¿De dónde sacan tanto dinero los curas guineanos para comprar sus cochazos? ¿Dónde se quedó el voto de pobreza sacerdotal?

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Por José Eugenio Nsue

Me pareció muy llamativo y pienso que al igual que muchísimos feligreses y ciudadanos de a pie, el vídeo sobre los actos vandálicos en el parking de la diócesis de Bata que circula en las redes sociales desde hace un par de semanas; según el informador, el guardián escuchó ruidos de rotura de cristales y al acercarse vio a un grupo de unos 15 jóvenes que llevaban armas blancas y otros objetos contundentes con los que habían destrozado unos 13 coches pertenecientes al clero. El vicario general dijo durante el reportaje que era la segunda vez que sucedía, antes habían roto y destrozado 8 coches. Me fijé en las gamas y marcas de los coches que aparecían en el vídeo, en nada se diferenciaban de los cochazos que manejan los ricachones y miembros del régimen.

Me quedé perplejo, desconcertado y muy preocupado. Vemos y escuchamos lo que está saliendo en los medios de comunicación, qué hacen los ricachones del régimen del PDGE para comprar sus coches de lujo, a qué se dedican, cómo obtienen las inmensas fortunas que amasan; no se explica que los hombres «custodiadores de la casa de Dios», como se hacen llamar, que habían optado o profesado el voto de pobreza, obligatoria en la iglesia católica para los sacerdotes per se; aquellos que trabajan posiblemente en la iglesia más pobre del mundo por eso no existen servicios de asistencia básicos propios de toda iglesia católica como Cáritas, Manos Unidas, Ayuda a la Iglesia Necesitada, etc, etc; no tienen ingresos propios, tienen que ser subvencionados, comprados por el régimen para silenciarlos, o salen a pedir ayuda a Europa y América supuestamente para realizar proyectos que ayuden a los más necesitados que son la inmensa mayoría; trabajan con la población de las más paupérrimas del planeta con una tasa de paro descomunal, los pocos que trabajan cobran una miseria cuando cobran; ¿cómo se explica que tengan los mismos coches que la oligarquía corrupta del país?

Lo que le pone a uno los pelos como escarpias, es la falta de coherencia y vergüenza de la iglesia guineoecuatoriana; se me entenderán que no toda la iglesia o todo el clero por su puesto, pero también es cierto que los que deberían poner coto a esos desvaríos, llamarles la atención, advertirles o actuar en consecuencia contra todos esos curas arribistas, materialistas, peseteros y ególatras que utilizan la institución que debía ser sagrada y se sirve de ella descaradamente para hacer negocios, enriquecerse y promocionarse, no toman las medidas, miran por otro lado o forman parte del sistema; resulta difícil hacer salvedades.

Venimos lamentando y quejándonos de la deriva que ha cogido la iglesia católica de Guinea Ecuatorial, los abusos que cometen sus ministros, la falta de credibilidad que se ha instalado en la opinión pública contra la misma, lo abandonados que se sienten los feligreses; curas que niegan la extrema unción a los enfermos cuando esos son pobres y viven en chabolas y en poblados retirados, los bautizos o primera comunión si no les dan sobres abultados o cogen berrinches morrocotudos si los sobres son vacíos; otros que van detrás de los prohombres como moscas cojoneras ofreciéndoles misas nocturnas o negras a cambio de prebendas, otros que se autonombran capellanes presidenciales y nunca faltan en cualquier sarao, aquelarre o acto nutrido con tal de que haya una cámara para ser vistos, hasta los hay que tienen contratados un equipo de prensa para informar y subir vídeos propagandísticos, les siguen hasta para cuando van a hacer sus necesidades solo para ser vistos y hacer creer a los pobres mentales que están haciendo algo útil, pobres ilusos.

