Juan Nsue Edjang debe explicar qué desagravió en la parroquia donde murió Fortunato

Juan Nsue respaldó la tesis de que Fortunato Nsue Esono murió de forma natural. Cuatro meses después preside una celebración penitencial de desagravio en la parroquia donde apareció muerto. La Archidiócesis debe explicar qué agravio estaba reparando.

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La Archidiócesis de Malabo respaldó la versión de que el padre Fortunato Nsue Esono murió por causas naturales. NEXOS-GE rechazó aquel informe forense por falta de garantías judiciales, médico-legales y probatorias. Ahora, cuatro meses después, el arzobispo Juan Nsue Edjang Maye ha presidido una «Celebración Penitencial de Desagravio» precisamente en la parroquia donde apareció muerto el sacerdote. Nadie ha explicado qué agravio se estaba reparando.

El viernes 7 de agosto, la Parroquia Nuestra Señora Virgen de Bisila de Paraíso, en Malabo, acogió una Celebración Penitencial de Desagravio presidida por Juan Nsue Edjang Maye, arzobispo de Malabo.

La convocatoria había salido un día antes de la propia Oficina de Medios de Comunicación de la Archidiócesis de Malabo. No hablaba simplemente de una misa en memoria del padre Fortunato ni de una celebración ordinaria de preparación para la fiesta patronal. La denominación era precisa, «Celebración Penitencial de Desagravio».

Y la propia convocatoria explicaba su sentido: los sacerdotes, consagrados y fieles eran llamados a acudir «con espíritu de penitencia y reparación» para «implorar juntos la misericordia de Dios y desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús».

Desagraviar significa reparar una ofensa. En este caso no estamos interpretando una palabra utilizada por terceros. Es la propia Archidiócesis la que habla de penitencia, reparación y desagravio. Por tanto, la pregunta elemental es saber qué ofensa, qué agravio o qué hecho consideró necesario reparar en la parroquia de Paraíso.

La posterior información difundida en el canal católico EKOMUNIÓN (Unión con Dios y la Iglesia) confirma que la ceremonia estuvo presidida por Juan Nsue y que durante la jornada fueron bendecidos el templo parroquial, el recinto y la residencia pastoral.

Precisamente allí apareció muerto el padre Fortunato Nsue Esono.

Una muerte que nunca dejó de provocar preguntas

Fortunato era vicario general de la Archidiócesis de Malabo y párroco de Virgen de Bisila. Fue encontrado muerto en su residencia parroquial el 17 de abril de 2026.

La explicación que terminó imponiéndose fue la de una muerte natural. El 29 de abril, varios médicos extranjeros comparecieron ante la prensa y atribuyeron el fallecimiento a un infarto agudo de miocardio que habría provocado una caída, un traumatismo craneal y una hemorragia cerebral fatal. Según aquella presentación, tampoco existían signos de agresión ni sustancias externas.

Pero aquella versión nunca fue aceptada por todos.

El 6 de mayo, Radio Macuto publicó el rechazo formal de NEXOS-GE al informe. La plataforma sostuvo que la autopsia carecía de garantías judiciales, médico-legales y probatorias y denunció que el procedimiento estaba orientado a imponer la tesis de una muerte natural sin una investigación independiente capaz de esclarecer lo ocurrido.

NEXOS-GE no se limitó a expresar una sospecha genérica.

Denunció que no se había practicado una diligencia legal de levantamiento del cadáver y que el cuerpo fue trasladado sin la intervención previa de un juez competente y un médico forense. También cuestionó que la autopsia hubiera sido anunciada por el vicepresidente de su padre, «Teddy«, cuando, según la plataforma, una decisión de esa naturaleza correspondía a la autoridad judicial.

La plataforma puso igualmente el foco en los médicos egipcios que participaron en el procedimiento. Según el comunicado publicado por esta página, estos no acreditaron inicialmente ante la opinión pública su condición de forenses y posteriormente se supo, siempre según NEXOS-GE, que trabajaban en el Centro Médico La Paz y actuaban bajo la dirección de Irving Simbarashe. NEXOS sostuvo que tampoco constaba una designación judicial de esos especialistas ni una comisión rogatoria que justificara una intervención forense internacional.

En aquella presentación del supuesto informe estuvieron el ministro de Sanidad, Mitoha Ondo Ayecaba; el fiscal general, Anatolio Nsang Nguema, y el director del Centro Médico La Paz, Irving Simbarashe. Para NEXOS-GE, esa cadena de irregularidades impedía conceder al documento la independencia y el valor probatorio que se pretendía atribuirle.

Juan Nsue Edjang, sin embargo, terminó respaldando la explicación de la muerte natural.

Y ahí es donde la ceremonia del 7 de agosto adquiere una dimensión que la Archidiócesis no puede despachar con silencio.

¿Qué se estaba reparando?

Desde la muerte de Fortunato, Radio Macuto no tiene conocimiento de que la Archidiócesis haya informado públicamente de una profanación posterior del templo, un ataque, actos vandálicos o cualquier otro incidente ocurrido en la parroquia que explique por sí mismo la necesidad de una ceremonia expresamente convocada «con espíritu de penitencia y reparación».

Si ocurrió algo semejante, Juan Nsue debe decirlo.

Porque no estamos ante una interpretación de Radio Macuto. La convocatoria oficial habla de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús. Habla de reparación. Convoca a los fieles con «corazón contrito». Después, el propio arzobispo preside el acto en el templo donde murió Fortunato y se bendicen el recinto y la residencia pastoral.

Entonces, ¿qué se estaba reparando?

¿Quién o qué había causado el agravio?

¿Por qué necesitaba desagravio precisamente aquella parroquia?

¿Tiene ese acto alguna relación con lo sucedido en la residencia pastoral donde apareció muerto Fortunato?

La contradicción se vuelve más difícil de ignorar porque Juan Nsue ya había aceptado públicamente una explicación, Fortunato murió de forma natural.

Si esa explicación sigue siendo la posición de la Archidiócesis, el arzobispo debe aclarar qué acontecimiento distinto de aquella muerte justificó ahora una celebración penitencial de reparación.

Si no hubo profanación, vandalismo ni otro agravio conocido, el silencio abre una pregunta todavía más incómoda, ¿qué estaba reparando Juan Nsue o era aquel desagravio una confesión solapada de que alrededor de la muerte de Fortunato ocurrió algo que la versión oficial nunca contó?

Una celebración religiosa no demuestra por sí sola que Fortunato fuera asesinado. Radio Macuto no presenta esa hipótesis como un hecho probado. Pero tampoco puede fingir que nada ha ocurrido.

Tenemos una muerte rodeada desde el principio de interrogantes. Tenemos un informe forense que NEXOS-GE rechazó detalladamente por considerar que carecía de independencia y garantías. Tenemos a un arzobispo que respaldó la tesis de la muerte natural. Y tenemos ahora al mismo arzobispo presidiendo, en el escenario de aquella muerte, una celebración expresamente definida por su propia Archidiócesis como acto de penitencia, reparación y desagravio.

Juan Nsue sabe qué se estaba desagraviando. Los fieles y la opinión pública tienen derecho a saberlo también.

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