
La Carta de rendición de Emilio Nsue
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LA FALTA DE PALABRA DEL GUINEANO ME HA HECHO NO VOLVER A PONER LA MANO EN EL FUEGO POR NADIE.
Por José Eugenio Nsue
Si bien la esperanza y el optimismo son las actitudes que deben acompañar siempre al creyente a lo largo de su vida porque la fe le demuestra y enseña que nada es eterno bajo el sol, todo cambia mientras atravesamos las turbulencias en nuestra existencia, cuando los infortunios se apoderan de uno, ahí es donde la esperanza y el optimismo actúan para que no caigamos en la desesperación. En cambio, tratándose de la República de Guinea Ecuatorial y vistos el comportamiento y el proceder de los guineanos, no merece la pena seguir albergando las esperanzas de que algún día van a cambiar, ni mucho menos confiar en su palabra porque no la cumplen, se olvidan que la persona sin palabra, es como una hueca campana.
Haciendo un poco de memoria de nuestro país, podemos constatar que por faltar e incumplir la palabra dada, los políticos han traicionado y se han visto traicionados; no ha sido posible llegar a formar alianzas, cerrar pactos, hacer equipos, unirse para presentar un proyecto común para la nación; por esa falta de compromiso y seriedad, por la actitud traicionera y soberbia mientras los parientes avispados y oportunistas de los Nguema, ayudados por los traidores y falsos patriotas, han aprovechado para hacerse con el poder y perpetuarse en él desde hace más de 55 años. Desde el golpe de Estado de 79, entre la clase política llamada oposición guineana, no está siendo posible aunar los esfuerzos, articular una plataforma conjunta para combatir y acabar con la dictadura y ofrecer una verdadera alternativa, presentar un proyecto de país simplemente por las traiciones, desconfianzas y por faltar a la palabra dada. ¿Cuántas tumbas llenan los cementerios a lo largo y ancho del país por la traición de aquellos que habían dado su palabra y confiado y luego se vieron traicionados mientras que los traidores como si nada han continuado con su actitud favorita: traicionando?
Uno pensaba que esa costumbre de faltar a la palabra dada y traicionar era exclusiva a los guineanos, estaba en el ADN de los guineanos homogéneos (de padres guineanos), nacidos, crecidos y desarrollados en el país aunque hubieran ido a estudiar y vivir fuera; que se dé también en los guineanos heterogéneos o mixtos (los de padres de distintas razas o nacionalidades), nacidos, crecidos y formados lejos de Guinea como el caso de Emilio NSUE, desconcierta aún más; hasta hace concluir efectivamente que es algo consanguíneo, consustancial, lo llevamos en la sangre; es decir que la incoherencia, la traición, la sinvergonzonería y el incumplimiento a la palabra dada son características inherentes de los guineanos sea de la naturaleza que sea, habiendo nacido y criado dentro o fuera del país.
No hace nada, a finales de enero del presente año, nos escandalizamos con el Comunicado que la FEGUIFUT, Federación Guineoecuatoriana de Fútbol, había sacado en el cual se expulsaba a Emilio NSUE, flamante ganador de la Bota de oro de la CAN 2024, y a Iban SALVADOR, por «incurrir en varios episodios de indisciplina antes, durante y después de la participación de la Selección en el torneo de Copa de África». Acto seguido, Emilio NSUE, herido en su orgullo y ultrajado por la Federación, se despachó a gusto primero en las redes sociales y después delante de todos los miembros de la Federación y en las mismas narices del corrupto e inútil mayor de la República bananera de Guinea Ecuatorial y actual Jefe de Estado interino, el heredero del trono, Nguema Obiang, y su percebe Ministro de educación y deportes, Engonga Nguema Onguene, llamándoles lo que son: «analfabetos», «ladrones», «corruptos», «cánceres»… además, ratificó ante el Putin nacional su decisión de no volver nunca más a la Selección ni él, ni sus compañeros (19 de los 25 integrantes de la Selección Nacional son hispanos), mientras seguían al frente de la Federación los ‘cánceres’ y ‘chorizos’ que esquilman a la Federación y se benefician de la institución, la arruinan y no hacen nada en favor del deporte en el país. El enajenado Ministro llegó a manifestarse públicamente disparates y barbaridades tales como que: «el pueblo entero tiene que elegir a los jugadores que han de participar en la selección», «el entrenador tiene que pasarle la alineación antes que la sepa todo el mundo»; además, «tiene que seguir las sabias orientaciones de Su Excelencia (el dios-Obiang) y aplicar sus instrucciones tácticas…»
Todo el mundo creyó encontrar en Emilio NSUE un atisbo de esperanza, una chispa de luz al final de ese largo túnel en el que atraviesa el país de las interminables dictaduras de los parientes Nguema. El suscribiente se alegró muy especialmente porque por fin, creyó ver a un joven guineano valiente, capaz de decir delante del que se creen intocable, que hasta entonces nadie había osado contrariar; de manera educada, pero contundente, defendió tanto su honorabilidad como la del resto de su compañeros. El tocayo NSUE llegó a decir al todopoderoso heredero del trono que «según los valores que le habían inculcado sus padres y los que rigen en la sociedad que le vio nacer y vive, no podía rebajarse hasta esos niveles ni dejarse pisotear ni humillar por unos analfabetos».