Hemos denunciado tropecientas veces la inacción y la indolencia de la iglesia, además del compadreo o connivencia que abiertamente y sin disimulo existe entre la iglesia católica guineana y el régimen, cómo se retroalimentan porque, ahora se entiende, hacen lo mismo, tienen los mismos gustos, persiguen los mismos objetivos: enriquecerse a toda costa, a cualquier precio y como sea; y viven miméticamente dando la espalda a la población, les importa un comino su sufrimiento hasta el Presidente – padre ya inaugura centros de formación al sacerdocio o Seminarios. Duele reconocerlo, pero está claro, demostrado y es evidente; menos trabajar, preocuparse y ocuparse de los necesitados, que son toda la población, el clero al igual que el régimen, se preocupa por su estómago, sus aspiraciones y por sus ambiciones humanas y materiales a nivel personal; la avaricia compulsiva les corroe.

¿Y si la irrupción de los jóvenes al parking diocesano, calificada de actos vandálicos, no fuera solamente tales actos sino una reivindicación, una protesta o una advertencia al estamento clerical para afear sus vidas fastuosas, ostentosas y provocativas, mientras que el pueblo, la población y los ciudadanos están muriéndose de hambruna, enfermedades, persecución, tortura, desempleo…; las ciudades se están quedando despobladas como en los últimos años del régimen anterior de Macías? Todo el mundo está desesperado sin saber qué hacer; no hay trabajos, los funcionarios y pensionistas cada vez tienen dificultades para cobrar, sus menguos sueldos son recortados sin saber por qué y nadie explica nada, las vendedoras se quejan de la falta de ventas, hacen jornadas interminables de 12h bajo el sol o bajo la lluvia sin que puedan vender 5 mil francos al día; pero los curas pasean en imponentes vehículos, se visten de Armani, Ralph Lauren, Tommy, Versace, Lacoste o PeH. ¿No serían razones suficientes para que unos valientes jóvenes se indignen con esos vividores que abrazaron la pobreza de Cristo, se ofrecieron como Cristo a estar con el pueblo, acompañarlo, asistirlo y hablar por él?

Me viene a la mente un incidente que tuvimos en Kinshasa, RDC, antes Zaire en el curso 1991/2 cuando empezaron los disturbios y la caída de Mobutu. Se había declarado una huelga general, también en la universidad y en todos los centros educativos del país (Opération ville morte); mientras toda la ciudad estaba cerrada y muerta, los seminaristas de todas las congregaciones seguíamos viviendo a lo grande y yendo a nuestro Instituto Filosófico en lujosos microbuses como si nada, hasta que en una mañana, unos estudiantes de la universidad pública que hacían de piquetes, empezaron a lanzar piedras a nuestros coches y a reprocharnos de nuestra insolidaridad; mientras el pueblo zaireño sufría y había dicho que hasta aquí hemos llegado; los religiosos vivíamos al margen y como reyes. Desde aquel día, dejamos de ir a clase y nos quisieron retener en el Filosofado de Mont Ngafula por «solidaridad», decían entonces. Tuve que enfrentarme en una reunión con mi llorado, admirado y querido Monseñor Alfredo María Oburu, entonces Superior de la Casa. Le recordé la historia de los Mártires de Barbastro; entonces él dio su brazo a torcer y nos mandaron a Yaounde a terminar el curso, los que hacíamos Filosofía. Se acordarán mis coetáneos.

Es impensable ver a un prelado, no digamos un sacerdote aquí en España con un auto llamativo ni de alta gama ni costoso; y eso que la iglesia española es infinitamente rica, tiene verdaderas joyas arquitectónicas de valor incalculable, monasterios, museos, obras pictóricas, fincas y mucho dinero; tampoco se ve en Francia, Alemania o en Italia empezando con Su Santidad el Papa; por aquí el vehículo no es un artículo de lujo para el clero, es un medio para el apostolado y así fue en los años 80 y 90 en Guinea; es más, les caracteriza la humildad y la sencillez; un sacerdote u obispo de la Iglesia católica, es como los apóstoles, seguidor e imitador de Cristo. ¿Qué le pasa al clero guineoecuatoriano? ¿A quiénes servís y cómo vivís? ¿Adónde estáis llevando la iglesia de Jesús? ¿Estáis seguros de que si Cristo se presentara de repente, no os iba a correr a porrazos por haber convertido a la casa de su Padre en una cueva de ladrones?

Debéis hacéroslo mirar. Vivimos en un país donde no existe ni se practica el examen de conciencia, ni mucho menos la autocrítica. No hay derecho lo que está pasando en esta iglesia católica ni en este país.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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