
La actualidad no conoce vacaciones
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Por José Eugenio Nsue
Cuánta razón tienen los que afirman que la felicidad no consiste en la posesión de bienes materiales, ni del dinero, ni el poder sino en el disfrute de momentos e instantes de satisfacción que la vida te va dando cada día; reconocer, agradecer a Dios por la vida y valorar y apreciar lo que se tiene y no codiciar ni amargarse por lo que no se tiene ni está al alcance de uno. La insatisfacción, el no darse cuenta de lo afortunados que somos algunos por tener salud, un trabajo digno y estable que le permite realizarse como persona, tener una familia, hijos y poder cuidarlos, formarlos y educarlos; poder dormir con la conciencia tranquila por el deber cumplido, no haber acusado falsamente, traicionado, asesinado, envenenado, maltratado, usurpado ni robado a nadie; nos estresa y nos amarga.
Gestos como coger las vacaciones para desconectarse de la rutina y el estrés diario, poder viajar, descansar, leer, disfrutar de la familia, el ocio y la naturaleza; alimentar el espíritu con la meditación y poder observar los acontecimientos de cada día como un espectador antes de volver al tajo, llena más que poseer todo el oro del mundo, más que mandar, tener el poder de matar, maltratar o dormir en los palacios y mansiones; le hace ver a uno la realidad con otra perspectiva.
Lo que es normal en muchos países como son las vacaciones, disfrutar de la familia, la naturaleza…, gracias al trabajo de cada uno y los salarios dignos que perciben que les permite vivir; en la Guinea de los Obiang, resulta un privilegio, un lujo al alcance de unos pocos ya que para la inmensa mayoría de los guineanos trabajando o no, no les llega ni siquiera para cubrir las necesidades básicas; más del 80% de los guineanos no tienen garantizadas las tres comidas básicas diarias; los estudiantes que estudiaron en Bioko y la Región Continental, siguen atrapados sin poder desplazarse a sus respectivos pueblos por falta de transporte (no hay barco y los escasos vuelos cuestan un ojo de la cara; precios prohibitivos para las familias que por otra parte son súper numerosas). Por estas y otras razones, es imposible que puedan permitirse el lujo de coger las vacaciones, hasta hablar de ellas puede parecer una provocación u ofensa; ¿cómo hablarles del ocio y relajación si a penas viven como personas? De ahí la lucha sin cuartel ni tregua contra el régimen para que si no todos, por lo menos una gran mayoría pueda vivir como se vive en los demás países, trabajar y cobrar como se hace en todo el mundo civilizado, y pueda disponer de lo necesario.
A pesar del tiempo estival que invita al relajo y divertimento, la actualidad y los sucesos no paran de producirse y no deja uno de sorprenderse de los comportamientos y las actitudes de ciertos individuos que si no fuera porque su número aumenta alarmantemente cada vez más y empieza a no ser sólo un síntoma sino una realidad de nuestra sociedad, a pesar de los discursos complacientes de los gobernantes y los medios de comunicación afines tratando de quitar la importancia como es el caso del racismo en España que está dando señales inequívocas de estallar en cualquier momento.
No habíamos superado el «linchamiento» público a Vinicius en muchos campos de fútbol por ser negro y brillar entre los blancos que se sienten una raza superior, purísima, aria de la península ibérica; ahora estamos asistiendo a otro linchamiento, el de la Miss Universo Murcia 2023, la modelo Athenea PÉREZ, quien está recibiendo duros insultos, comentarios y gestos ofensivos tanto por la calle como por las redes sociales, ¿motivos?: ¡¡ no tener rasgos murcianos, ser mulata y por ende, no puede representar a la región!! «De murciana no tienes nada»; «estás más indicada para Miss Marruecos»; algunas lindezas que le dicen.
