones cuestionadas por la oposición.
No deja de ser llamativo que este discurso sobre “avances democráticos” salga de una cumbre presidida por Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, en el poder en Guinea Ecuatorial desde 1979, considerado uno de los dirigentes más autoritarios del continente y actual presidente en ejercicio de la CEEAC. Desde Malabo, un país donde no hay alternancia, la represión política es estructural y los procesos electorales están diseñados para garantizar mayorías rondan el 100 %, se envían mensajes de ortodoxia democrática hacia Libreville, como si el régimen que controla la organización regional fuera un modelo a seguir.
El comunicado difundido por la prensa gabonesa subraya que los jefes de Estado saludaron la “estabilidad” alcanzada en Gabón bajo el mando de Oligui Nguema y la “pacificación” del clima político tras las presidenciales. Sin embargo, esa lectura omite las zonas de sombra que acompañan al nuevo poder: una economía fuertemente endeudada, una escena política aún dominada por las viejas redes del régimen Bongo reconfiguradas alrededor de la figura del general golpista, y un espacio cívico donde la crítica sigue siendo vigilada de cerca. Las promesas de “cero impunidad” frente a los crímenes económicos de la antigua familia presidencial se han ido diluyendo al mismo tiempo que se negociaban discretamente las condiciones de su exilio.
Más allá del caso gabonés, la cumbre de Malabo menciona también focos de preocupación en el Chad y en la región congoleña de Kivu Norte, donde continúan las crisis de seguridad y los desplazamientos masivos de población. Pero, una vez más, las respuestas sugeridas se limitan a fórmulas genéricas: llamamientos a la calma, reiteración del compromiso con la paz y la estabilidad, y promesas de apoyo a procesos electorales que, en demasiadas ocasiones, se reducen a formalidades destinadas a legitimar a los mismos que ya controlan las armas y los recursos.
Para Guinea Ecuatorial, sede de esta reunión, la fotografía tiene una doble utilidad. Por un lado, refuerza la imagen de Obiang como “estadista regional” preocupado por la paz, mientras su propio país figura en los informes internacionales como uno de los peores en materia de derechos humanos, corrupción y libertades públicas. Por otro, convierte a Malabo en escenario obligado de las grandes citas diplomáticas de África Central, un escaparate que el régimen explota a fondo para contrarrestar las denuncias internas y externas sobre la realidad guineoecuatoriana.
En Gabón, la transición que hoy la CEEAC presenta como caso de éxito sigue abierta. Los apagones masivos que han sacudido el país durante meses, las tensiones sociales y la fragilidad económica demuestran que el “nuevo Gabón” de Oligui Nguema encara desafíos profundos, que no se resuelven con comunicados llenos de buenas intenciones ni con avales regionales. La consolidación de los avances democráticos no se mide en cumbres ni en fotos de familia, sino en la capacidad real de garantizar alternancia, justicia y control sobre quienes manejan el poder.
Desde esta página seguiremos observando con atención este doble juego: por un lado, una organización regional presidida por uno de los dictadores más longevos del mundo, predicando democracia a sus vecinos; por otro, unas élites que se legitiman mutuamente mientras sus pueblos pagan la factura de la inseguridad, la pobreza y la ausencia de libertades.
La pregunta, una vez más, es la misma: ¿a quién sirven realmente estas cumbres, a los ciudadanos de la región o al pequeño círculo de dirigentes que se reparten títulos, presidencias rotatorias y discursos solemnes sobre una democracia que nunca llega a sus propios países?







