
Expulsados de Annobón los radioaficionados del Mediterráneo DX Club pese a contar con licencias y equipos homologados
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La isla de Annobón, que el régimen vende en redes como destino paradisíaco, volvió a mostrar su condición de territorio militarizado y censurado, donde cámaras, micrófonos y antenas se perciben como amenazas. El Mediterráneo DX Club, un grupo internacional de radioaficionados, llegó con todo en regla: doble licencia (3C3W en Bioko y 3C0W en Annobón), visados, equipos homologados hasta 2027, tasas pagadas y hasta un plan para que un inspector de ORTEL volara a la isla a verificar sus transmisiones. Nada de eso sirvió.
El 6 de septiembre, al aterrizar en Annobón, fueron retenidos por el comisario Silvestre, quien confiscó su equipaje alegando falta de permiso del Ministerio de Seguridad. Tras varios días sin respuesta, el gobernador militar de la isla activó al aparato represivo y decretó su expulsión. Escoltados a Malabo, los expedicionarios pasaron la noche en la gendarmería. Allí, un representante de ORTEL revisó los equipos y confirmó que todo estaba en regla. La única “infracción” señalada fue haber llegado sin la presencia física del inspector de ORTEL, aunque la tasa de esa inspección ya estaba pagada.
El caso se repitió en Bioko. En Luba, el Club tenía una licencia provisional válida hasta el 23 de noviembre de 2025, tramitada bajo protocolo 590-04-07-025. Sus equipos estaban homologados hasta 2027, con certificados ORT1011RA y ORT1010RA, y la actividad había sido notificada al Ministro de Defensa. En su carta al gobierno, el presidente del Club, Antonio Cannataro, lo explicó sin rodeos:
“No alcanzamos a comprender las razones que han motivado esta revocación, puesto que todas las Directivas Nacionales aplicables han sido estrictamente cumplidas (…) Nuestras actividades son exclusivamente científico-técnicas (…) Manifestamos nuestra plena disposición a cubrir los gastos de estancia de un técnico de ORTEL o de Seguridad Nacional, a fin de garantizar la supervisión y el control directo de nuestras actividades”….
El engranaje represivo se entiende mejor si se mira quién controla ORTEL. El hombre al frente del organismo no es otro que Vicente Nze Elomba, hijo de Agustín Nze Nfumu, histórico del régimen y popularmente considerado como el “Goebbels de la dictadura de Malabo”. Según Mediterráneo DX Club, Nze Elomba dirige hoy el organismo regulador, en un contexto en el que ya estaban previstas otras expediciones para conocer distintos puntos del país. Este dato revela cómo el miedo escénico a las cámaras y micrófonos se traduce en un control obsesivo de cualquier actividad que pueda mostrar la realidad de Guinea Ecuatorial más allá del relato oficial.
Mientras tanto, el gobierno presume en redes de un “turismo de élite” que solo existe en propaganda. La realidad es otra: ocho visitantes que ya han pagado más de 40.000 euros para viajar a Bioko se encuentran bloqueados por órdenes administrativas que nadie se atreve a firmar. En Annobón, más de 5.000 habitantes llevan desde julio de 2024 bajo un apagón digital que los incomunica del mundo, denunciado por organizaciones internacionales como una violación flagrante de derechos.
El caso reciente de un youtuber expulsado de Annobón confirma el mismo patrón, aunque añade una nota de burla a la supuesta “seguridad del Estado”. Con paciencia y astucia, el creador dejó que los agentes revisaran, controlaran y se pavonearan como guardianes de un secreto de Estado. Ellos creyeron que imponían su autoridad, cuando en realidad estaban posando para la cámara de su propia incompetencia. En su vídeo “Me CENSURARON grabando en una ISLA AFRICANA” se ve con claridad cómo lo siguieron paso a paso, convencidos de que borraban la historia, mientras el material de peso estaba ya a buen recaudo. Pese a la falta de conexión a internet en Annobón para impedir que nada saliera de la isla, pero lo único que lograron fue quedar en ridículo como censores borregos, orgullosos de mostrar exactamente lo que el visitante quiso que vieran.
Sea con radioaficionados, con turistas o con un simple youtuber, el resultado es siempre el mismo: la ley no vale nada frente a la arbitrariedad del poder militar. Guinea Ecuatorial expulsa a quienes llegan con licencias, visados y homologaciones, porque lo que teme no son antenas ni cámaras, sino la verdad que esas antenas y cámaras pueden sacar a la luz.