He tenido que pasar 30 años en España para saber que cada región de este país o los estados unidos de España tenía raza y rasgos propios característicos, grupo sanguíneo propio y el ADN especial inconfundible. Decirle a una chica nacida en Murcia, de padre murciano y madre guineoecuatoriana que no tiene nada de Murcia, pero sí todo de su madre menos su apellido que no aparece cuando hablan de ella hasta los medios de comunicación; si esto no es racismo y discriminación, que venga Dios y lo vea; que esto pase cuando gobiernan los que se definen como los adalides, promotores y defensores del pluralismo, la integración y la igualdad. Que se sepa, nadie del mundo del feminismo ha colgado un tuit apoyando y solidarizándose con la atacada; ¿qué hubieran dicho y pasado si esos ataques racistas ocurriesen con los retrógrados e inquisidores de VOX y PP en el gobierno? En esa cuestión de los inmigrantes, el racismo y la intolerancia hay mucho ruido y pocas nueces.
Llama igualmente la atención la inquina y la violencia con las que los jóvenes franceses de origen africano, generalmente magrebí, utilizan para atacar a los cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado, destrozar el inmobiliario público y crear pavor en las calles de las ciudades de su propio país. No desaprovechan cualquier excusa o chispa para salir a la calle y liarla parda. Esta vez la excusa ha sido la muerte de un adolescente diecisieteañero de origen argelino en manos de la policía tras ser parado en un control y el chaval quiso escaparse, un agente le disparó matándole; un hecho execrable, condenable y censurable, pero de ahí a quemar, encendiar y destrozar todo lo que encuentran a su paso para expresar su indignación y disconformidad, no se justifica además, que lo hagan unos adolescentes menores de edad muchos que son la segunda y tercera si no cuarta generación de inmigrantes que no han conocido otra realidad desde que nacieron ni nunca han visitado ni estado los países orígenes de sus padres, abuelos y bisabuelos (Kylian Mbappé lo está haciendo ahora a sus 24 años por primera vez); que digan que no se sienten franceses, solo lo son por el pasaporte, demuestra la nula política y ganas de integración de ambas partes: el estado francés y los parientes de esos jóvenes. Cuando se creía que Francia, Inglaterra, Holanda Canadá o los mismos Estados Unidos por fin habían alcanzado una plena integración después de siglos de ignominia, salvajismo, esclavitud, holocaustos, colonizaciones y segregación racial; en esos países se puede ver a equipos de fútbol, baloncesto, tenis, gimnasia o atletismo nacionales multirraciales: «Les Bleux» (Selección nacional de Francia) están formados prácticamente por franceses negros y magrebíes; políticos de primer nivel han sido hijos de inmigrantes: Nicolas Sarkozy (ex Presidente galo), Manuel Valls (ex Primer ministro y ex ministro del interior francés), Ana Maria Hidalgo Aleu (actual alcaldesa de París), Rachida Dati (ex ministra de justicia con Sarkozy); Barack Obama (ex Presidente de EEUU), Colin Powell (político, diplomático y General de Cuatro Estrellas de EEUU); Rashi Sunak (actual Primer ministro británico), etc, etc; ¿qué les pasa a esos jóvenes que crecen con tanto odio, rencor y amargura contra el país que les vio nacer y les ha dado a ellos y a sus progenitores las oportunidades de prosperar y labrarse? ¿Quién les ha inoculado tanto odio en sus venas; a caso la religión tiene algo que ver? ¿Qué se saca utilizando la violencia como una herramienta de reivindicación? Y los ultra y extremistas que están creciendo de nuevo en todo el mundo, ¿a caso no han aprendido a lo largo de la historia de lo que el odio, la segregación racial, el nazismo, los exterminios, los ku klux klan… hicieron; dónde tienen la cabeza?
Menos mal que algo bueno ha pasado en la África negra, concretamente en Senegal. Tras una contundente movilización y multitudinarias manifestaciones populares, el Presidente Macky Sall ha tenido que recularse de su intención de perpetuarse en el poder cambiando la Constitución para presentarse por tercera vez en las próximas elecciones presidenciales del próximo año 2024, y liberar al principal opositor Ousmane Sonko al que quería enchironar y apartarle de la carrera electoral. Ya es momento de que los africanos negros se den cuenta de que los derechos no se regalan, se conquistan y se defienden; llorar, lamentar sentados al borde de los caminos y culpar a los demás, al Occidente, al mismo tiempo esperar a que vengan a salvarles; es pueril y cobarde.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?