A penas han pasado tres meses, este mismo Emilio nos sale ahora con una Carta de rendición que concluye así: «por lo tanto, quiero comunicaros que, tanto yo (Emilio NSUE), como los capitanes y el resto de los compañeros, volveremos a la Selección en la próxima convocatoria de junio, para que todo el pueblo de Guinea Ecuatorial siga soñando, riendo, bailando, sufriendo, celebrando e intentando de lograr los objetivos». También en la misma justifica su marcha atrás de su decisión por la «reunión/charla privada mantenida con Su Excelencia el Vicepresidente quien le había prometido muchos cambios».
Mi querido tocayo; me siento engañado y muy decepcionado, y pienso que como yo muchos más paisanos. Al igual que el régimen representado por el que llamas Su Excelencia el Vicepresidente y Hermano Mayor, vuestra palabra vale cero a la izquierda; los valores que aludes, brillan por su ausencia porque un hombre, una persona que se precia su SÍ es SÍ, y su NO es NO; no es vuestro caso. Claro que vamos a seguir soñando, pero soñaremos con nuestras pesadillas de que ni siquiera las nuevas generaciones son capaces de cambiar el estado de cosas, ni la historia de Guinea; vamos a seguir riendo, pero nos reiremos del ridículo que os van a hacer pasar (la FIFA acaba de poner a Guinea en su sitio, acostumbrada a hacer trampas y a engañar, a eso os prestáis y contribuís. Estos son los valores del régimen: el engaño, la corrupción y la mentira) y del que vosotros mismos vais a hacer al volver a una selección de cuyos dirigentes siguen siendo los mismos que os humillaron y a los que llamasteis analfabetos y ladrones; y vamos a seguir sufriendo, sufriremos por vosotros y por la suerte que os espera ya que Roma no paga a traidores. El régimen criminal de los Obiang y por ende la maligna familia que lo dirige es tan vengativa como asesina, nadie de los que le ha llevado la contraria se ha escapado de sus fauces, ni lo ha contado.
Tu Hermano Mayor no ha tardado segundos para colgarse las medallas por tu rendición: «esta idea demuestra la contundencia y sensatez de mi mensaje…» ¿Desde cuándo esos individuos han cumplido con su palabra o con sus promesas; por qué lo iban a hacer contigo, Emilio NSUE? ¿No hubiera sido más lógico exigirle que cumpla lo que te prometió en privado antes de recular y quedarse como un falso? Desde que te convocó a aquella bochornosa y ridícula reunión de «reconciliación», y tras dejarles con el trasero al aire, ¿no ha tenido tiempo suficiente para acometer reformas en su administración, cesar ipso facto al inútil y senil Ministro de educación y deportes por incompetente, bruto y retrógrado y a toda la cúpula de la Federación por analfabetos y ladrones acreditados por ti? Y si no lo ha hecho hasta ahora, ¿por qué crees que por haber hablado contigo en privado, es cuando lo va a hacer y va a cumplir con su palabra? Ingenuo.
Ya sois unos cuantos los que me habéis decepcionado, después de celebrar, alabar, ensalzar y poner en valor vuestras actuaciones, gestos e iniciativas; con que eran sólo espejismos. Ya no vuelvo a poner la mano en el fuego por los guineanos; me estoy quedando manco por habérmelas quemado tantas veces. La misma realidad observada más de dos veces, no se puede juzgar por casualidad. El guineano no tiene palabra.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?








