
En Guinea Ecuatorial, el grupo electrógeno también llega con uniforme y foto de familia
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Según se ha sabido por publicaciones dictatoriales, el país ha inaugurado una nueva etapa de la “cooperación”; ya no solo aparecen benefactores para calzar a la población juvenil y vestir de propaganda el deporte escolar; ahora también llegan donaciones que alumbran la Universidad. Así, con un acto solemne, discursos de terciopelo y la inevitable foto de familia, la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) recibió el miércoles 14 de enero de 2026 un generador eléctrico donado por el llamado Cuerpo Africano de Militares Rusos, “en colaboración con la Agencia Iniciativa Africana”, en el nuevo campus de Basupú (Malabo). La ceremonia estuvo presidida por el inclito rector Filiberto Ntutumu Nguema Nchama junto al embajador ruso acreditado en Guinea Ecuatorial, Karén Chalyan, y contó con presencia de autoridades del entorno educativo y de Exteriores, según las fuentes arriba mencionadas.

Las mismas fuentes califican el gesto como “sencillo pero cargado de simbolismo”. Y, por una vez, aciertan; el simbolismo es tan grande que casi tapa el ruido del motor. Porque la donación no se presenta como lo que es, un parche ante una necesidad básica, sino como una pieza de museo diplomático. En Guinea Ecuatorial, cuando el Estado no garantiza lo esencial, lo convierte en ceremonia, se agradece, se aplaude, se posa… y se sigue igual.
El detalle que desmonta toda la escenografía lo pronunció el rector sin necesidad de oposición, sin periodistas incómodos y sin preguntas; el generador “vendrá a reforzar” la logística energética porque en Malabo se registran “apagones y cortes repentinos y prolongados” que repercuten negativamente en la finalidad formativa de la UNGE. Dicho de forma simple, la capital se apaga, y hasta la principal institución universitaria necesita un plan B para no quedarse en silencio, a oscuras y con los laboratorios( si es que los hay) convertidos en decoración.
Y aquí conviene subrayar el disparate con la calma que se merece; no hablamos de una escuela rural aislada, ni de un centro de salud perdido en el mapa. Hablamos de la UNGE. En un país con décadas de poder concentrado, con discursos interminables sobre “desarrollo” y con corruptos que han administrado el Estado como si fuera patrimonio familiar, lo extraordinario ya no es que se vaya la luz: lo extraordinario es que lo digan en un acto oficial y lo presenten como algo normal que un donante “venga a reforzar” lo que debería sostener un ministerio.
El rector, como manda el guion, envolvió el apagón con palabras bonitas, agradeció la “voluntad” del donante y dejó una frase que parece escrita para un manual de supervivencia institucional: las donaciones no valen por su tamaño, sino por “el gesto”. Es una filosofía práctica; cuando el tamaño del problema es enorme y la solución nunca llega desde el Estado, se aprende a venerar el gesto para no hablar de la ruina.
También hubo espacio para el incienso obligatorio. El rector presentó el nuevo campus como prueba “viva” de la apuesta del jefe del régimen por la educación, recordando incluso que Obiang es “fundador” de la institución. En Guinea Ecuatorial, el relato es siempre el mismo; el país se apaga, pero el discurso nunca. Y si falta luz, no se habla de gestión, mantenimiento, inversión real o responsabilidad política; se habla de “apuesta” y de “visión”, como si las palabras pudieran alimentar transformadores.
El embajador ruso, por su parte, se declaró admirado por la dimensión del campus y ofreció una lección histórica sobre alfabetización en la Rusia revolucionaria. Habló de prioridades educativas y de ayuda técnica, becas y cooperación. Todo suena impecable… hasta que uno recuerda quién aparece como donante : un cuerpo militar. No una universidad hermana. No una fundación educativa. No un programa académico. Un “Cuerpo Africano de Militares Rusos”. En otras palabras, en Guinea Ecuatorial la electricidad también llega con uniforme.
Y eso es lo que la propaganda intenta convertir en normalidad; la idea de que el Estado puede fallar en lo básico, mientras actores externos, con intereses propios, con agenda propia y con presencia cada vez menos discreta, pasan a ocupar el papel de salvadores simbólicos. La ayuda, cuando viene cargada de imagen, se convierte en influencia. Y la influencia, en un país donde el poder solo responde a su propia supervivencia, encuentra siempre puertas abiertas.
La ceremonia terminó, por supuesto, como termina todo lo importante en el país, visita guiada, promesa de biblioteca y foto de familia. La foto es el verdadero comunicado; sonrisas oficiales alrededor de una solución provisional, presentadas como si fueran un hito. Pero el hito no es el generador. El hito es el nivel de degradación institucional que permite que la UNGE tenga que agradecer luz prestada mientras se vende “progreso” en titulares.
Porque cuando una universidad celebra un grupo electrógeno como acontecimiento, el mensaje no es que haya cooperación; el mensaje es que el Estado está apagado. Y cuando el apagón se vuelve costumbre, lo que se normaliza no es el corte de electricidad; se normaliza la ausencia de responsabilidad.
Que quede, al menos, el ruido del motor como recordatorio. Cada vez que ese generador se encienda para salvar una clase, una práctica o un examen, repetirá una verdad que ninguna foto de familia puede tapar; en Guinea Ecuatorial, estudiar también depende del apagón… y de quién venga a “reforzar” lo que el régimen nunca quiso garantizar.
Igual sea esto lo que ellos mismos consideran «adquirir prestigio internacional«







