Cuarenta y siete lluvias y el calendario que aprendió a obedecer

La nueva #Reverxión de Christìa Nsang Esimi recorre 47 años de poder de Teodoro Obiang a través del miedo, la corrupción, la emigración y una memoria que se resiste a obedecer.

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En su nueva #Reverxión, Christìa Nsang Esimi, vuelve sobre Guinea Ecuatorial con una medida del tiempo que el régimen no puede alterar por decreto: 47 lluvias desde aquel 3 de agosto de 1979. Entre el nkúú, el abáá, el INSESO, el dinero público, los que se marcharon y quienes siguen esperando, la pieza desemboca en aquello que casi medio siglo de poder no ha conseguido administrar: la memoria.

Cuarenta y siete lluvias.

Podrían ser cuarenta y siete años, cuarenta y siete aniversarios o cuarenta y siete ceremonias del llamado Día de la Libertad. Pero Christìa Nsang Esimi prefiere contar el tiempo como lo cuenta la tierra.

La lluvia llega, cae, se marcha y vuelve.

El poder, desde aquel 3 de agosto de 1979, permanece.

«El calendario aprendió a obedecer», dice la reverxión. Y ahí cabe buena parte de la historia reciente del país. Han pasado gobiernos, ministros, empresas, planes económicos y generaciones enteras. En la Presidencia sigue Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.

Nsang Esimi recorre ese tiempo desde aquello que los aniversarios oficiales prefieren dejar fuera. Habla de expedientes, millones, INSESO, cotizaciones, salarios y pensiones; de un país donde el dinero circula por determinados despachos mientras demasiada gente continúa esperando lo elemental.

Aparecen nombres, empresas e instituciones. No como piezas de un único expediente judicial, sino como imágenes de una Guinea Ecuatorial donde poder, familia, negocios y Administración llevan décadas cruzándose demasiado cerca.

Después vuelve agosto: desfiles, marchas y discursos sobre la libertad. Frente a esa escenografía, la reverxión coloca nombres propios, presos, desaparecidos, torturados y relatos todavía pendientes. Los 47 años dejan entonces de ser una cifra y pasan a medirse en vidas.

También en despedidas.

Los ancianos entregan la palabra. Los jóvenes entregan sus pasaportes al océano. Desde Annobón hasta Bioko, desde el Wele hasta Río Campo, Nsang Esimi convierte la emigración en «el idioma que todos entienden».

Y vuelve el nkúú.

Fang. Bubi. Ndowé. Bisio. Fernandino. Criollo. Annobonés.

La llamada no borra las diferencias. Reclama que esas diferencias no sigan sirviendo para separar a quienes comparten el mismo país y han vivido bajo el mismo calendario.

Cuarenta y siete años han bastado para que los niños de 1979 sean hoy abuelos. Otros envejecieron fuera. Muchos jóvenes no han conocido otro presidente.

Ahí está la medida más incómoda de esta #Reverxión.

El Wele continúa corriendo. La ceiba sigue echando raíces. El nkúú conserva su sonido.

El poder consiguió que el calendario obedeciera durante 47 lluvias.

La memoria, todavía no.

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