Mangue Nsue ordena la rehabilitación del cementerio de Ela Nguema sin aviso a las familias

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Un cartel colocado en el cementerio municipal de Ela Nguema anuncia un proyecto de rehabilitación de vías, calzadas, reparación de tumbas e implementación de espacios verdes, con un plazo de ejecución de 14 meses. La empresa encargada es ZAE S.L., y la obra está financiada por la Fundación Constancia Mangue Nsue Okomo (FCMNO), presidida por la primera dama,la «primera en todo«.

El problema es que no ha existido ningún aviso oficial ni comunicado del Gobierno para informar a los familiares de los difuntos. En un país donde la ley es un adorno y la arbitrariedad la norma, intervenir en un cementerio sin consentimiento de las familias equivale a una profanación institucionalizada.

La orden, según fuentes en Malabo, proviene directamente de Constancia Mangue, que instruyó al alcalde para ejecutar la obra. En lugar de concluir el nuevo cementerio de Sampaka, paralizado desde hace años, se ha preferido usar el pretexto de “rehabilitar” tumbas ya existentes.

Esa vieja aspira a algo”, comenta un residente de Malabo, aludiendo al trasfondo político y supersticioso que rodea la decisión. La población recuerda que la familia dictatorial es conocida por su afición a prácticas brujeriles, sacrificios humanos públicos y desapariciones misteriosas, siempre con el objetivo de aferrarse al poder.

La financiación de la obra abre nuevas interrogantes. ¿De dónde saca la FCMNO recursos para un proyecto de tal magnitud? Fuentes nuestras en Malabo apuntan a posibles fondos de origen dudoso, canalizados a través de la fundación para blanquear capitales, en un momento en que se multiplican los contactos de la madre del vicpresidente de su padre con redes internacionales como el Cartel de los Soles, actualmente en desbande tras presiones de la administración estadounidense.

La adjudicación directa a ZAE S.L., sin concurso público ni transparencia, confirma la práctica habitual del régimen: convertir obras públicas en negocios privados al servicio del clan Obiang.

En Guinea Ecuatorial, ni siquiera los muertos descansan en paz. El cementerio de Ela Nguema, en lugar de ser un lugar de respeto y memoria, se convierte en escenario de superstición, negocio y manipulación política. Y es que bajo la dictadura de Malabo, todo, desde los recursos del Estado hasta los huesos de los difuntos, está al servicio de la permanencia de una familia en el poder.

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