
Filas en el llamado supermercado de Annobón para conseguir artículos de primera necesidad
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La fotografía muestra a decenas de annoboneses en fila frente a un pequeño chiringuito donde se venden artículos básicos como jabón y algo de comida. El cartel sobre la puerta lo bautiza como Supermercado Annobón, aunque la realidad dista mucho de esa definición. Para la población de la isla, este improvisado punto de venta es la única esperanza de abastecerse, aun cuando los productos son escasos y el acceso está marcado por largas esperas.

En un país que nada en la riqueza petrolera, la realidad annobonesa contrasta con los discursos oficiales que hablan de “prosperidad y desarrollo”. La población depende de un solo establecimiento para abastecerse, un reflejo de la precariedad estructural que sufre el pueblo desde hace décadas
Lo que debería ser un derecho garantizado, el acceso a alimentos y artículos básicos, se convierte en una lucha cotidiana, marcada por colas interminables y la resignación de un pueblo acostumbrado al abandono.
El rótulo que anuncia “supermercado” no hace sino subrayar la burla.
La vergüenza no está en la paciencia del pueblo annobonés, sino en un régimen que condena a sus ciudadanos a vivir entre la escasez y la propaganda.








Impotencia ante la situación de los annoboneses