
Cooperación Pekín-Malabo: un ferry a medida para financiar la propaganda y la deuda del clan Obiang
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El Gobierno de Guinea Ecuatorial acaba de validar el diseño técnico de un ferry nacional con la empresa China Road. El proyecto marítimo, valorado en miles de millones y remitido al presupuesto, sirve como nueva vitrina para la oligarquía de Malabo. Detrás de las promesas de confort se esconde una dependencia cada vez mayor de Pekín y un nuevo agujero financiero que acabará pagando el contribuyente.
Por OLBIF
Es la fórmula mágica del régimen autocrático de África Central: anunciar obras grandiosas para hacer olvidar la quiebra social del país. La semana pasada, el aparato de Estado de Malabo escenificó una reunión para validar los planos de un futuro ferry nacional, diseñado por la multinacional china China Road. El acto, ampliamente difundido por los canales de propaganda de la dictadura, ilustra una vez más la estrategia del clan Obiang, acostumbrado a las inversiones vistosas financiadas con endeudamiento.
Alrededor de la mesa se movilizó toda la burocracia de Malabo. Honorato Evita Oma, el hombre al frente de Transportes, y Alberto Ndong Obiang Lima, su adjunto, estuvieron rodeados por los obligados del palacio: los consejeros presidenciales Joaquín Elema y Juan Mañe, sin olvidar al director de puertos, Tito Nguema. Aquella reunión no hizo más que validar un acuerdo político sellado el 4 de abril de 2025 en Pekín bajo la supervisión directa de Teodoro Nguema Obiang Mangue, alias “Teodorin”, el vicepresidente impuesto por la dinastía reinante.
Las características técnicas del buque mixto de carga y pasajeros, tipo Ro-Pax, se presentan como una revolución: capacidad de carga de 1.500 toneladas, autonomía de 1.200 millas náuticas, espacios refrigerados y sistemas de climatización para conectar Malabo, Bata, Annobón y Corisco. Pero la realidad económica resulta mucho menos brillante. El proyecto ha sido remitido a la conferencia presupuestaria para su financiación. Dicho con claridad: el dinero del petróleo, confiscado por la oligarquía, ya no basta, y el pueblo tendrá que endeudarse aún más con Pekín para pagar este buque, cuya construcción debe durar un año.
Para entretener al público, los responsables oficiales afirman haber formulado más de diez observaciones técnicas. Esa puesta en escena busca hacer creer que el régimen controla los expedientes, cuando en realidad entrega las infraestructuras estratégicas del país a los intereses de China. Este proyecto de ferry, equipado con pantallas de entretenimiento para ocultar la miseria, retrata las prioridades de una dictadura desconectada. En Guinea Ecuatorial, la urgencia no está en el confort de los barcos de lujo, sino en el acceso a la democracia, a la libertad de expresión y a una distribución justa de las riquezas nacionales confiscadas desde 1979.











