Mantente Informado y Participa en la Comunidad
Ingrese su dirección de correo electrónico a continuación y suscríbase a nuestro boletín

Estados Unidos persiguió los bienes de Teodorín por corrupción. Ahora, el gas y el temor a China vuelven a abrirle las puertas de Washington y Houston.
Washington persiguió durante años el patrimonio del vicepresidente de su padre. Ahora, los intereses gasísticos y el temor a la expansión china están convirtiendo al heredero de la dictadura en un socio útil. La sucesión no está confirmada, pero las grandes potencias ya negocian con él como si lo estuviera.
Durante años, el nombre de Teodorín Obiang estuvo ligado en Estados Unidos a mansiones, vehículos de lujo y bienes adquiridos con dinero procedente de la corrupción. Hoy aparece en despachos políticos y sedes petroleras. Su expediente no ha cambiado. Lo que ha cambiado es el cálculo de Washington.
El investigador Enrique Martino describe ese giro en The Republic. Su tesis es directa, el gas y el temor estadounidense a una posible base naval china en Guinea Ecuatorial están ayudando a convertir a Teodorín en un interlocutor aceptable en Washington y Texas.
En 2014, el Departamento de Justicia de Estados Unidos cerró mediante un acuerdo sus procedimientos civiles contra los bienes del entonces segundo vicepresidente. Teodorín tuvo que desprenderse de activos valorados en más de 30 millones de dólares, entre ellos una mansión en Malibú, un Ferrari y objetos de Michael Jackson. La propia Justicia estadounidense sostuvo que había acumulado más de 300 millones mediante corrupción y blanqueo de capitales.
Once años después, la puerta comenzó a abrirse de nuevo. En septiembre de 2025, Associated Press reveló que la Administración Trump tramitaba una exención temporal de las restricciones de viaje impuestas a Teodorín. Dos funcionarios estadounidenses, citados bajo anonimato, explicaron que la medida buscaba frenar la influencia de China y Rusia, mejorar las relaciones con Malabo y proteger los negocios petroleros y gasísticos de las empresas norteamericanas. El Departamento de Estado no confirmó públicamente esas motivaciones.
Pocas semanas después, Teodorín encabezó una delegación en Houston. Allí se firmó con ConocoPhillips un acuerdo preliminar para avanzar en los bloques gasísticos B4 y EG-27. No era todavía un contrato definitivo de explotación ni garantizaba los 9.000 millones de dólares anunciados alrededor de la operación. Era una hoja de ruta para negociar los contratos de producción, pero colocaba al heredero de la satrapía frente a frente con una de las mayores compañías energéticas estadounidenses.
Chevron también ha renovado su apuesta. En febrero de 2026, la compañía confirmó su compromiso con el proyecto Yoyo-Yolanda, compartido por Guinea Ecuatorial y Camerún y con reservas estimadas en 2,5 billones de pies cúbicos de gas. El objetivo es alimentar las instalaciones de Alen y Punta Europa, según Reuters.
Los acuerdos prometen producción futura, pero no han detenido la caída económica. El Banco Africano de Desarrollo prevé que Guinea Ecuatorial vuelva a contraerse en 2026 y 2027 porque el retroceso de los hidrocarburos continuará pesando más que el crecimiento de los sectores no extractivos, como ya informó Radio Macuto.
Washington teme desde hace años que Pekín consiga acceso militar al puerto de Bata y establezca allí su primera base naval en el Atlántico. No existe un acuerdo público que confirme su construcción, pero la posibilidad ha provocado visitas diplomáticas y movimientos estadounidenses para evitar que Malabo se incline definitivamente hacia China.
Radio Macuto ya analizó en abril el viaje de Teodoro Obiang a Washington y la supuesta «nueva etapa» con Estados Unidos. La nueva pieza encaja otra parte del movimiento; mientras el padre recupera interlocución política, el hijo firma acuerdos energéticos y gana aceptación en los círculos empresariales que pueden sostener económicamente la sucesión.
Eso no demuestra que Obiang haya fijado una fecha para entregarle el poder. No hay decreto, calendario ni anuncio formal. Teodorín controla Defensa y Seguridad, representa al régimen en negociaciones estratégicas y ha apartado a varios rivales, pero convertir esos indicios en una sucesión consumada sería presentar una inferencia como hecho.
Washington no ha descubierto ahora quién es Teodorín. Lo sabía cuando persiguió sus bienes y lo sabe mientras negocia con él. Simplemente ha decidido que el gas, China y sus propios intereses pesan más que aquel expediente.
El gas todavía no ha salvado la economía de Guinea Ecuatorial. Ya le está comprando a Teodorín algo más urgente, respetabilidad prestada.